Redacción Animal Político · 13 de marzo de 2024
Es una mañana tranquila en las instalaciones del Hospital Veterinario de Especialidades en Fauna Silvestre y Etología Clínica, de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, de la UNAM. Alejandro, médico residente del área de fauna silvestre, se dispone a revisar a un pequeño conejo que será evaluado en consulta clínica. Todo parece rutinario. Desafortunadamente, el conejo presenta un cuadro clínico muy complejo que implica la realización de pruebas diagnósticas y un abordaje de tratamiento complicado. En la charla con el tutor del conejo -sí, el propietario del conejo en realidad es su tutor- Alejandro explica lo complicado del cuadro; sin embargo, el argumento de su contraparte cierra el diálogo con una sola frase: “El conejo no vale todo ese dinero”.
A unos kilómetros de allí, en la misma Ciudad de México, Jorge se prepara un café y se alista para empezar su mañana. De pronto, unos agudos chillidos le hacen recordar que su vecino tiene cachorros nuevos, producto de una pareja de preciosos perros de raza Chihuahua adquiridos recientemente. También tiene presente otro grupo de perros que viven, sin una zona de resguardo y semi abandonados, en la azotea del mismo vecino. “¿Por qué el trato que reciben unos y otros perros es tan diferente?”, se pregunta Jorge.
La discriminación o trato desfavorable hacia un sujeto por el hecho de no pertenecer a una especie –generalmente Homo sapiens– se denomina especismo, término acuñado, en 1970, por Richard Ryder y posteriormente popularizado, en 1975, por Peter Singer en su obra Liberación Animal. Dicho término es el concepto central de esta reflexión.
Una discriminación, cualquiera que sea, implica el no reconocimiento del otro (sin importar la forma física o biológica de ese otro), debido a que posea o no posea cualidades o características específicas (color de piel, preferencia sexual, afiliación política, etcétera) o que no forme parte de una comunidad.
Así, la discriminación hacia los demás animales no sólo implica posiciones dicotómicas antropocentrismo-zoocentrismo. Desde una posición zoocéntrica restringida, puedo tener conductas que no favorezcan a ciertos individuos aun siendo animales no humanos. Por ejemplo, desde el cierre de 2023 y hasta hace algunas semanas vimos el caso de Benito, una jirafa que se encontraba desde mayo de 2023 en el Parque Central de Ciudad Juárez, Chihuahua, y fuimos testigos de la presión social tan fuerte que se generó cuando el Colectivo Salvemos a Benito reveló las condiciones en las que vivía, logrando que fuera enviado a Africam Safari en Puebla. En cambio, el pasado 2 de febrero se volcó un tráiler que transportaba cerdos en la conexión del Circuito Exterior Mexiquense y la Autopista México-Querétaro; la respuesta social (tanto en la cobertura de la nota como en la respuesta comunitaria) para atender a los cerdos heridos e ilesos no fue como con Benito.
¿Cuál es la diferencia de nuestra posición entre Benito la jirafa y los cerdos anónimos?, ¿cuál es la razón de la discriminación entre los perros del vecino de Jorge a pesar de que todos son perros? Esto es, todos están considerados dentro del mismo grupo biológico Canis lupus familiaris. ¿Carisma, la percepción de que unos tienen más valor que otros? Probablemente sean muchas las razones.
Esa ampliación de nuestros círculos de consideración moral hacia otros seres no cercanos a nosotros es lo que permite terminar con las actitudes de discriminación. Reconocernos en el otro animal es lo que detona acciones de protección hacia ese otro, acciones que conducen al cambio entre poseer y tutelar, tal y como lo refiere la Constitución Política de la Ciudad de México en su Artículo 13 Ciudad Habitable.
Reconocernos en el otro también ha llevado a reconocer las diversas formas y composiciones familiares en las sociedades actuales. Tal es así que un Tribunal de Justicia Administrativa de la Ciudad de México ha determinado que algunos animales han pasado a ser parte de los miembros de una familia, refiriéndose así al concepto de familia multiespecie o interespecie, contribuyendo a la descosificación de los animales no humanos.
Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer en nuestro querido México. Tristemente, aún no contamos con una Ley General de Bienestar Animal que establezca la base jurídica, a nivel federal, para evitar el sufrimiento y procurar el bienestar de los demás animales. Recientemente, en febrero pasado, el titular del Ejecutivo de nuestro país propuso una serie de reformas constitucionales, entre ellas, una al Artículo 73 que permitiría legislar, entre otras cosas, en materia de bienestar y maltrato a los animales, lo que podría dar luz en el proceso para poder promulgar una Ley General de Bienestar Animal.
No debemos abandonar la reflexión sobre el conejo que atendió Alejandro, los perros del vecino de Jorge, la jirafa Benito, los cerdos accidentados y todos aquellos animales no humanos que sufren por comisión u omisión, gracias a nuestras múltiples variedades de especismo.
* Itzcóatl Maldonado Reséndiz es médico veterinario zootecnista con especialidad en Medicina y Cirugía de Fauna Silvestre; maestro en Humanidades en Salud en el campo de Bioética; académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM y, actualmente, se desempeña como Secretario Académico del Programa Universitario de Bioética. Entre sus líneas de interés está la zooética y la ética clínica en la medicina veterinaria.
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