Día Internacional del Trabajo Doméstico

blogeditor · 22 de julio de 2019

Día Internacional del Trabajo Doméstico

A fin de reconocer el trabajo que las mujeres realizan en sus hogares sin recibir remuneración económica, el 22 de julio se conmemora el Día Internacional del Trabajo Doméstico. Históricamente las tareas domésticas eran ejecutadas junto con otras actividades ligadas a la producción. Al llegar la industrialización, el ámbito doméstico fue separado del de la producción y se establecieron poco a poco las actividades que debían realizar las mujeres y los hombres, lo que determinó una división del trabajo en función del sexo: al hombre se le asignó el papel de “proveedor” de la familia, a cargo de las tareas productivas fuera del espacio doméstico y comenzó a recibir una remuneración por ellas; la mujer quedó a cargo de las responsabilidades reproductivas, del hogar, la familia y la crianza de los hijos e hijas, tareas sin remuneración.

En nuestro país, como en el resto de América Latina, persisten dos estereotipos muy arraigados que residen en la base de las tensiones entre trabajo y familia: el primero, que las mujeres son responsables del cuidado de la familia, hijos e hijas como su principal tarea; el segundo, que las mujeres constituyen una fuerza de trabajo secundaria, cuyos ingresos son un complemento de los recursos generados por los hombres. Dichos estereotipos no coinciden con la realidad, ya que desde hace muchas décadas las mujeres han ingresado al mercado laboral; no obstante, la desigualdad estructural basada en la masculinidad hegemónica genera condiciones laborales y familiares que hacen imposible cumplir totalmente con ambas responsabilidades, de modo que millones de mujeres pasan la vida cubriendo dobles jornadas: la laboral y la de responsabilidades familiares y del hogar, en condiciones extenuantes, de alto nivel de estrés y sin lograr cubrir completamente su cometido.

Esta desigualdad estructural y la división tradicional de roles impiden a las mujeres el acceso pleno a sus derechos humanos pues se ven afectados sus derechos laborales ya que, independientemente de si tienen un trabajo remunerado (TR) o no, continúan con cargas mucho mayores de trabajo no remunerado (TNR), tanto en lo relativo al trabajo doméstico como preparar y servir alimentos, limpiar la casa, lavar o planchar la ropa de la familia, hacer las compras para la comida o la limpieza, como al trabajo de cuidado, ya sea de las y los hijos menores de edad o de familiares con alguna discapacidad o familiares adultos mayores.

Según datos de Mujeres y Hombres en México 2014, sumando el TR y el TNR se tiene que las mujeres, en 2012, dedicaron 2 mil 520 millones de horas a la semana a trabajar, mientras que los hombres dedicaron 2 mil 158 millones de horas: por cada 10 horas de trabajo de las mujeres, los hombres trabajan 8.6 horas. El análisis de las horas trabajadas muestra la desigualdad que existe en las contribuciones que hacen hombres y mujeres a la producción general de los bienes y servicios. Esta diferencia de la carga global está determinada por la división sexual del trabajo, que suma las horas de TR con las horas de trabajo dedicadas a las actividades de la crianza y mantenimiento del hogar (TNR), lo que revela claramente la desigualdad entre hombres y mujeres.

Al revisar el porcentaje de tiempo dedicado al TNR y al TR puede observarse que las mujeres, en ese mismo período, dedicaron 65.2 por ciento de su tiempo total de trabajo al TNR, mientras que al TR dedicaron 33.5 por ciento de su tiempo. Por su parte, los hombres dedicaron 76.2 por ciento de su tiempo al TR y al TNR le destinaron 21.1 por ciento de su tiempo.

Como se ha visto, la irrupción masiva de las mujeres en el mercado laboral no se ha correspondido con una menor carga de trabajo en el hogar o una redistribución de los roles tradicionales de género, sino que más bien ha reforzado su doble jornada. Para las que trabajan, las responsabilidades familiares que sostienen de manera desigual representan problemas adicionales, pero esto no es un “problema de las mujeres”, sino de las familias, en las que todos los integrantes deben compartir derechos y responsabilidades. También es un problema de toda la sociedad, empezando por el Estado que se encuentra obligado a proteger, respetar, garantizar y promover todos los derechos humanos para todos y todas.

En este contexto, la conciliación con corresponsabilidad entre vida laboral y personal o familiar se muestra como una de las políticas públicas y normativas más urgentes en nuestro país. Para hacer frente a estos problemas se requiere planeación, diseño, desarrollo, seguimiento y evaluación de una política integral de conciliación corresponsable de la vida laboral y personal que incluya la participación de todas y todos los involucrados.

@GIRE_mx