Disfrazarse de lo que se es: el halloween inaceptable

Jorge Hill · 1 de noviembre de 2013

Disfrazarse de lo que se es: el halloween inaceptable

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Me parece una gran idea y algo muy divertido que la gente se disfrace el Día De Muertos y Halloween. Es como bailar cumbias, ver deportes o tener un grupo típico de amigos que se ven todos los fines, se adoran, pero hablan mal del que no está. Todo lo anterior es muy normal, pero, simplemente no lo hago: no me trae diversión. De hecho, me incomoda y me da hueva. Hueva como “pereza”, no como “qué hueva me da esta mamada”. Pensar en un disfraz, comprar cosas, prepararse durante horas, después estar con el armatoste o el maquillaje para todos lados, cuidándolo y exhibiéndolo. No, no, le dejo eso a personas con espíritu aventurero, gente que quiera ser vista.

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Si consiguiera un disfraz de Cybermen, Dalek o TARDIS, tal vez me disfrazaría.

En mi edificio, uno de un grupo de 6 con las mismas áreas comunes, la “pedida de calaverita”, que se manifiesta en un muy clasemediero “Queremos Halloween”, ha sido inesperadamente civilizada: se pusieron, en cada elevador, cartelitos plastificados con dibujos de brujas y calabazas, anunciando que quien quisiera formar parte de la celebración debía poner algún motivo halloweenero en su puerta, así se podría saber en qué puertas tocar y en cuáles no.

Durante un par de horas, los chamacos estuvieron rondando en bola y gritando “¡Queremos Halloween! ¡Queremos Halloween!”, acompañados de sus madres disfrazadas y uno que otro papá con cara de “estaríamos mejor viendo el fútbol”. Las reglas se cumplieron y para las nueve de la noche ya todos estaban en sus casas.

Aunque en un principio pensé que esto era perfecto para mis intereses -no ser molestado-, poco a poco fue apareciendo en mí una sensación de falta, algo parecido a la nostalgia. Recordé cuando era niño y en la colonia Del Valle, muy segura en ese entonces, salíamos todos los amigos disfrazados a pedir dulces en nuestro edificio, pero también, más tarde, en todos los de la cuadra. Se sentía algo festivo, en la calle te encontrabas a los niños de los demás edificios rondando y jugando, notando los disfraces de los demás e intercambiando dulces.

Esta vez se sintió tan “correcto”, fue rápido, preciso, limpio, con ese tipo de producción que ahora es tan común en casi todo, una producción en línea, una fast-celebration, como fast-food. A lo que vas. Muy acorde a nuestra actual cultura de minoría clasemediera en peligro de extinción.

CDkidsGatewayMamá ¿cómo me disfrazo de “pequeño consumidor”?

Mientras, algunos se pelean por “nuestras raíces” y luchan por festejar el “Día de muertos” y no el “Halloween”, pero dos meses después celebran una mexicanísima “Christmas”, y en una de esas, hasta “Día de acción de gracias”, celebración que se ha puesto muy de modita en los años recientes entre personas que no sé qué madre aspiracional tengan en la cabeza. Aunque es un hecho que la celebración mexicana del día de muertos tiene una identidad propia y es algo único en el mundo, Halloween es la noche del 31 de octubre, y Día De Muertos se celebra el 1 y el 2 de noviembre. En épocas prehispánicas, los aztecas celebraban todo el mes de noviembre. Tal vez el error sea que entre los medios, ansiosos de venderte cualquier pendejada, y aquellos que hasta la identidad compran, confunden una con la otra. Nada tengo en contra de celebrar una, la otra o las dos, pero creo que mucho se pierde cuando se confunden, sobre todo por la muy especial, macabra, mística y diferente simbolización que Día De Muertos da a la muerte, a la vida y a recordar aquellos que se fueron antes.

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Fíjese bien, que no es lo mismo ni estéticamente.

Según algunos, estas dos celebraciones tienen de fondo, entre otras acciones destinadas al duelo y los cierres, una búsqueda de catársis social a través del disfraz: convertirse en lo que se teme. Aunque muchos otros se disfrazan de lo que se quiere ser: súper héroes, personajes de caricaturas o películas con las que nos identificamos. También, muy de moda se ha puesto en nuestra cultura, que apenas empieza a abrirse sexualmente, que las mujeres jóvenes se disfracen “de putas”, o darle un toque “sexy” a su disfraz. ¿Por qué “de putas”? De entrada es interesante el que ya se considere y etiquete a alguien “puta”, una mujer de sexualidad abierta. La salida fácil es decir que se está disfrazando “de prostituta, de las que cobran”. Sea cual sea el caso, creo que Foucault tendría algo muy interesante que decir al respecto, en las líneas de su “Historia de la sexualidad”, algo así como “Una sociedad que grita y exhibe lo que al mismo tiempo quiere ocultar”. Ninguna moralina o crítica hay detrás de esto, por mí, que se sigan disfrazando “de putas”, encuentro la lencería y el look general terriblemente atractivo. La parte interesante sería pensar en el “¿por qué?”, incluyendo ya un “¿por qué no?”. Tal vez lo que me gustaría más es que “se disfracen” de eso todo el año -o que se asuma y exhiba la sexualidad propia sin tapujos morales o “disfraces”-, ya aunque sea, de perdis, en la cama.

kardashian

Grrrawrr

Yo, me quedo sin disfraz -la máscara diaria que todos nos tenemos que poner es más que suficiente para mí-, mirando cómo en tan pocos años, las cosas pueden resignificarse y convertirse en otras, amalgamas entre nuestra detestable actual fast-culture y una cultura que cada vez se pierde más: la de disfrazarse de uno mismo.

@JorgeHill