Doble nacionalidad: ¿el inicio de una regresión?

Joel Aguirre · 31 de agosto de 2026

Doble nacionalidad: ¿el inicio de una regresión?

La presidenta Sheinbaum anunció esta semana que enviaría al Congreso una iniciativa para restringir la doble nacionalidad a quienes pretendan ocupar ciertos cargos de elección popular. Lo primero que llama la atención es lo regresivo de la medida.

En 1997 se promulgó una reforma constitucional que reconocía la no pérdida de la nacionalidad mexicana al adquirir otra nacionalidad. Hasta entonces solo se podía tener una nacionalidad. Con esta medida no solo se reconoció la migración como un fenómeno estructural y creciente sino, sobre todo, se perfeccionó la protección a millones de connacionales que ya no vivían en territorio nacional.

Adicionalmente se introdujo el debate en torno al derecho que la comunidad política en el extranjero tenía de votar. Sin duda el debate en torno a la migración se enriqueció: de la doble nacionalidad (con la expansión de la protección consular que eso implica) se pasó a la doble ciudadanía (posibilidad de votar en más de un país).

La iniciativa interrumpe la expansión de derechos

Se empezó a reconocer la existencia de comunidades binacionales, se introdujo la figura de diputados migrantes en diversas legislaciones, se permitió la expedición de credenciales para votar en el extranjero, en fin, se ha vivido una etapa de expansión de derechos. Ello parece interrumpido con la iniciativa presentada.

Se trata de una medida difícil de instrumentar en un entorno en el que la doble nacionalidad es una realidad creciente: hoy hay muchos países cuya nacionalidad es irrenunciable, lo que significa que, más allá de la voluntad individual de renunciar a cierta nacionalidad, dicha voluntad es difícil de materializar.

Además, la afectación y discriminación a amplísimos sectores de la población parece desproporcionada. Se trata de una iniciativa con dedicatoria que da la espalda al reconocimiento de comunidades binacionales cuya lealtad no está condicionada por la existencia de un pasaporte.

Por último, el fraseo es abiertamente nostálgico: apelar a la soberanía, alertar sobre los riesgos de injerencia extranjera en un contexto de globalización fáctica, solo revela la visión aldeana que se ha apoderado de la política exterior en los tiempos de Morena. Ojalá haya sensatez en el Congreso para impedir esta nueva regresión. 

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