DF a pie

blogeditor · 11 de septiembre de 2012

DF a pie

Por: Rodrigo Díaz

 

La falta de énfasis en las políticas públicas ha hecho del peatón el gran damnificado de la ciudad. Una buena red peatonal empieza por las banquetas de la propia colonia.

A pesar de que 3 de cada 4 viajes en la ciudad de México se hacen parcial o totalmente a pie, el espacio para caminar en la capital es de una calidad más que deficitaria. Es cosa de ver la banqueta que está frente a nuestra casa o lugar de trabajo y descubriremos un espacio discontinuo, inseguro, agresivo, lleno de baches y obstáculos, invadido por ambulantes y automóviles, poblado de postes, teléfonos inservibles, jardineras sin plantas en su interior, imposible de recorrer para una persona en silla de ruedas o junto a  un niño en una carriola.

El no pensar cómo caminamos en nuestra ciudad tiene sus costos. Y altos. Cada año, son más de 600 los habitantes de la ciudad de México que mueren atropellados, en gran medida por el inadecuado diseño y peor mantenimiento de sus calles y banquetas. Mucho mejor no le va a más de las 200 mil personas con discapacidad que ven seriamente limitados sus derechos más fundamentales por el hecho de vivir en una ciudad que les impide desplazarse libremente. Tampoco nos puede extrañar que el país se esté llenando de niños con sobrepeso si ellos no cuentan con un espacio atractivo y seguro donde caminar, correr y jugar.

Aunque la creencia extendida diga lo contrario, nuestra capital tiene todo para ser una ciudad caminable: la mayor parte de su superficie es plana, cuenta con un clima privilegiado, hay buena conectividad vial, es densa, y abunda la mezcla en los usos de suelo. Estos tres últimos factores hacen que gran parte de nuestros desplazamientos sean cortos, de menos de un kilómetro, la distancia ideal para ser cubierta a pie. ¿Qué nos falta entonces? Dos cosas: que el espacio donde se desarrolla la caminata sea cómodo, atractivo, seguro y accesible, y que conforme una red complementaria a las de bicicleta y transporte público.

Trabajo de sastrería urbana, el desafío de reparar, conectar y completar un espacio desatendido por décadas es gigantesco, pero no imposible. Por ello, y por su carácter de urgente, es que propongo la creación del programa DF a Pie, plan integral que considera al peatón como eje de toda política de movilidad urbana, y que tiene como objetivos prioritarios hacer de nuestras calles lugares más seguros –disminuyendo la alta tasa de víctimas de accidentes de tránsito-, más accesibles –permitiendo que cualquier persona, sin importar su condición, pueda gozar de los beneficios de vivir en una ciudad-, y más atractivos, que finalmente las ciudades se inventaron para ser gozadas, y ese gozo siempre es a pie.

Van tres medidas para empezar:

  • Mejorar del espacio peatonal, particularmente de los cruceros, a lo largo de ejes de transporte público y áreas de alta concentración de actividades. Particular atención se deberá prestar a los grandes ejes viales, donde se produce un tercio de los atropellamientos en la ciudad.
  • Mejorar las condiciones de accesibilidad en transporte público y puntos conflictivos para personas con discapacidad o movilidad reducida. Los puentes peatonales deberán ser demolidos y reemplazados por pasos a nivel de suelo, o al menos acondicionados con elevadores y rampas.
  • Plan de educación vial en escuelas, que incluya el mejoramiento en las condiciones de accesibilidad a las mismas. Deberán hacerse campañas de educación de manera permanente, haciéndolas extensivas a peatones, automovilistas, motociclistas y ciclistas.

Suena ambicioso, pero los costos y tiempos de implementación son mucho menores a los de cualquier segundo piso, ofreciendo resultados que inciden directamente en la calidad de vida de toda la población. Y es que pensar en los peatones es pensar en ciudades más atractivas, seguras, equitativas e incluyentes. No se trata de llenarnos de bulevares parisinos, ni de peatonalizar completamente todas las calles, sino sencillamente de hacer que cada banqueta, cada crucero, esté pensado y construido a escala humana. La ciudad de México puede lograrlo; el pensar cómo se camina en ella debiera ser el primer paso para que con toda propiedad pueda llamarse una ciudad de vanguardia.

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*Rodrigo Díaz (@pedestre), arquitecto de la Universidad Católica de Chile y Maestro en Planificación Urbana del Massachusetts Institute of Technology, en la actualidad está a cargo del programa de política pública del Centro de Transporte Sustentable EMBARQ México. Usuario del transporte público y peatón por convicción, escribe sobre temas urbanos en distintos medios nacionales y extranjeros y en su blog Pedestre.