Redacción Animal Político · 7 de abril de 2025
La discriminación por el estado de salud es una problemática recurrente y poco visibilizada, debido a que de manera general, histórica y reiterada se ha construido una idea de la salud desde una perspectiva binaria. Es decir, la salud como opuesta a la enfermedad, en donde las corporalidades “aparentemente sanas” representan el ideal. Esto crea desigualdades en diversos ámbitos de la vida de las personas, sobre todo en el acceso a un empleo, ya que una de las narrativas recurrentes para despedir a una persona con cierto estado de salud específico es debido a que “ya no sirven para el trabajo”.
En un análisis de la base de datos histórica del Copred se observa que, de 2013 a diciembre de 2022 se registraron 1,130 casos de discriminación que involucran a 1,257 empresas -en algunos casos están involucradas dos empresas, por temas de subcontratación-. Del total de quejas contra empresas, aquellas cuyo motivo de discriminación se atribuye al embarazo son las más recurrentes, alcanzando un 34 % (419), seguidas por aquellas que tienen que ver condiciones específicas de salud, con 16 % (198), y por motivos de género, con 10 % (128) (Hernández & Baz, COPRED; 2024).
Por lo tanto, es fundamental la revisión del debate sobre cómo el estado de salud ha sido de manera reiterada una causante de despido en el trabajo, debido a la existencia de una carga simbólica sobre los cuerpos “sanos” y su capacidad para trabajar y aquellos que no lo son. Desde un estudio 1 sobre el tema, llevado a cabo por el COPRED, se utiliza el término estado de salud y no condición de salud para destacar su carácter dinámico —puede cambiar en el tiempo— y contextual, pues depende del entorno social y laboral, entendiendo que las desigualdades sociales estructurales también tienen consecuencias en la forma en la que las personas viven los estados de salud en los que se encuentran.
En el estudio realizado por el COPRED, en el cual se analizan los casos históricos atendidos por el consejo, se presentan datos que permiten entender la forma en la cual la discriminación por estado de salud se ha convertido en un modelo de negocio de algunas empresas, en las que se mantiene la idea de que un cuerpo saludable es sinónimo de mayor producción. Y se piensa que discriminar a las personas trabajadoras por estas características sirve a la empresa para “ahorrar” dinero y para “evitar” los gastos médicos.
Para el análisis sobre estado de salud, el área de atención del COPRED presentó una base de datos extendida, en la cual se presentaron 1,874 archivos correspondientes al periodo de enero de 2013 a octubre de 2024 de las cuales 730 quejas, es decir, el 39 % del total, evidencian discriminación vinculada a estados de salud. De esas quejas se desglosa que el 70 % se concentraron en tres estados de salud: embarazo (417 casos), VIH/SIDA (51 casos) y discapacidad física-motriz (50 casos). Es importante recalcar que dentro del estudio se menciona al embarazo como estado de salud, debido a que las personas embarazadas requieren de algunos permisos para revisiones rutinarias en ese periodo, lo cual aún sigue siendo castigado por las personas empleadoras. De igual forma, la discapacidad desde enfoques patologizantes es percibida por las personas empleadoras como una cuestión de salud.
Los datos nos dejan ver que las personas que viven con VIH/SIDA aún se enfrentan a grandes barreras en el acceso y permanencia en un empleo; sobre todo, aún existe la exigencia por parte de las empresas de que las personas compartan su estado serológico. Esto representa una violación a los derechos humanos y reproduce sesgos, prejuicios y estigmas discriminatorios hacia este grupo de población; recordemos que no es obligatorio que las personas compartan su estado serológico o cualquier diagnóstico médico con la empresa, si no lo desean.
Otros estados de salud que se mencionan en el estudio son las lesiones, discapacidad sensorial, algunas enfermedades crónico degenerativas como la diabetes, hipertensión e incluso el cáncer. Entre las prácticas discriminatorias más frecuentes por estados de salud se encuentran: terminación de la relación laboral de manera injustificada por razones médicas; hostigamiento prolongado, que lleva a la presentación de la renuncia; reducción de prestaciones e indemnizaciones, sobre todo bajo la lógica de que ciertas condiciones de salud “tienen altos costos para las empresas”; exámenes médicos obligatorios en el proceso de reclutamiento y selección, sobre todo de embarazo y VIH, así como la negativa para la contratación tras enterarse de algún diagnóstico o estado de salud.
Uno de las principales aportaciones de este estudio es la visibilización de la discriminación hacia las personas con estados de salud psicosocial, debido a los prejuicios y estereotipos existentes alrededor de estos diagnósticos. Se identificaron 20 casos asociados a discriminación por discapacidad psicosocial, entre las que se encuentran la ansiedad, depresión y trastorno bipolar. Entre las principales manifestaciones de discriminación por este motivo se encuentran el hostigamiento prolongado que culminó en un despido, la terminación de la relación laboral y la estigmatización, negando el ascenso a las personas tras conocerse que estaban bajo tratamiento psiquiátrico.
Estos datos, aunque no sean representativos de la población trabajadora en general, sí nos presentan un panorama sobre cómo se viven los estados de salud en los espacios laborales. Es necesario abrir la conversación sobre la existencia del salutismo como un sistema de opresión, que implica un “conjunto de creencias, emociones y comportamientos en torno al valor moral de la salud, el cuerpo y la actividad física” (Manual de lenguaje incluyente, Copred 2). Esto implica que, de manera histórica, reiterada y sistemática, las corporalidades de apariencia no hegemónica, y que no son percibidas como “sanas” se han encontrado en una posición de desventaja, sobre todo en los espacios laborales.
La salud, entendida no solo como la ausencia de enfermedad sino como un estado de bienestar físico, mental y social, es una construcción social y cultural que determina quiénes son considerados “aptos” o “capaces” dentro de una sociedad para llevar a cabo un trabajo. En este contexto, la discriminación surge como un fenómeno que excluye o limita a las personas con base en prejuicios y estereotipos relacionados con su estado de salud, excluyendo a quienes no cumplen con estándares normativos de “funcionalidad” física o mental, lo cual está basado en preceptos subjetivos sobre cómo deben verse o funcionar los “cuerpos sanos”. Esta forma de discriminación se vuelve particularmente evidente en el ámbito laboral, donde la productividad y el rendimiento son valorados por encima de la dignidad y los derechos humanos de las personas trabajadoras.
Aún falta hacer análisis más exhaustivos para tener datos más concluyentes, sin embargo, es urgente que los espacios laborales abran la conversación sobre la existencia de la normalización de la discriminación por estado de salud, y revisen en su operación si este tipo de discriminación se ha convertido en una parte del negocio de la empresa, pensando que «es más fácil y rentable despedir a las personas para “evitarse” los gastos médicos». La mejor estrategia que pueden llevar a cabo las empresas es la retención del talento.
La apuesta por la igualdad y no discriminación no es solamente “hacer lo correcto”; la ley en la materia en México también presenta la obligatoriedad de las empresas para prevenir y atender la discriminación. Además, es importante recalcar que, como lo ha mencionado el Copred, también existen beneficios empresariales de adoptar políticas y estrategias de diversidad e inclusión, como que las personas trabajadoras se sienten más cómodas en su espacio laboral y aumenta la motivación, lo cual está relacionado con mayores niveles de producción y un incremento en la diversidad de puntos de vista: las empresas se vuelven más competitivas para atraer mejores talentos.
Es necesario que los espacios laborales adopten acciones de compatibilidad de la vida personal con la vida laboral, entendiendo los estados de salud como parte inherente a las personas, y que todas las personas estamos expuestas a cambios en nuestra salud, en todas las etapas de la vida. Es fundamental recordar que las personas trabajadoras son personas, por lo tanto, enferman, su cuerpo se cansa y están susceptibles a cambios en el estado de salud que pueden presentarse de manera gradual o esporádica, y el trabajo en algunos casos también se presenta como una situación de riesgo para la salud.
* Maricela Hernández Martínez es asesora de la Secretaría Técnica del Copred.
1 Se sigue trabajando en el estudio y aún no es público.
2 Se encuentra en trabajo interno y aún no es público.