blogeditor · 15 de agosto de 2022
El 20 de abril de 2017 el Senado declaró el 15 de agosto como el Día Nacional del Cine Mexicano, “con el objetivo de reconocer su aporte a la cultura e identidad nacional, así como promover los incentivos a esta industria”. 1 De esta forma, cada año alrededor de esta fecha se han realizado diversas acciones para promover el acercamiento de la población a la producción cinematográfica histórica y actual, tanto al interior como al exterior del país. Este texto se enmarca en las reflexiones en torno a la manera en que el cine mexicano aborda uno de los aspectos más acuciantes de la realidad nacional: la crisis de derechos humanos, cuyo origen puede rastrearse en la declaración de “guerra contra el narcotráfico” a finales de 2006, llevada a cabo por el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012) y cuya estrategia militarizada de seguridad ha sido continuada por sus sucesores, Enrique Peña Nieto (2012-2018) y Andrés Manuel López Obrador (2018-2024).
El cine y la realidad
El arte es una de las maneras en que las personas y las sociedades lidiamos con nuestra realidad así como con nuestros sueños y pesadillas, además de que permite conocer otras perspectivas, ya sea que estas existan o hayan existido en otros tiempos y lugares, o bien que sean posibilidades, deseos o suposiciones construidas a partir de las experiencias, inquietudes y talentos de las personas artistas que crean o representan nuevos mundos. El cine es una de estas vías de creación y se configura muchas veces como una ventana a través de la cual podemos no solo conocer otras posibilidades, sino reflexionar también sobre nuestra realidad y sociedad, a partir de las alternativas y contrastes que se nos presentan.
El cine no refleja la realidad sino que la transforma para convertirla en un vehículo de reflexión, apreciación o empatía. Incluso el género documental, por naturaleza más cercano al retrato (en cuanto que suele presentar de manera más directa hechos anclados en la realidad), se configura a partir de decisiones que revelan un punto de vista, una intención y un sentido que construye lo que finalmente puede apreciarse en pantalla. Como obra artística, cada película plasma las preguntas o respuestas que las personas creadoras ofrecen a la sociedad respecto al momento que les ha tocado vivir. Algunos filmes abordan problemas contemporáneos acuciantes y los muestran de manera explícita, mientras otros se convierten más bien en vías de evasión para brindar experiencias de disfrute que permitan a las personas espectadoras olvidarse de sus propios problemas, al menos por un pequeño lapso.
En este sentido, el cine mexicano ha convivido durante los últimos quince años con las diferentes expresiones de violencia social y de las crisis de derechos humanos que aquejan en mayor o menor medida a casi todos los espacios del país a partir de que a finales de 2006 se decidió emplear de manera masiva la presencia militar en las calles, carreteras y territorios diversos para enfrentar a los grupos criminales, trayendo consigo un doloroso aumento de homicidios, desapariciones y violaciones a derechos humanos. Esta realidad ha encontrado eco en algunas de las producciones cinematográficas nacionales de estos años.
Así, el cine ha mostrado varias de las heridas que aquejan al país a través de trabajos documentales y de ficción, algunos de los cuales han merecido atención internacional e incluso han sido premiados más allá de nuestras fronteras. 2 De esta forma, la realidad mexicana puede ser conocida en diversos puntos del planeta, suscitando conversaciones y debates sanos que permiten movilizar empatías, lo que además puede ser un catalizador para la acción solidaria y la propuesta de intervenciones sobre la realidad. A continuación se presenta una selección de algunas películas (largometrajes) que tocan estos importantes temas, de manera ilustrativa y sin pretensiones de abarcar la totalidad de obras realizadas en los últimos tres lustros.
La crisis de derechos humanos en el cine mexicano
La llamada “guerra contra el narcotráfico” ha trastocado las dinámicas sociales de muchas comunidades, modificando las trayectorias de vida de las personas que las habitan. Esto ha sido presentado en ficciones como El infierno (Luis Estrada, 2010), donde un migrante en retorno descubre que el pueblo que dejó hace varios años ya es otro, corroído por la violencia; en Heli (Amat Escalante, 2013) se presentan las dinámicas económicas y sociales de una comunidad en que conviven el narcotráfico y la presencia militar; Vuelven (Issa López, 2017) retrata a la niñez huérfana producto de la violencia homicida y su relación con las dinámicas criminales de sus comunidades; Cómprame un revólver (Julio Hernández Cordón, 2018) es una distopía sobre un México donde las mujeres son desaparecidas y los cárteles imponen su justicia; Noche de fuego (Tatiana Huezo, 2021) es otra producción que toma el punto de vista de las infancias y cómo su desarrollo se ve impactado por las dinámicas de violencia, esta vez desde la perspectiva femenina en un entorno rural.
Además, el tema ha sido abordado en documentales como La libertad del diablo (Everardo González, 2017), que pone énfasis en las consecuencias personales y sociales de la violencia tanto en víctimas como en victimarios. y en trabajos que se centran en casos emblemáticos como Hasta los dientes (Alberto Arnaut, 2018), que relata el caso del asesinato de los estudiantes Jorge Mercado y Javier Arredondo a manos del Ejército (institución que declaró falsamente que los jóvenes iban “armados hasta los dientes” para justificar su “abatimiento”), y Las tres muertes de Marisela Escobedo (Carlos Pérez Osorio, 2020), donde se muestra cómo las exigencias de justicia por el feminicidio de su hija Rubí llevaron al impune asesinato de Marisela frente al palacio de gobierno de Chihuahua.
Distintos tipos de violencia sobre las comunidades y sus territorios han llevado al desplazamiento forzado y a tener impactos sobre la migración, temas que pueden verse representados en ficciones como La jaula de oro (Diego Quemada-Díez, 2013) que narra el complicado trayecto por México de tres adolescentes desde Guatemala con aspiraciones de llegar a Estados Unidos; El sueño del Mara’akame (Federico Cecchetti, 2016) muestra el despojo de tierras indígenas por la actividad minera y su relación con los grandes centros urbanos; Ya no estoy aquí (Fernando Frías, 2019) sigue a un joven regiomontano que debe huir a consecuencia de presenciar un asesinato por la violencia entre bandas criminales. En cuanto a documentales, uno de los más destacables que retrata la solidaridad que despierta la migración forzada es Llévate mis amores (Arturo González Villaseñor, 2014) que nos da a conocer la labor de “Las patronas”, un grupo de mujeres veracruzanas que preparan alimentos para quienes viajan a bordo de La bestia, el tren de carga que recorre México de sur a norte.
Otra de las grandes consecuencias de la crisis de derechos humanos en el país se expresa en las desapariciones, que han sido representadas en la ficción con Sin señas particulares (Fernanda Valadez, 2020), que muestra a una madre buscando por sus propios medios a su hijo, quien desapareció en su camino hacia Estados Unidos y a quien las autoridades presumen muerto. El cine documental ha retomado también esta crisis, con trabajos como Tempestad (Tatiana Huezo, 2016) que presenta la lucha de una madre cuya hija fue desaparecida, así como la historia de una mujer injustamente presa por la corrupción de las autoridades; Ayotzinapa, el paso de la tortuga (Enrique García Meza, 2017) explora la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la escuela normal rural en Guerrero; No sucumbió la eternidad (Daniela Rea, 2017) conecta las desapariciones del periodo conocido como “guerra sucia” con las del periodo actual a partir de las consecuencias en las familias; Volverte a ver (Carolina Corral Paredes, 2020) relata la exhumación en Tetelcingo, Morelos, de dos fosas irregulares donde diversas familias buscan a sus seres desaparecidos para arrebatarlos de la indolencia de las autoridades; Te nombré en el silencio (José María Espinosa, 2021) nos presenta a “Las rastreadoras del Fuerte”, uno de los tantos colectivos en México de mujeres en búsqueda que literalmente escarban en la tierra para encontrar a “sus tesoros”, labor peligrosa que mayormente realizan sin apoyo gubernamental.
Estas y otras muchas historias nos acercan a las tragedias pero también a las personas y comunidades que se encuentran en los centros de las violencias y las maneras en que se adaptan para sobrevivir, o bien retan sus realidades para transformarlas, oponiéndose a perpetuar o aceptar sus funestas consecuencias. Además, los trabajos documentales sirven como medios de denuncia y documentan la impunidad, así como las consecuencias sociales y las formas en que el activismo, el artivismo y la solidaridad se convierten en respuestas ante las crisis y en medios de supervivencia, de memoria y de búsqueda de justicia. Las violencias y vulnerabilidades se intersectan en los diferentes personajes protagonistas, mostrándonos diversas caras de la crisis de derechos humanos: mujeres en la periferia, niños y niñas en zonas urbanas, comunidades indígenas, estudiantes, entre otros; cada historia nos acerca a diferentes aristas de esta gran problemática y nos permite conectar con esas experiencias, ya sea que nos parezcan cercanas o lejanas. A partir de las producciones cinematográficas podemos empatizar, reflexionar y despertar a la acción para exigir justicia por las miles de víctimas que día a día se acumulan en este país y promover un cambio en las condiciones que permiten y prolongan la actual crisis de violencias y violaciones graves a derechos humanos.
1 Boletín “Senado declara 15 de agosto como Día Nacional del Cine Mexicano”, disponible aquí. Consultado el 04 de agosto de 2022.
2 Por ejemplo, el Festival de Cannes ha reconocido películas como Heli, La jaula de oro y Cómprame un revólver, los premios Goya han nominado películas como El infierno, Tempestad y Ya no estoy aquí, mientras el Festival internacional de Berlín premió a La libertad del diablo, entre otros reconocimientos internacionales recientes.