blogeditor · 6 de septiembre de 2016
Una disculpa anticipada por el torrente de anglicismos, pero el tema escabroso lo amerita.
¿De qué mente enfebrecida surgió la imbécil fuga hacia adelante, la tentativa mexiquense, diametralmente opuesta al sentido común y la más elemental lógica, de apuntalar la candidatura moribunda del aprendiz republicano de brujo Trump: monstruosa y posmoderna versión de Mago de Oz con todo y tapete capilar anaranjado?

¿Reventó la burbuja de la casi nula credibilidad del tibio Peña, capitán de fragata de un estado en picada? Sin ninguna duda. Como suele suceder en los distintos capítulos de esta obra esperpéntica, ¿nosotr@s habremos de pagar sus platos rotos? You betcha.
La apuesta secreta e irresponsable: el notición que (según los cálculos del entorno más íntimo del peñismo) renovaría al gobierno rescatando del oprobio final -contra los inconfesables pronósticos de sus malquerientes; ¿cuáles? Los que Usted diga, Señor Presidente– al peor de los caudillos autóctonos en la era moderna, resultó ser la puntilla definitiva del sexenio. Nada que haga o pase ahora, hasta la conclusión de esta surreal aventura, borrará el ridículo que adquirió, en cuestión de horas, dimensiones épicas.
Quedan las fotos del desencuentro, y un video ampliamente compartido en sus redes sociales por el magnate estadounidense.

Nos enteramos también que la recepción en el aeropuerto corrió por cuenta del vicepresidente nacional. Escondido en el helicóptero que lo transportó hasta la antesala del poder disminuido, y sin acompañarlo a la entrada de la residencia, se encontraba el cobarde Luis Videgaray, villano favorito del momento.
Directo al basurero y con fecha de caducidad instantánea, fue a dar el hipotético Gran Plan fraguado por el súpersecretario de Hacienda y potencial candidato de su partido a la gubernatura del estado de México. ‘Traemos a los dos candidatos gringos, mi Jefe; armamos el tinglado para que, con parafernalia de por medio (lábaro y escudos patrios), pueda Usted expresar sobriamente los Sentimientos de la Nación en vivo y en todo color para el público jubiloso y los medios extranjeros’.
Ya percibimos desde la barrera cómo se tradujo en realidad el escuálido talk-show de Little Henry y el deleznable Sasquatch trajeteado de la rebelde cabellera.
Que nadie en su reducido gabinete le haya explicado al presidente que la visita de Trump se iba a convertir en la pesadilla ‘diplomática’ (entrecomillo, porque para el actual gobierno federal, la diferencia entre este quehacer y la simple propaganda/relaciones públicas es mínima), en un régimen acendradamente presidencial -cuya sociedad mantiene la tesitura de justificar y tolerar cada una de sus torpezas- es testimonio de su incompetencia y la falta de herramientas que impidan tropiezos futuros como el que encarna la interacción gubernamental con la amenazante Trumpetilla contra nuestros intereses proferida por el candidato a Duce inmobiliario la semana pasada, tanto en casa propia como en la ajena.

Será, en todo caso, imposible para Peña sacudirse esta nueva proeza. Él solito, y su ringla de obcecados e incompetentes, pueden arrogarse la paternidad de esta estúpida ‘iniciativa’.
El pretendido realumbramiento peñista, con fórceps, del Nuevo –por vetusto- Internacionalismo Mexicano, en la tradición del consumado charlatán y empresario circense PT Barnum (‘there’s a sucker born every minute’), augura un aterrizaje forzoso de régimen y sexenio. Poco se hará para revertir la imagen abyecta y perdedora de los tecnócratas que se dieron a la tarea de mover al país a golpe de coimas y continuismo, y que lo empezaron haciéndolo –aunque en reversa y sin frenos- con la abierta complicidad de partidos satellite (PAN, PRD, Panal, PVEM) a finales de 2012.


Quedará para la Historia, el repudio universal a la visita de Donald Trump a México después de arduas y herméticas ‘negociaciones’, encabezadas por el Chef en Jefe del gabinete de cocina mexiquense (el menu consistió en otorgarle trato VIP al racista, cortesía transporte del aeropuerto vía helicóptero oficial a Los Pinos; el inopinado trato de estadista de altos vuelos prodigado al candidato republicano y peor enemigo del país del que se tiene noticia, con postre, broche de oro y sobremesa de privilegio a sus aspiraciones, en virtud de la presentación y semi Rueda de Prensa en la que el diminuto jefe del Ejecutivo fungió como patiño, punching bag y mequetrefe de El Donald), y el nuevo e implacable ridículo al que ha descendido la presidencia gerenciada de Peña Nieto. La lona, y el conteo definitivo. Un nocáut demoledor, propinado por Trump el Heel luchístico y antesalista de tercera.
Ya no podrán Peña y sus validos sacudirse los sambenitos de la improvisación a destajo; su épica corrupción e incompetencia. La única duda que queda, con miras a las elecciones federales de 2018, es si la oposición aprovecha y capitaliza, como sucedió con Fox dieciocho años antes, errores imperdonables –los desastres en serie del peñanietato: casa blanca, Malinalco, Tlatlaya, Ayotzinapa o la guerras fallidas, la tesis y la economía y la seguridad plagiadas, o el compadre Alfredo Castillo y la lista interminable de cómplices protegidos, y los gobernadores delincuentes, más factores adicionales de peso que se acumulen hasta el 30 de noviembre de ese fatídico año- despojando así al PRI de la posibilidad de repetirnos otra dosis sexenal de bananerismo químicamente puro en los comicios del 3 de junio del dieciocho.
Entonces: ¿quién serán los Vicente Fox y/o Felipe Calderón de esta transición predecible? ¿Nos encontraremos ante una oportunidad -análoga pero irremisiblemente perdida- como lo fueron las coyunturas desperdiciadas de 2000 y 2006? ¿Va a llegar la hora de la izquierda? Preguntas pertinentes, que un sector de la sociedad articula sin respuestas definitorias.
Nos quedamos, a dos terceras partes del camino recorrido, con una ‘diplomacia’ de vacilada; con la imborrable imagen del androide Peña Nieto, cien por ciento fiel así mismo, paralizado y obsecuente ante la oportunidad de enmendar la plana (así fuera, en el discurso) al demagogo estadounidense. Lamentable espectáculo que confirma –por si existiera alguna mínima duda- de su inefable y cósmica estulticia.

Un pusilánime Peñitita comparte escenario con el execrable Trumpolete, el mexicano cumple a la perfección su papel en esta TVnovela traspuesta al ámbito de la Soap Opera anglosajona: el Incredible Shrinking Man de la Alta Burocracia mexicana. Lastimosa photo–opportunity.
El Pulgarcito de Atracomulco con copete va hacia la meta, figurativamente, desnudo y desprevenido. Por si fuera poco y también, el resto de su gandalla camarilla.
¿Quién recogerá los jirones del gobierno que aún queden, en 2018? ¿Zavala, la esposa del ex presidente Calderón? ¿Anaya, su versión queretana y posmoderna? ¿Qué podremos esperar de Morena, o de la izquierda de utilería bajo la égida del neoregente del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera?
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Colofón obligado, como todos los días cinco de cada mes desde junio de 2009. Sucede todo esto, cuando se cumplen ochenta y siete meses del incendio de la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora. Cuarenta y nueve vidas sacrificadas por negligencia criminal y el tráfico de influencias que circula por las venas de un sistema politico y económico que se opone a cualquier intento serio de renovación. Complicidades premiadas. Cero justicia.