Discriminando al mensajero

Georgina González Toussaint · 11 de abril de 2011

Discriminando al mensajero

Cuando ventarrones en forma de racismo, machismo, seximo y discriminación pegan de lleno en nuestro futbol, suelen “levantarnos las nagüas”, y lo peor es que no todos traen puestos abajo sus mejores trapos.

Darwin Quintero, jugador del equipo Santos (primera ironía), después de ir ganando dos a cero y provocar el penal para el tercer gol de su equipo, es expulsado. Las cámaras captan cuando Cristian Gimenez, alias “El Chaco”, lo empuja para después caer por la vía del KO con un cabezazo del santo, no de El Santo sino del jugador de Santos. Más tarde en conferencia de prensa, Darwin Quintero se disculpa con la afición, con su equipo y con el “Chaco” por el cabezazo, pero explica que lo hizo por que no resistió que le dijeran “simio de mierda”. Hasta aquí los hechos.

Más allá de investigar y saber si Rogelio Chavez aceptó o negó haberlo hecho  -cosa que debería hacerse de oficio- quisiera enfocarlo en algo igual de apremiante. Los comentarios que ha desatado el tema han sido muy variados, pero sobre todo muy reveladores.

Gracias a la hostilidad y crueldad que da el estado de pseudo anonimato que muchos ostentan en Twitter y demás redes sociales, leemos frases como:  “Que se aguante el negro ese, el futbol es de hombres y si no que se vaya a jugar a las muñecas como nena”. Justificar el racismo usando el machismo y sexismo es como querer aplacar un fuego con petróleo. Otros lo han tomado con un enfoque más amplio, menos burla, mas conciencia, tratando de aportar, de entender.

Durante muchos años el jugador ha establecido “códigos” donde se hacen y dicen muchas cosas extra deportivas. Lo mismo para desarmar, debilitar, que para distraer o vulnerar a un rival. En esto va incluido, el golpe, el jalón, el escupitajo, el “amayugue” y el lenguaje.”Allá tu si te enganchas” pudiera ser la premisa que muchos aceptan por gusto, por fuerza o -peor aún- sin cuestionar. “Todos hacemos lo mismo así que shitón nadie dice, todos se aguantan”.  Pareciendo de tal manera que solo si el árbitro lo vió y lo sancionó, existió.

Los futbolistas y exfutbolistas han dado su opinión y la mayoría coincide en que “lo de la cancha debe quedarse en la cancha”. En todo esto surge la figura de un organismo nacional necesario en un país como el nuestro. CONAPRED, que nos recuerda que la cancha, tanto como la escuela, la casa, la oficina, etc. son parte de la sociedad: la ley las incluye.

Además nos habla de la “normalización”  de la discriminación, es decir, la costumbre a que frases, actos o mensajes de corte discriminatorio sean vistos como algo común. La costumbre puede tender a “normalizar” actos que no necesariamente son correctos. De tal manera que es “normal” gritarle ¡eeeee puto! al portero, práctica que por cierto se realiza en juegos femeniles y hasta infantiles. Es “normal” que la señora que ayuda en la casa coma las “sobras”, “es normal” que a quien no juega al nivel se le diga que parece niña, es “normal” que el afectado no se queje, es “normal” que los hijos tengan derecho al estudio por encima de las hijas, es “normal” que al homosexual se le diga joto, puto, maricón, es “normal” usar lo femenino para denostar, es “normal” menospreciar a un anciano. La falta de información en el tema, la poca sensibilización del asunto, nos hablan de una escasa educación y cultura sobre la discriminación.

Pudiéramos decir que quien practica un deporte de contacto, debe estar preparado para convivir con los catorrazos, sean fuertes, francos, incidentales o a la malagueña. Pero la aceptación, practica y fomento de discriminación en cualquiera de sus vergonzosas presentaciones, machismo, racismo, sexismo, homofobia no van incluidos. Y aquel que decida manifestarse en contra de ello, tiene derecho a ser escuchado, atendido. Ojalá que el gremio fútbol-lero, que insiste en mantener el fútbol como una última trinchera del machismo,  tenga empatía y se responsabilice con esto. No somos culpables a veces de herencias culturales atávicas, pero sí somos responsables de revertirlas cuando ya no caben, ni aportan, ni ayudan. Movernos de nuestras costumbres o vicios no es fácil, ni agradable, pero cuando están en contra de la equidad y la ley, debemos hacerlo.

Dejemos de jugar a “matar” a discriminar al mensajero y atendamos el mensaje.

Por cierto Darwin Quintero fue sancionado con seis partidos por agredir a los rivales. ¿discriminación? No, disciplina. Apeló y su castigo fue reducido a 4 ¿compensación? No, justicia.