Piolo Juvera · 7 de diciembre de 2011
Me encontré este anuncio pegado en un teléfono público de la avenida Insurgentes (Distrito Federal). Primero creí haber visto mal, por eso me regresé a releer. Después me pareció sumamente gracioso, por eso lo fotografié. Y, finalmente, lo encontré tramposo y malvado, por eso escribo de él.
Analicémoslo por partes. La onda de “divorcio express” remite a servicio de comida rápida. Ciertamente, surcar un divorcio debe ser tan complicado, tan doloroso, que algunos querrán salir del amargo trance lo antes posible. Entiendo. Sin embargo, que un anuncio de “servicios para divorciar” destaque la rapidez como LA cualidad a tomar en cuenta, me genera, cuando menos, poca confianza. Qué falta de seriedad.
Luego viene, para mi gusto, lo peor: “Gratis psicoterapia”. O sea, la psicoterapia termina siendo el regalito en este paquete de comida rápida, el juguete de la Cajita infeliz. Y viene lo mejor: “Se incluyen dos psicoterapias para superar tu perdida emocional” (sic). Primero, revisemos el humor involuntario implicado en la redacción (que, se nota, también se hizo de manera “express”): no acentúan “pérdida”, por ende, te instan a superar a “tu perdida emocional”, lo cual cambia el sentido completamente. Luego, ¿en dos “psicoterapias” (supongo que se refieren a “dos sesiones”), que además son gratis, se supone que conseguirás superar alguna pérdida? Dos visitas al diván no funcionarían ni para subsanar la pérdida de un bolígrafo.
Me parece bastante gandalla que pretendan engatusar así a la gente. Pero eso no es cosa nueva. Buena parte de la publicidad (y no me refiero sólo a volantes callejeros) se basan en ofertas tipo “rapidito y en la boca”, sobre todo en temas de salud (física o emocional). Ni qué decir del sinfín de remedios supuestamente milagrosos que pululan para bajar de peso. Pero eso no habla sólo de publicistas maléficos, sino también de nosotros, malos consumidores. Bajar de peso cuando se tienen problemas de obesidad implica disciplina, ejercicio, tiempo, estudio y hasta dinero. ¿Suena de flojera? Sí. ¿Se sufre? Comúnmente sí. ¿Vale la pena? Seguro que sí. Y, como la mayoría de las cosas que valen la pena, cuesta.
Superar un duelo también exige bastante. ¿Suena de flojera? Sí. ¿Se sufre? Comúnmente sí. ¿Vale la pena? Seguro que sí. Creo que tanto una terapia como cualquier otro método en pos de construir una mejor versión de ti mismo, cuesta, cuando menos, mucho tiempo. Así que no se vale prometer lo contrario, utilizar la vulnerabilidad del prójimo como táctica de venta. Apelar a la tristeza o enfermedad para “convencer” al comprador o contratante.
E insisto. Eso no sólo pasa con anuncios caseros. Ocurre en campañas televisivas millonarias, a veces abanderadas por periodistas afamados, que, disfrazando comerciales de noticias, asustan a los incautos para enjaretarles ungüentos, medicamentos o suplementos. Con cuentos. Qué chafa.
Una disculpa de antemano si a alguien se le antojó echar un telefonazo para contratar el servicio, pero la verdad es que preferí borrar el número para no ser parte de esta publicidad.
Reciba usted, querido lector, un abrazo “express”.