Dolor crónico y Bioética

Redacción Animal Político · 20 de diciembre de 2023

Dolor crónico y Bioética

La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor lo define como “una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada con daño tisular real o potencial, o descrito en términos de tal daño”. De acuerdo con su duración, se clasifica en dos tipos: agudo y crónico.

El dolor agudo es consecuencia de un daño en los tejidos como signo de alerta y sirve para promover la recuperación. Si ésta se da adecuadamente, el dolor desaparece con la remisión del daño o cuando la herida que lo provocó ha sanado. Pero ¿qué pasa cuando este dolor no desaparece?

El dolor crónico es aquel que persiste por más tiempo que el curso normal de la enfermedad que lo desencadena, o más allá de un tiempo razonable requerido para que una lesión sane. Por lo general es un síntoma de una enfermedad persistente cuya evolución, continua o en brotes, conlleva la presencia de dolor, aun en ausencia de lesiones, pudiendo deberse también a alteraciones psicológicas o factores ambientales. No posee función biológica alguna y desencadena alteraciones físicas, emocionales y sociales que dificultan profundamente la vida de quien lo padece, de ahí la importancia de reflexionar acerca de este síntoma.

El dolor no se puede reducir a una cuestión de sensaciones adversas en el cuerpo, ya que implica una forma de pensar, sentir, percibir, experimentar y actuar. El conocimiento de las vías que median el dolor en nuestro cuerpo es vital, pero es igualmente importante reconocer los demás aspectos de la experiencia subjetiva de quienes padecen dolor.

En personas que padecen una enfermedad crónica —como fibromialgia, artritis, cáncer o neuralgias— es imposible entender la magnitud y las repercusiones de ese dolor en su vida. Incluso cuando se presenta dolor después de sanar lesiones óseas y/o musculares porque no hubo un tratamiento o una rehabilitación adecuados o el restablecimiento de la vía del dolor.

Asimismo, nos encontramos con síndromes dolorosos como el del miembro fantasma, que se presenta en personas que han perdido una parte de su cuerpo y que, posterior a la cirugía, refieren dolor en la zona amputada.

Todas estas condiciones y experiencias con el dolor suponen una reflexión desde distintas visiones, con el objetivo de comprender, de manera integral, el padecimiento de las personas afectadas.

Nociones como la del cuerpo vivido, acuñada por Merleau-Ponty, son muy utilizadas para describir la situación de vida que experimentan las personas con dolor, ya que proporcionan una forma no dualista de entender la mente y el cuerpo, así como su relación con el contexto. 1

Estas tres partes: mente, cuerpo y mundo, en realidad están entrelazados y no pueden entenderse adecuadamente separados uno del otro. El campo donde estos tres se encuentran e interactúan es conocido como la experiencia consciente.

Con la noción del cuerpo vivido, Merleau-Ponty entiende que los seres humanos se componen de aspectos orgánicos, así como aspectos no materiales o psicosociales como lo son las intenciones, los motivos, los sentimientos y la autoconciencia. Los seres humanos existen y saben que existen. Podemos preguntarnos acerca de nuestra propia existencia y ser conscientes de nosotros mismos de una manera que da lugar a una dimensión de la existencia que no puede explicarse ni reducirse al nivel material.

El dolor, dada su persistencia en la vida de quien lo padece, altera radicalmente la forma en la que se es en el mundo. Así, el dolor obliga a la persona que lo padece a tomar conciencia de su cuerpo como algo externo, que se interpone en la forma en la que se relaciona con el contexto. Cuando una persona goza de salud hay una consonancia con el cuerpo, pero cuando el cuerpo no funciona, la armonía de la mente-cuerpo-mundo se interrumpe.

El dolor como fenómeno consciente no puede ser medible; no existe más allá del informe verbal, por lo que dentro del sistema médico no se tienen otras herramientas para reconocer la gravedad del dolor más que lo que la persona puede comunicar.

La dimensión del dolor es una de las realidades más complejas a las que se enfrenta la profesión médica y que no se puede ni se debe ignorar o silenciar, de ahí la importancia de reconocer a la persona con dolor crónico tomando en cuenta su experiencia subjetiva.

La persona que presenta dolor crónico busca un aliado comprensivo en la lucha contra ese dolor. Esto sólo sucederá en el entorno ético de una relación paciente-profesional de la salud en la que el clínico destina parte de su tiempo a escuchar empáticamente la experiencia del paciente y se compromete con el seguimiento de esta afectación.

De ahí la importancia de la bioética en el estudio y atención del dolor crónico, ya que la clínica y la ciencia biomédica se ven enriquecidas por los distintos acercamientos multi y transdisciplinarios como los revisados anteriormente.

* Fernanda De Blas López es licenciada en Fisioterapia, especializada en Fisioterapia Neurológica; maestra en Ciencias y doctorante por la unam en el Programa de Maestría y Doctorado en Ciencias Médicas, Odontológicas y de la Salud, campo disciplinario en Bioética. Actualmente es secretaria auxiliar del Programa Universitario de Bioética de la máxima casa de estudios.

 

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1 Bullington, “Embodiment and chronic pain: Implications for rehabilitation practice“. Health care analysis 17 (2009): 100-109.