blogeditor · 16 de diciembre de 2013
Como antecedentes, podríamos repasar y glosar las cimas de la oratoria en Estados Unidos como el Discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln que este año cumplió siglo y medio, o I have a dream pronunciado por Martin Luther King en la escalinata del Memorial al décimo sexto presidente de la Unión Americana hace cinco décadas: el 28 de agosto de 1963 –durante la Marcha a Washington por los Derechos Civiles convocada por distintos grupos, asociaciones e iglesias afroamericanas, a cien años de la Emancipación de los esclavos proclamada por Lincoln- y unos meses antes del asesinato en Dallas de John F. Kennedy el 22 de noviembre de 1963.
[contextly_sidebar id=”fd8b3b3a1876913dcc9507ca887cf84c”]Para fortuna nuestra, Mandela no vio su existencia truncada por el odio y la intolerancia. Demostró a lo largo de su incomparable vida, que poseía el don de la congruencia entre la acción y la palabra. Como epítome entre muchos, contamos con su testimonio final en el juicio de Rivonia de 1964 por conspiración y sabotaje en contra suya y de otros integrantes del Congreso Nacional Africano (‘I have fought against white domination, and I have fought against black domination. I have cherished the ideal of a democratic and free society in which all persons will live together in harmony and with equal opportunities. It is an ideal for which I hope to live for and see realised. But (…) if needs be, it is an ideal for which I am prepared to die’*).

Pero es con el himno de Sudáfrica, donde se atisban las inmensas dotes de Mandela, el Gran Conciliador.
Nkosi Sikelel ‘iAfrika es una canción de corte religioso en idioma xhosa –tribu a la que pertenecía Madiba- compuesta por el pastor metodista Enoch Mankayi Sontonga en el remoto Johannesburgo de 1897. Desde 1925 se convirtió en la tonada oficial del Congreso Nacional Africano, fundado en 1912. Al triunfo de Nelson Mandela como presidente de su país tras las primeras elecciones plenamente democráticas de 1994, se instituyó como el himno oficial en lugar de Die Stem van Suid-Africa, pieza que ensalzaba los atributos de los colonizadores blancos y, por extensión, al apartheid oficial que fue política del Estado racista desde 1948. Y aún antes.
Versión original de la pieza de Sontonga, con letra adicional de Samuel Mqhayi que data de 1927
‘Dios bendiga a África’, combina los cinco idiomas más comunes en ese país (de once oficialmente reconocidos), e incluye una estrofa del antiguo himno en afrikáans de la antigua minoría de opresores blancos, ‘El Llamado de Sudáfrica’, basado a su vez en un poema escrito en 1918 y musicalizado en 1921.
El Soweto Gospel Choir canta Nkosi Sikelel ‘iAfrika
La versión definitiva del himno nacional contiene las siguientes estrofas, desde 1997:
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Idioma |
Letra |
Traducción al inglés |
| Xhosa | Nkosi sikelel’ iAfrika Maluphakanyisw’ uphondo lwayo, |
God bless Africa Let its (Africa’s) horn be raised, |
| Zulu | Yizwa imithandazo yethu, Nkosi sikelela, thina lusapho lwayo. |
Listen also to our prayers, Lord bless us, we are the family of it (Africa). |
| Sesotho | Morena boloka setjhaba sa heso, O fedise dintwa le matshwenyeho, O se boloke, O se boloke setjhaba sa heso, Setjhaba sa, South Afrika — South Afrika. |
Lord bless our nation, Stop wars and sufferings, Save it, save our nation, The nation of South Africa — South Africa. |
| Afrikaans | Uit die blou van onse hemel, Uit die diepte van ons see, Oor ons ewige gebergtes, Waar die kranse antwoord gee, |
From the blue of our heavens, From the depths of our seas, Over our everlasting mountains, Where the cliffs give answer, |
| Inglés |
Sounds the call to come together, |
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(Tomado de Wikipedia)
Dios bendiga a África
Que su Cuerno sea levantado,
Escucha también nuestras plegarias,
Señor, bendícenos, somos la familia (de África)
Señor, bendice nuestra nación,
Detén las guerras y sufrimientos
Salva, salva nuestra nación
La nación sudafricana — Sudáfrica
Desde el azul de nuestros cielos,
Desde la profundidad de nuestros mares;
Encima de nuestras montañas eternas,
Donde los acantilados dan respuesta
Suena el llamado para estar juntos
Y unidos nos sostendremos
Vivamos y luchemos por la libertad
En Sudáfrica, nuestra tierra
La letra de Nkosi es una expresión literal de la democracia que incorpora a los distintos grupos raciales, agrupados en una nación indivisible.
Un estadio repleto entona con los Springboks: equipo nacional sudafricano de Rugby -el cual, contra todos los pronósticos se coronó campeón del mundo en 1995- antes del juego final contra la Selección favorita de Nueva Zelanda.
Sábado 24 de junio de 1995. Segundos finales del juego entre Sudáfrica (15) vs. Nueva Zelanda (12), y premiación al capitán Francois Pienaar por parte de Mandela.
John Carlin, periodista de El País y autor del libro que inspiró la película Invictus –dirigida en 2009 por Clint Eastwood (título inspirado en un poema breve de William Ernest Henley, favorito de Mandela durante sus años en la cárcel) sobre la selección de rugby de 1995, hasta ese momento ‘uno de los símbolos más odiados del viejo régimen’, y cómo la astucia de Mandela convirtió esta victoria en el Mundial en emblema de reconciliación nacional- relata en su obituario a Madiba que la plana mayor del CNA había decretado eliminar el himno de los afrikaaner sin el consentimiento del presidente. Mandela no lo permitió y la versión híbrida de Nkosi Sikelelei’ incorpora un verso de esa antigua canción de los boer. Como lo señala Carlin en su libro, tampoco dejó que la práctica del rugby fuera abandonada, y consiguió que la población mayoritaria se identificara abrumadoramente con los Springboks.
La música nunca estuvo alejada de la emancipación sudafricana. Baste mencionar, por ejemplo, a Miriam Makeba, el grupo coral Ladysmith Black Mambazo que grabó el célebre disco Graceland con el cantante y compositor norteamericano Paul Simon, o Johnny Clegg y sus bandas mixtas Juluka y Savuka.
Asimbonanga, tema compuesto por Clegg y dedicado a Mandela cuando estaba en prisión. Aquí, Madiba baila durante un concierto en 1999.
Para quebrar la voluntad de los presos, los captores asignaban tareas interminables. No pudieron con Mandela; dedicó incontables horas de esos años oscuros picando piedra en las canteras de la Isla Robben al compás de Shosholoza, canción del pueblo Ndebele adoptada por trabajadores negros, quienes la entonaban en sus labores con su distintiva técnica de llamada y respuesta.
Junio 2009. El público canta Shosholoza. Estadio Bloemfontein, Copa Confederaciones
Final de la Copa Mundial de Rugby, 1995. La afición, casi en su totalidad de tez blanca, vitoreaba: ‘¡Nelson!, ¡Nelson!’ ¡Nelson!’.
Mueren las personas. Las instituciones, con sus virtudes y defectos, perduran. El genio de Nelson Rolihlahla Mandela consistió en predicar la impensable reconciliación con el ejemplo, desde su forzosa estadía en los penales de Robben Island (hoy Museo consagrado a su persona y a la de innumerables presos políticos que lo acompañaron en su larga travesía hacia la libertad), y Victor Verster (hoy Centro Correccional de Drakenstein). Nkosi Sikelele, himno de su partido–modificado, con generosidad y visión de futuro- se convirtió en expresión y símbolo (grandioso, incluyente) de sus ideales; asimismo, de la patria fundada por él.

(*) ‘He luchado en contra de la dominación blanca; he luchado en contra de la dominación negra. He albergado el ideal de una sociedad democrática y libre, en donde todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal al que aspiro dedicarle mi vida, hasta verlo realizarse. Pero, si es necesario, es un ideal por el cual estoy dispuesto a morir’ . Rivonia, Johannesburgo. Provincia de Gauteng, Sudáfrica. 20 de abril, 1964