Redacción Animal Político · 5 de noviembre de 2023
La paz, nos dijo Pacho de Roux en su última visita a México, es siempre política. Es política en el más puro sentido de la palabra, implica la suma de voluntades, implica, según Aristóteles, tener el bien común como horizonte. La política para los griegos era la ética llevada a la esfera pública, era darse cuenta de que el bien individual debería ser impensable, indeseable, si no es el bien de todas y todos.
En el Diálogo Nacional por la Paz hace unas semanas en Puebla, Liliana Franco lo resumió diciendo que “la paz es un derecho de todos que implica un desvelo por el bien común” y, en ese sentido, la paz, la seguridad y la justicia, serán compartidas o no serán.
¿Qué gobernantes, qué clase política, qué instituciones, qué ciudadanía necesitamos ser para salir de la barbarie en que vivimos y para construir la paz? Unos muy distintos, sin duda, de los que nos hemos permitido tener. ¿Cuál tendría que ser el lenguaje que determinara el discurso en el espacio público y el privado? ¿Cuáles las motivaciones que nos impulsaran a un diálogo abierto, crítico y consciente que pudiera en conjunto imaginar futuros posibles para Acapulco después de Otis, para las madres que buscan a sus hijas e hijos desaparecidos, para Zacatecas, Jalisco, Michoacán en donde les han arrebatado a tantos adolescentes, para las mujeres a quienes nos han encogido de zozobras la calle y las noches, para las víctimas que necesitan memoria y justicia, para las niñas y niños que, en entornos violentos, les hemos robado el derecho a confiar, a creer?
Después del proceso que llevó al Diálogo Nacional en Puebla y que involucró a más de veinte mil personas, se está construyendo la Red Nacional por la Paz que pretende establecer las condiciones, primero, para hablar de paz en una sociedad acostumbrada a hablar de la guerra y la violencia. Segundo, para articularse en lo local con acciones impulsadas por individuos y comunidades; en lo estatal, aterrizando la agenda nacional de paz en agendas locales que respondan a la realidad y contexto de cada lugar y, en lo nacional, creando una estructura que permita, por un lado, generar insumos para el trabajo local y estatal y, por otro, acercarse a los distintos sectores: empresarial, político, académico, social para buscar que una agenda mínima de paz sea adoptada e implementada.
En ese sentido, la paz en México como la sabe de Roux -quien fuera coordinador de la comisión de la verdad en Colombia- requerirá de la suma de voluntades y compromisos. No tendremos el país que deseamos si no nos convertimos en la ciudadanía que podemos ser y si no exigimos las instituciones, los políticos y gobernantes que debemos o deberíamos tener.
La Red Nacional por la Paz está a punto de emprender un camino que no será fácil ni será corto, que tendrá que empezar por llenar de contenidos mínimos la palabra paz y los muchos caminos que necesitaremos construir para acercarnos a ella. Tendrá, también, que inventar puntos de encuentro en los que los extremos en los que nos hemos situado últimamente logren llegar a acuerdos con miras a ese griego y en desuso bien común. Tendrá que sacarnos de los escritorios desde donde criticamos, del lenguaje con el cual desacreditamos y polarizamos, desde las trincheras en las que nos hemos armado para escondernos incluso de nosotros mismos.
La Red Nacional por la paz propone, a partir del texto de la Agenda, 21 acciones, 14 locales y 7 nacionales que tocan los principales ámbitos que nos preocupan como sociedad: el tejido social y la vida en comunidad, la seguridad, la justicia y las cárceles.
Sin duda el gobierno y la clase política tienen una responsabilidad titánica, se requerirá de un derroche de voluntad para empezar a hacer los cambios que se necesitan, para fortalecer a las instituciones tambaleantes, garantizar la separación de poderes y fortalecer la democracia. Pero no será solo el gobierno el responsable de construir la paz. El mismo derroche de voluntad se requerirá de las empresas, los medios de comunicación, las universidades, las organizaciones de la sociedad civil, los actores internacionales, el ejército, las policías, las fiscalías, las mujeres y los hombres de este país para poner un alto a la barbarie en la que nos hemos permitido vivir.
* Ana Paula Hernández Romano es coordinadora del Diálogo Nacional por la Paz.