Redacción Animal Político · 25 de enero de 2023
¿Por qué en esta semana debemos reflexionar sobre la educación y hacer énfasis en la pérdida de aprendizaje y abandono escolar en las niñas y las adolescentes? Existe una doble razón: ayer se celebró el quinto Día Internacional de la Educación bajo el lema “Invertir en las personas, priorizar la educación”, y hoy, en el Día Naranja, recordamos una vez más la desigualdad de género que se vive en México y el mundo.
Si hablamos de educación en México hay poco, tal vez nada que celebrar, y si se trata de de estudiantes mujeres, menos. Los estereotipos, la discriminación, la desigualdad y el abuso, son factores que siguen poniendo en riesgo a las niñas, y les impiden tener un desarrollo pleno a nivel escolar y personal.
Los datos sobre aprendizaje y abandono escolar en niñas, adolescentes y jóvenes son escasos, pero un ejemplo claro de la grave situación que enfrentan inició en el confinamiento durante la pandemia. De acuerdo con datos del estudio Equidad y Regreso elaborado por Mexicanos Primero, el confinamiento tuvo mayores efectos en niñas, adolescentes y mujeres adultas, en comparación con sus pares hombres; efectos que tienen implicaciones en el aprendizaje, el abandono escolar y la salud socioemocional de las estudiantes, aún después de haber regresado a las aulas.
De acuerdo a los resultados del estudio, una de cada 10 niñas no tomó clases bajo ninguna modalidad en el confinamiento o dejó las clases por completo. Además, en las mujeres recayó la mayor responsabilidad del encierro y las clases a distancia; las mujeres tuvieron que duplicar los esfuerzos para activar el aprendizaje, mantener el interés y sortear los obstáculos por la falta de conectividad.
Sigue siendo inconcebible que las principales razones por las que las niñas y adolescentes dejan la escuela sean por la persistencia de roles tradicionalmente asignados por género y situaciones de violencia y/o abuso, o por la falta de apoyo en situaciones como el embarazo adolescente. Por absurdo que parezca, las niñas y las adolescentes siguen siendo obligadas a quedarse en casa para ayudar en las tareas domésticas, el cuidado de los adultos, y si una joven está embarazada, seguramente ya no tendrá espacio en la escuela, no porque no pueda continuar, sino por la situación social que se lo impide.
Y pese a todo esto, pese a que más niñas y adolescentes abandonaron la escuela, en la reapertura de escuelas son ellas quienes más rápido han recuperado aprendizaje.
Entonces, ¿hasta cuándo seguiremos pensando como sociedad que las niñas están obligadas a seguir roles de madres, esposas y amas de casa? ¿Cuándo, como sociedad podremos entender que una niña en la escuela, una adolescente motivada y encaminada correctamente puede ser exitosa en cualquier ámbito? Y ese empoderamiento debe estar en el aula, con sus maestras, con sus compañeras.
¿Cómo podemos hablar de empoderamiento femenino si en la propia escuela donde una pensaría que existen más maestras, los espacios van disminuyendo cada vez que de subir de nivel o de puesto se trata? Y es que mientras 7 de cada 10 docentes en primaria son mujeres, sólo 5 de cada 10 lo son de secundaria y sólo 4 de cada 10 mujeres logran ser promovidas a supervisoras en primaria, mientras que sólo 2.5 alcanzan estos puestos en nivel secundaria.
Estamos en una crisis educativa generalizada en la que el sistema es excluyente, inequitativo e ineficiente, un sistema que impide a niñas, niños, adolescentes y jóvenes lograr obtener los aprendizajes fundamentales que les permitan desenvolverse en la vida cotidiana, un sistema en el que de cada 10 niñas y niños que entran a 1º de primaria, sólo 4 logran llegar a la universidad. Y en este sistema se sigue permitiendo que las niñas sean las más grandes perdedoras en el derecho a aprender.
El reto es que todas las niñas, no importando su origen ni su condición social, lleguen a la escuela desde primero de preescolar y no interrumpan su proceso educativo, pero sabemos que llegar no es suficiente si no se aprende. Hoy existen niñas en quinto año de primaria que no saben leer ni escribir.
Por ello, el Estado debe buscar retener a las niñas que podrían abandonar la escuela y regresar a las que ya lo hicieron, atender la pérdida de aprendizaje y crear ambientes sanos para ellas con programas con perspectiva de género y participación que eviten el abandono escolar. La autoridad educativa debe contar con planes de estudio libres de estereotipos, enfocados a mejorar el ambiente socioemocional, y tener escuelas con educación sexual integral, con énfasis en prevención de embarazo prematuro; sólo así, podremos ofrecerles el desarrollo que merecen.
* Luz Romano (@LromanoE) es directora de Comunicación en Mexicanos Primero (@Mexicanos1o).