blogeditor · 28 de noviembre de 2016
Por: Ricardo Baruch (@baruchdom)
En unos días se conmemorará el Día mundial de la lucha contra el sida. Aunque usted no lo crea, los mayores problemas alrededor de la epidemia del VIH no los ocasiona el virus, sino los propios humanos.
Caso 1: Juan estudia la universidad. No quiere hacerse la prueba de detección de VIH a pesar de que ha tenido algunos contactos sexuales de riesgo en los últimos meses. Cree que si se llegara a enterar que vive con VIH, se va a sentir terrible consigo mismo y además, es posible que sus amigos se alejen de él, así que prefiere no saberlo para evitar la ansiedad.
Caso 2: María se enteró que vive con VIH desde hace dos años, pero como aún vive con sus papás y sus hermanos, nunca se ha acercado a los servicios de salud a solicitar medicamentos ya que tiene miedo que su familia se entere si descubren las pastillas, y la corran de su casa. Además, teme que la despidan del supermercado donde trabaja.
Caso 3: José es un médico especialista que trabaja en el sector salud. Desde hace varios años vive con VIH y toma tratamiento antirretroviral, sin embargo viaja al estado más cercano para que le den sus medicamentos porque teme que si se enteran en su hospital que vive con el virus, va a ser víctima de burlas y rechazo. Además, no le ha contado a su pareja sobre su estado de salud porque cree que lo abandonaría si se entera.
En México, desde el 2003, existe acceso gratuito a los medicamentos antirretrovirales para el VIH para todas las personas que lo soliciten, independientemente de si están o no afiliados a alguna institución del Sector Salud. Sin embargo, existen muchas barreras relacionadas con el estigma y la discriminación que no permiten que todas las personas tengan un uso óptimo del tratamiento.
Como en el caso 1, muchas personas no se hacen la prueba del VIH porque no se sienten en riesgo o por miedo a recibir los resultados. Como en el caso 2, personas que ya saben que viven con VIH prefieren no usar medicamentos por miedo a que las personas a su alrededor los discriminen o porque tienen recelo a utilizar medicamentos que deben usarse de por vida. Como en el caso 3, hay personas que ya tomando tratamiento tienen que “cuidarse” para que el VIH no afecte su vida personal o social.
El VIH se controla con medicamentos con los cuales una persona puede extender su vida de forma indefinida, siempre y cuando tengan una buena adherencia al tratamiento. Pero no todas las personas que lo necesitan acceden a él y no necesariamente por una barrera económica. De acuerdo a CENSIDA, una de cada tres personas que vive con VIH en México, no lo sabe. Es decir, se estima que en el país hay 210 mil personas que viven con el virus de las cuales, sólo 134 mil están diagnosticadas.
En los últimos años, ha surgido evidencia de que las personas que viven con VIH y tienen una carga viral indetectable gracias al tratamiento antirretroviral, tienen una nula posibilidad de transmitir el virus a otras personas. Es decir, el tratamiento no sólo resulta benéfico para el individuo que lo toma, sino también para la prevención de nuevos casos. Si todas las personas que viven con VIH tomaran tratamiento se podría detener la epidemia, pero el estigma y la discriminación provoca que no todas las personas que han estado en riesgo de contraer el virus se haga la prueba, lo cual es el primer paso para entrar a la cascada de atención.
La tecnología para el tratamiento y la prevención del VIH sigue cambiando, pero lo que no cambia es el prejuicio social hacia las personas que viven con VIH o incluso hacia las personas que pertenecen a grupos con mayor riesgo, tal como los gays, las trabajadoras sexuales y los usuarios de drogas. El Frente Nacional por la Familia nos recordó recientemente que ese estigma sigue vivo, ya que se podía escuchar continuamente en los debates que “la homosexualidad debe ser prevenida para evitar que haya otro tipo de enfermedades”, nos decían.
El VIH nos recuerda que no es suficiente tener información sobre un tema de salud para poder evitarlo. Es necesario hacer una concientización a fondo para que las personas que han tenido contactos de riesgo se hagan la prueba y, al mismo tiempo, es necesario concientizar a la sociedad de que vivir con VIH es sólo una condición de salud más, como tener diabetes o hipertensión. Que las personas que viven con el virus no son “sucias” o “promiscuas” y que sus derechos deben ser respetados, como lo indican diferentes leyes e incluso la Constitución en el artículo 1ro, que menciona que está prohibida la discriminación por diversos motivos, incluyendo las condiciones de salud.
La epidemia no se va acabar sólo con la promoción del uso correcto del condón. Se necesitan estrategias estructurales que ayuden a eliminar las connotaciones negativas sobre la sexualidad y sobre el VIH, además, por supuesto, del tratamiento antirretroviral.
* Ricardo Baruch D. es activista e investigador de temas de salud y derechos humanos. Miembro del Movimiento por la Igualdad.