Redacción Animal Político · 3 de febrero de 2023
Tan útil como atractivo, el recién aparecido “Diccionario de mexicanismos”, publicado por editorial Planeta bajo el manejo y cuidado de la edición por parte de la Academia Mexicana de la Lengua, ratifica un hecho que no por más que sabido debe quedarse sin divulgar: la forma particular del español que se habla en estas tierras ostenta colorido y cadencia, humor y, naturalmente, poesía. Somos los hablantes de una zona luminosa del idioma español, aquella que ha consagrado un rotundo empleo de la imaginación para construir cultura y un lenguaje que la describa.
Dividido en la acostumbrada serie de entradas alfabéticas con que los diccionarios dan cuenta desde el siglo quince —o por ahí— de los significados correspondientes a cada uno de los términos reflejados en sus páginas, el encanto y la sutil notoriedad con que el Diccionario de Mexicanismos se distingue tiene que ver con la riqueza de alocuciones referidas y con el nivel de abstracción popular y construcción colectiva que cada uno de ellos oculta.
Según el acostumbradísimo (y hoy un poco horadado, hay que decirlo) Diccionario de la Lengua Española, por “cigarro” debiéramos entender “rollo de hojas de tabaco que se enciende por un extremo y se chupa o fuma por el opuesto”. Bien. Dentro del arsenal de mexicanismos de los que el diccionario de referencia da cuenta, una palabra derivada, “cigarrillo” no se refiere precisamente a lo que el lector está pensando, sino al “arbusto originario de México, de hasta 7 metros de altura, monoico; troncos con corteza delgada y quebradiza…” y una acepción tal como “fresco”, por ejemplo, se refiere a la manera con que en en el norte del país la gente común habla sobre un hombre homosexual. Mexicanismos. No solo habla popular, sino también términos cuyo significado profundo solo puede comprenderse si eres mexicano o si llevas muchos, pero muchos años viviendo en esta suave patria: cochito, cochupo, huitlacoche, huizache…mijo(a), miscelánea, ñango, tembeleque, zacatillo, zafada…
Como lengua viva que de hecho es, el español ha demostrado no tener límites idiomáticos. En el caso del español que se habla en nuestro país, un Diccionario como al que me refiero es consigna rotunda de que a la hora de hablar y definir significados, literalmente como México no hay dos. Ya chole chango chilango de un lado, pero también de la sierra morena cielito lindo vienen bajando. Una pizca de academia, por dos cucharaditas de caló e idiomas originarios y ya está: tenemos frente a nosotros la obra más lograda de nuestro andar por la historia: el lenguaje mexicano, del que el “Diccionario de mexicanismos” es consigna y testimonio. Ah chirriones, que libro tan fregón.