Redacción Animal Político · 30 de noviembre de 2022
Una noche, Dulce 1 escuchó al hombre que fue su pareja durante cuatro años contarle detalladamente cómo había abusado sexualmente de María, 2 nieta de Dulce de 12 años. Llena de rabia y de heridas del pasado, decidió matarlo.
Este texto no pretende justificar el delito ni cuestionar la ley. Sin embargo, es importante la reflexión: si Dulce no hubiera tolerado y vivido constantes situaciones de violencia a lo largo de su vida, ¿su reacción a esta situación hubiera sido distinta? ¿El día de hoy estaría en la cárcel? ¿Es este un caso aislado?
Dulce ahora tiene una sentencia de 23 años y probablemente pasará el resto de su vida tras las rejas en el reclusorio de Chetumal. Tiene ahora 64 años de edad y lleva tres años privada de su libertad por el asesinato del agresor de su nieta.
Ella me compartió la historia de su vida cuando la conocí, mientras La Cana realizaba una investigación en colaboración con el Centro de Investigación para la Paz México A. C. (CIPMEX A. C.). 3
Nació en un poblado maya muy pequeño, cerca de Bacalar, Quintana Roo, donde no había luz ni agua potable. A los 8 años dejó los estudios y comenzó a trabajar. Ganaba 50 centavos por llevarle agua del pozo a sus vecinos y familiares.
Dulce se identifica como rebelde desde pequeña, sus padres la golpeaban por lo menos cuatro veces a la semana con un chicote por no tener los mismos valores, la misma manera de hacer las cosas que ellos y que sus hermanas.
No quería casarse a los 15 años y tampoco quería tener hijos antes de los 18 como el resto de las mujeres de su comunidad. En su mente, la única salida era huir hacia la ciudad de Chetumal. Con el sueño de estudiar, trabajar y poder decidir con quién casarse y a qué edad tener hijos, se fue sin el permiso de sus padres.
Comenzó a trabajar en el mercado como ayudante de cocina. A los 15 años conoció a José, 4 un albañil seis años mayor que ella que tenía un problema con el alcohol. Un año después nació su primera hija. La pareja vivía en casa de la suegra de Dulce, una señora que constantemente la insultaba y menospreciaba.
Poco después las ofensas por parte de José comenzaron. Primero fueron regaños por no lavar bien los trastes o no tener la comida lista a tiempo. Después llegaron las humillaciones, amenazas, y forcejeos. Un día la arrastró tomándola del cabello por todo su hogar. Dulce estaba harta de los maltratos y decidió denunciar ante el DIF. Sin embargo, la institución no respondió por ella: alegaron que era imposible comprobar la violencia que toleraba casi a diario en su casa.
A los 22 años, con cuatro hijas y un hijo, decidió regresar a trabajar y prepararse para dejar a José. Vendía antojitos yucatecos en un triciclo, algo que a José nunca le pareció. Las agresiones solo escalaban y se volvían cada vez más frecuentes.
El último acto de violencia que le aguantó Dulce casi le cuesta su vida y la de su hija más pequeña. Después de haber tomado, José exigió su cena y, al ver que no estaba lista la comida, comenzó a golpearla. Dulce intentó defenderse, pero con su hija en brazos lo único que pudo hacer fue cubrirla. Entre golpes y forcejeos, José agarró un cable y lo mordió para electrocutarla mientras ella se resistía. Ante esta violencia tan brutal, Dulce decidió dejarlo e irse en busca de una nueva vida.
En su lucha por mantener una casa y sacar adelante a sus hijos, se encontró con Roberto. 5 Lo invitó a vivir a su casa, con la condición de que la cuidara a ella y protegiera a su familia. Todo parecía marchar bien, hasta que cuatro años después, Roberto mostró los primeros signos de violencia.
Dulce lo corrió de su casa. Era incapaz de tolerar un solo insulto o golpe más.
Un día, Roberto llegó borracho a contarle un secreto que había guardado durante los años que estuvieron juntos. Le confesó que, en lugar de proteger a su familia, la había lastimado, ya que había estado abusando sexualmente de su nieta María por varios años. Dulce había aguantado una vida entera de abusos y de violencia, pero saber que su nieta había pasado por lo mismo, y que ella no había podido hacer nada para evitarlo, le rompió el espíritu.
Ahí mismo lo mató.
Me contó su historia con depresión y rabia, pero no con arrepentimiento. Hoy está sentenciada y logra sobrevivir vendiendo los mismos antojitos yucatecos que causaban la furia de su primer esposo, para sus compañeras en prisión.
Para intentar sanar, lo único que puede hacer es llorar por las noches, secarse las lágrimas y dormir para despertar un día más tras los barrotes del penal de Chetumal.
Su caso no es aislado.
En México, el 70.1 % de las mujeres mayores de 15 años ha experimentado algún tipo de incidente de violencia, ya sea psicológica, económica, patrimonial, física, y/o sexual a lo largo de su vida. El 60.5% de las mujeres como Dulce, que hablan lenguas indígenas, ha experimentado alguna situación de violencia. El 39.9 % de las mujeres mayores de 15 años que han tenido una relación de pareja reportan haber sido víctimas de violencia durante su relación. 6 Y aunque son pocos los datos, se calcula que una de cada cuatro niñas sufre una violación antes de cumplir la mayoría de edad. 7
Ante estos datos, es importante reflexionar como sociedad cuál es la responsabilidad que nos corresponde para generar acciones o políticas para prevenir cualquier tipo de violencia como la que vivió Dulce.
Es fundamental generar intervenciones preventivas con una mirada interseccional que valore todas las desigualdades sociales, culturales y económicas que colocan a las mujeres en posiciones de desventaja y sin respaldo social ni institucional.
Es urgente replantearnos el análisis referente a las violencias y redirigir mayores recursos hacia un entendimiento integral e interseccional que ayude a evitar historias como la de Dulce y su nieta.
Quizás la historia de Dulce sería distinta hoy si su pasado no hubiera estado marcado por un encuentro sistemático y recurrente con la violencia. El caso de Dulce es un ejemplo entre miles de cómo la violencia de género afecta no solo la vida cotidiana de las mujeres, sino sus oportunidades y expectativas.
* Andrea Innes es Directora del Programa de Seguimiento en Libertad en @LaCanaMx.
1 Este nombre es ficticio para proteger su identidad.
2 Este nombre es ficticio para proteger su identidad.
3 Género y Privación de la Libertad, Centro de Investigación para la Paz México A.C. (CIPMEX) y La Cana, Proyecto de Reinserción Social, (2021-2022).
4 Este nombre es ficticio para proteger su identidad.
5 Este nombre es ficticio para proteger su identidad.
6 Violencia Contra las Mujeres en México, INEGI, (2016 y 2021). Disponible aquí.
7 No Hacia el Abuso Sexual de los Niños y Niñas, Aldeas Infantiles SOS. Disponible aquí.