Redacción Animal Político · 14 de octubre de 2025
El año pasado me sumé a los esfuerzos de una fundación que apoya escuelas en el Estado de México, ayudando a comunidades a construir condiciones habitables para sus niños y jóvenes. Recorría unas tres horas de camino cada dos semanas y, entre la música y los almuerzos que ya eran parte cotidiana de la vida de las escuelas gracias a la fundación, me sentaba con alumnos y maestros en círculo, escuchándolos resolver problemas, viéndolos reconocerse como parte de una comunidad, descubriendo otras formas de encontrarse.
Muy cerca de esas escuelas hay un municipio que, según el INEGI, tiene menos de 5000 habitantes: Otzolapan. En Otzolapan hay un poblado, el Pinal del Marquesado, en el que habitan 338 personas. Esas personas viven rodeadas de miles de árboles, una laguna y tan solo 12 km las separan del club de golf Avándaro. En el Pinal del Marquesado hay unas cuantas calles, unas decenas de casas, una tienda Conasupo y cuatro escuelas: un telebachillerato, una telesecundaria, una primaria y un preescolar. En el Pinal del Marquesado hoy faltan tres maestros. A Óscar lo desaparecieron en marzo, lo encontraron muerto seis días después. A Giovanni en octubre, lo encontraron muerto al día siguiente. La maestra está desaparecida desde el lunes pasado. Los tres eran maestros de la telesecundaria.
En el Pinal del Marquesado hoy faltan tres maestros, tres escuelas y decenas de niños están encerrados en sus casas. Cerró la telesecundaria, cerró el preescolar y cerró la primaria, amordazados de miedo. El porvenir de la comunidad se escapa en la vida que se detiene detrás de las montañas, en el silencio que inunda las aulas y en una sociedad anestesiada dispuesta a soportarlo todo. Tres maestros desaparecidos, dos de ellos asesinados, en ocho meses en una población de 338 personas sería una noticia capaz de voltear al revés de indignación y de miedo a un país entero. No a nosotros, en donde nada parece quitarnos el sueño. No a las autoridades, que no han encontrado la manera (si es que la han buscado) de detener la barbarie. No a la Secretaría de Educación, incapaz de garantizar las condiciones básicas para que maestros y alumnos puedan lograr el pequeño milagro del aprendizaje. No a la Guardia Nacional, que se pasea sin garantizar la vida y la seguridad de los territorios que debería proteger.
La educación, cuando se da, nos previene de convertirnos en quienes no queremos ser, como individuos y como sociedad. Nos previene de ignorancias y prejuicios mortales, nos previene de sabotear el porvenir, de repetir los errores del pasado, de creer en quimeras y de perder la convicción de ser mejores.
La educación nos previene solo cuando existe libre de mordazas, de amenazas, de adoctrinamientos, de balas, de violencias. Nos previene cuando garantizamos las condiciones para que maestros y estudiantes creen en las aulas el mundo de posibilidades que debería permitir la educación. Nos previene cuando hay maestros. Cuando hay alumnos. Cuando hay una sociedad civil decidida a defenderlos.
Un gobierno que no apuesta por garantizar estas condiciones dibuja en el horizonte, desde la negligencia, el dolo o la complicidad, un país inhabitable, con individuos que no llegan nunca a ser ciudadanos, incapaces de aportar al bien común; es un gobierno que desahucia a sus habitantes, comprometiendo su presente y su futuro.
Una sociedad que no está dispuesta a defender a sus maestros, periodistas, sacerdotes, defensores de derechos humanos, jóvenes y a los cientos de vidas que nos son arrebatadas diariamente es una sociedad que hace tiempo claudicó. Claudicó a ser mejor. A exigir un mejor gobierno. A apostarle a la vida por encima de la violencia. Claudicó a vencer el miedo y la indiferencia.
* Ana Paula Hernández Romano (@ensusmarcas) es coordinadora del Diálogo Nacional por la Paz (@dialogopazmx).