Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia: las brechas de la desigualdad

Redacción Animal Político · 9 de febrero de 2024

Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia: las brechas de la desigualdad

Desde el año 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclama el 11 de febrero como el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia. Este día tiene como objetivos no sólo el reconocer la importancia y necesidad del trabajo de las mujeres en la ciencia, sino también revisar las acciones que faciliten, garanticen y promuevan su participación en el ámbito.

Si bien desde entonces han existido contribuciones importantes para la participación de las mujeres en la ciencia, las barreras continúan existiendo. En este marco, resulta importante mencionar y recapitular algunas problemáticas y situaciones a las que se ven enfrentadas las mujeres en el ámbito científico, las cuales llegan a impedir o dificultar su acceso, participación, contribución y progreso plenos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) estima que a nivel mundial las mujeres representan el 33,3 % en el área de investigación y de los países con datos disponibles respecto a mujeres investigadoras, sólo un 30 % habían alcanzado la paridad en 2016. En otros datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se menciona que existe una brecha salarial en las carreras de las investigadoras al ser peor pagadas y ser más cortas, así como en las becas de investigación que suelen ser menores para las mujeres. Otra problemática mencionada se relaciona con el ascenso y progreso en sus carreras, pues difícilmente ocupan espacios de altos cargos o se les considera para tener ascensos en el ámbito.

De acuerdo con Lidia Barajas, doctora y académica de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, en los campos de vanguardia las mujeres representan sólo el 28 % en campos relacionados a las ingenierías y el 40 % en los relacionados a la computación e informática. A su vez, son minoría en campos de tecnología, información digital, la física y las matemáticas, los cuales representan una mejor y mayor oportunidad de empleo y crecimiento económico en el futuro.

El Instituto Nacional de las Mujeres en México (INMUJERES), en su boletín “Desigualdad en cifras. Las mujeres en la ciencia”, menciona que sólo el 35.8 % de quienes pertenecen al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) son mujeres y el porcentaje de mujeres disminuye conforme aumenta el nivel dentro del sistema.

Las problemáticas también se extienden hacia la visibilidad de sus trabajos, pues estos tienen poca presencia en revistas de alto nivel. Hasta la fecha sólo 22 mujeres han recibido un premio Nobel en una disciplina científica, según datos de UNESCO.

A pesar de las innovaciones y los esfuerzos para garantizar el acceso de las mujeres y niñas a la ciencia, estos datos representan información relevante que visibiliza la desigualdad y la brecha de género todavía existentes dentro del ámbito científico.

Desde el campo de la psicología, y de acuerdo con lo expresado en el “Glosario para la igualdad” del INMUJERES, existe el término “techo de cristal” utilizado para referir a las barreras invisibles que deben enfrentar y atravesar las mujeres en el ámbito profesional, las cuales no se relacionan a sus habilidades y capacidades, sino a estructuras sociales, culturales, políticas e institucionales.

En palabras de Lidia Barajas, estas barreras se relacionan con características y realidades poco visibles o tomadas en cuenta dentro de la vida de las mujeres como lo son la maternidad, los cuidados, entre otros. Estas también pueden relacionarse con la doble jornada y el trabajo no remunerado de las mujeres, los cuales tienen que ver con las actividades y responsabilidades dentro del hogar, por ejemplo.

Resulta importante también pensar que, históricamente, en los espacios de producción y divulgación del conocimiento científico las vivencias y necesidades de las mujeres han sido ignoradas o relegadas y, además, diversas autoras como Andreu Ballús y Marta Roqueta han criticado que las necesidades que sí se han representado en la academia fueron de mujeres de tonalidades de piel blancas, pues ellas han tenido mayores oportunidades para acceder a altos niveles de educación formal.

En relación a ello, es necesario destacar que la barrera del género también se ve atravesada por las diferentes vivencias en torno a la interseccionalidad, pues no existe una sola y única forma de ser, existir y vivenciarse mujer. Angela Davis problematiza el uso del término “techo de cristal”, pues menciona que las interseccionalidades colocan en la parte más inferior del orden jerárquico a las mujeres que han sido abandonadas por la historia, como lo son las mujeres pobres, mujeres de clase trabajadora, mujeres racializadas y mujeres trans.

Así entonces, valdría la pena pensar y cuestionar no sólo ¿cuántas mujeres científicas conocemos? o ¿de cuántas hemos escuchado algo sobre su trabajo?, sino también ¿cuántas de ellas son mujeres trans, mujeres racializadas, mujeres con discapacidad, mujeres indígenas, etc.? Y pensar entonces en las barreras y dificultades que ellas tendrán o tienen por atravesar, a diferencia de las mujeres, en palabras de Davis, que ya se encuentran cercanas a la cima y únicamente deben empujar el techo de cristal.

Del mismo modo, resulta importante cuestionarnos ¿cuál es el conocimiento que se valida o tiene mayor visibilidad? ¿Por quiénes ha sido construido? ¿Hacia quién o quiénes va dirigido? Y ¿cómo y desde dónde se transmite? El acceso al conocimiento también es un derecho humano y no tiene mucho sentido un conocimiento que se construya desde la academia o las sociedades científicas y que exista únicamente para mantenerse ahí, en función a determinados sectores que a partir de esas delimitaciones pueden acceder a él, dejando fuera a quienes no pertenecen al mismo.

En este marco del Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia es necesario nombrar y visibilizar las desigualdades aún existentes en los ámbitos científicos para las mujeres y niñas diversas, pues es necesario replantear los lugares y los espacios de creación y divulgación del conocimiento científico para construir y garantizar espacios seguros, libres de discriminación y desigualdad, hechos por y para las mujeres en todas sus diversidades dentro del ámbito científico. Espacios que, a su vez, incentiven su integración y participación plena, y que respondan a sus diferentes intereses y necesidades. En réplica a la consigna de la Asamblea de Mujeres Organizadas de la Facultad de Ciencias, es necesario plantear: “Que nunca más exista una ciencia sin nosotras”.

* Karla Eecaterina Corral Linares es asesora educativa en la Subdirección de Educación del COPRED.