¿Dónde andas, mano?

Piolo Juvera · 14 de marzo de 2012

¿Dónde andas, mano?

 

Hace un mes y medio me mudé de la ciudad de México a Evanston, Illinois, un suburbio cercano a Chicago. Me tocó el final del invierno, uno que, según ellos, estuvo bastante leve; según yo, acostumbrado a las temperaturas bajo cero sólo en pequeñas dosis (del tamaño de una paleta de la Michoacana, para ser precisos), ni tan leve.

Pronto noté que parte del paisaje cotidiano eran guantes perdidos. (Cuando llevas encima tanta ropa abultada, bufanda, gorro, orejeras y demás, resulta fácil extraviar prendas) Me llamó la atención, pero no tanto como el hecho de que los transeúntes no acostumbran quedarse con guantes que no son suyos, ni siquiera si son de su talla y aparecen en pares. Tampoco los tiran a la basura. Más bien lo que muchos suelen hacer es orillarlos o, a veces, colocarlos en un árbol o superficie cercana a donde los hallaron, con la esperanza de que sus dueños los encuentren la próxima vez que pasen por ahí. Muchos se quedan en el mismo sitio durante días e incluso semanas.

Ahí les va una muestra de algunos de esos guantes huérfanos de mano que me fui encontrando por las calles de Evanston.