Día Internacional de la Mujer Indígena: las voces de periodistas comunitarias

Joel Aguirre · 4 de septiembre de 2026

Día Internacional de la Mujer Indígena: las voces de periodistas comunitarias

Por Lucía Moguel* 

“La Voz que Rompe el Silencio” se escuchó por primera vez en la sierra de Oaxaca en enero de 2008, a través de las voces de las jóvenes periodistas triquis Felícitas Martínez Sánchez y María Teresa Bautista Merino, en el marco del primer aniversario de San Juan Copala como municipio autónomo.
Tres meses después, el 7 de abril, Tere y Feli fueron emboscadas y asesinadas mientras regresaban de cubrir una fiesta patronal en el municipio de Llano de Juárez y compartir con la comunidad su experiencia en la radio.

El asesinato de dos mujeres jóvenes periodistas pertenecientes a un pueblo originario es significativo en diversas dimensiones. Además de la indignación, condena, y exigencia de justicia y no repetición que merece todo atentado mortal en contra de periodistas, el caso de Felícitas y Teresa intersecta tantos componentes diferenciados que, hasta la fecha, sigue siendo un vergonzoso reflejo de un sistema que entraña discriminación, edadismo, racismo, misoginia y exclusión.

A dieciocho años del atentado, las mujeres periodistas en México aún enfrentan violencias inconcebibles que se agravan en contextos como el de las comunicadoras comunitarias indígenas quienes, a pesar de tener una mayor presencia en las radios, siguen encarando barreras sistemáticas que obstaculizan no solo un acceso equitativo a los medios, sino que estos sean espacios seguros para ejercer su labor.

Felícitas y Teresa desafiaron el statu quo de su propia comunidad al decidir ser sujetas políticas, no casarse aun teniendo poco más de 20 años y tomar los micrófonos de la radio para nombrarse desde ellas mismas y no desde la mirada patriarcal y colonizadora que deshumaniza y excluye; de contar sus propias historias y las de otras desde un ejercicio de escucha real, y de apropiarse de los medios para convertirlos en su lugar de enunciación, como lo describe la filósofa y activista Djamila Ribeiro. Su participación en la radio rompió las normas hegemónicas de autorización discursiva que determinan quiénes pueden o no hablar; y ellas decidieron hablar para acercarse a su comunidad y mantenerla informada.

Las periodistas enfrentan cuestionamientos simplistas 

De acuerdo con el radialista cubano Ignacio López Vigil, la importancia de las radios comunitarias e indígenas radica en que le devuelven a una comunidad el poder de transformar su realidad a través de la reconstrucción del tejido social, el fortalecimiento de su identidad y la apertura del debate público. Eso hacían Teresa y Felícitas: tocaban temas sobre derechos de las mujeres e infancias, derechos humanos, autonomía y defensa del territorio, lo que derivó en descalificaciones basadas en su edad; asimismo, su determinación para señalar la responsabilidad de las autoridades para garantizar la paz en su comunidad ante los conflictos armados debido a las disputas territoriales en la zona originó también una serie de amenazas en su contra por parte de grupos resistentes a la autonomía del municipio.

En la actualidad, las periodistas siguen enfrentando cuestionamientos simplistas basados en estereotipos de género que intentan desviar la conversación hacia sus roles fuera del ámbito laboral. Son amenazadas con ser víctimas de actos sexuales y violentos que, muchas veces, alcanzan a sus seres queridos. En el caso de las periodistas triquis, las amenazas se materializaron y dejaron una huella dolorosa no solo en sus familias quienes fueron intimidadas para no escalar el caso, sino en sus amistades, en las y los integrantes de la radio y en la comunidad, pues a unos días del asesinato la radio tuvo que dejar de transmitir por los constantes ataques.

En mayo de 2008, ambas recibieron de forma póstuma el Premio Nacional de Periodismo; no obstante, merecían ser premiadas en vida por la relevancia de su labor, no por ser víctimas de un sistema indiferente, racista e incompetente. En su momento, la entonces PGJ del Estado de Oaxaca declaró que el asesinato fue “una confusión” y consecuencia del contexto de violencia, mientras que la Fiscalía de Atención de Delitos contra Periodistas de la PGR descartó su trabajo periodístico como línea de investigación. Su caso, como el de muchas y muchos periodistas, continúa impune y varado por el olvido institucional a pesar de la exigencia de organizaciones nacionales e instancias internacionales para esclarecer los hechos.

Felícitas y Teresa rompieron el silencio 

Por su parte, las radios comunitarias indígenas siguen enfrentando obstáculos para ejercer de forma digna su derecho a la libertad de expresión: restricciones administrativas, aprobación de leyes restrictivas sin una consulta previa, limitantes para su financiamiento, criminalización y poco acceso al espectro. De acuerdo con la UNESCO, los medios indígenas y afromexicanos agrupan menos del 1% de las 8,046 concesiones registradas por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones. Pese a esto, las voces de los pueblos siguen alzándose a través de proyectos de resistencia como la recién creada Radio Indígena Opopeo inaugurada en enero de este año en la comunidad purépecha de Opopeo, en Michoacán.

Felícitas y Teresa rompieron el silencio, sus voces dejaron eco y siguen presentes en las montañas. En el Día Internacional de la Mujer Indígena, que se conmemora el 5 de septiembre, las recordamos, así como a todas las mujeres triquis que lucharon desde la dignidad, la valentía y la fuerza. Las nombramos con la esperanza de que, un día, el foco sea la celebración de sus logros en vida y no una exigencia de justicia ante su ausencia. 

*Lucía Moguel es investigadora del área de Investigación y Gestión de Conocimiento en ARTICLE 19 México y Centroamérica.

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