Redacción Animal Político · 9 de mayo de 2025
Mamá no suele preocuparse por sí misma. Su rol de género se lo impide, porque le exige ser siempre fuerte, incansable, la mejor. Mamá no me lo dice, pero está cansada de la doble y triple jornada laboral. Tanto, que para resistir este ritmo de vida echa mano de algunas herramientas, conocidas como sustancias psicoactivas (SPA).
Puedo llamarle café del diario, tabaco ocasional entre reuniones, botellita escondida entre las ollas de la cocina o copas del fin de semana para el desestrés. Son sustancias de apoyo para cumplir con jornadas imposibles. Aunque otras sustancias estimulantes, como la metanfetamina, también movilizan la energía de mujeres en México que son madres, en maquilas e industrias.
Del tipo que sea, hay una larga historia de uso de SPA que forma parte de los estilos de vida de las mujeres, y que se entrelaza con el mandato de ser la mamá perfecta. Este mandato de género, que hoy día implica ser la administradora, proveedora y única responsable de la crianza, está negando a las mujeres la necesidad de reconocer sus propios límites de manera sistemática.
Para cumplir con las jornadas, sobre todo en contextos que las dejaron a su suerte, hay mujeres que están recurriendo al uso de SPA. Solo que no han tenido acceso a medidas, condiciones o información para su propio autocuidado durante el consumo.
No solo los hombres fuman, se embriagan y utilizan SPA durante su juventud y adultez. Las mujeres también, y cada vez más, participan en esta búsqueda de experiencias y sensaciones. Aunque en las vidas de ellas etapas como el inicio de la menstruación o la maternidad en algún momento se entrecruzan con sus consumos, y cuentan con poca información basada en evidencia al respecto cuando esto ocurre.
Mientras sabemos exactamente cómo el alcohol afecta el hígado de un hombre adulto, conocemos menos sobre sus efectos en el ciclo menstrual. No existen investigaciones formales sobre el uso de la cannabis para manejar el dolor posparto, aunque muchas mujeres lo consumen empíricamente. La ciencia estudió minuciosamente la disfunción eréctil inducida por SPA, pero aún no puede decirnos cómo interactúan estas mismas sustancias durante las distintas etapas del embarazo y la maternidad.
Incluso existe una preferencia por documentar los efectos del consumo sobre el feto que por centrar las investigaciones en el bienestar, la salud o las experiencias de las mujeres. Son omisiones que dejan nuestros consumos a ciegas.
Recientemente, desde el Instituto RIA lanzamos una encuesta dirigida a mujeres que han usado SPA durante distintas etapas de su maternidad, con el objetivo de identificar sus principales preocupaciones y necesidades. Hasta ahora, obtuvimos la participación de 74 mujeres que también son madres, aunque aún se tratan de resultados preliminares.
En las respuestas que hemos recibido, encontramos que hay consumos que ocurren durante la maternidad por distintas razones. Algunas mujeres han consumido SPA en momentos en que desconocían que estaban embarazadas. Otras experimentaron presión social para beber alcohol o utilizar otras sustancias legales, como medicamentos, y tuvieron la sensación de no tener por completo la decisión sobre propios consumos. Mientras que un último –y más pequeño– grupo de mujeres reportó algún tipo de dependencia hacia una SPA, que también representó su principal preocupación durante el embarazo.
El propio consumo figuró como la última preocupación de la mayoría de las madres que fueron encuestadas. De las 74 participantes, 48 se preocupaban por las consecuencias legales y sociales de sus consumos, como el estigma, la desinformación, la pérdida de la custodia de sus hijos e hijas, y el miedo a buscar ayuda médica debido a su uso de SPA, y 36 reportaron que se sentían principalmente preocupadas por la salud de su bebé. Solo un par de ellas mencionaron que su salud representó su principal preocupación durante sus embarazos.
Identificamos que hablar sobre el consumo durante la maternidad da mucho miedo. La mayoría no reporta su uso de SPA con el personal de salud, pero sí busca por su cuenta cómo puede cuidarse. A través de esta encuesta, mujeres que son madres nos han explicado que sus consumos son altamente juzgados, y que esto las motiva a optar por consumir solas o esconder sus propias necesidades.
Estos hallazgos sugieren que los protocolos médicos hacia las mujeres que son madres y usan SPA tienden a centrarse en penalizar el consumo. Podrían estar aumentando los riesgos hacia las mujeres y sus embarazos, al disuadirlas de buscar ayuda en los servicios de salud.
En este sentido, es contraproducente negar y estigmatizar los consumos de SPA de las mujeres que son madres. El ocultamiento es un factor de riesgo común de los consumos problemáticos. Mientras que la maternidad es una etapa de mucha exigencia e idealización para las mujeres.
La misma carga fisiológica, mental y social de la maternidad puede aumentar la ansiedad, la depresión o el deseo de consumir, sobre todo en las mujeres que enfrentan con dificultad esta etapa. Por otra parte, el personal de salud suele priorizar la abstinencia del consumo de las mujeres, en favor del bebé en camino, y las mujeres suelen percibir que su bienestar es invisibilizado por los procedimientos hacia este nuevo ser.
No todas disfrutan del proceso de crianza y esto no las convierte en malas madres. Las convierte en personas que requieren de cuidados, servicios médicos, sociales y psicológicos, que se adecúen a sus necesidades y sean efectivos en el reconocimiento de sus problemas. Es urgente que los sistemas de salud se actualicen para reemplazar esta lógica punitiva por enfoques de reducción de daños.
Sin embargo, uno de los principales problemas que enfrentamos para asesorar adecuadamente a las mujeres es la falta de información sobre los efectos de sustancias durante el ciclo menstrual, la lactancia, la gestación y la maternidad en general. Esta falta de investigación sobre la dimensión reproductiva es una gran desventaja, y ante esta brecha crítica, estamos sistematizando estudios disponibles y documentando experiencias directas.
Necesitamos conocer las experiencias de las mujeres, identificar sus prácticas de autocuidado en el consumo de SPA y construir evidencia sistemática. El fin es revertir esta desventaja y establecer una comprensión integral que facilite el acceso de las mujeres que son madres a los servicios de salud. Queremos aumentar la información disponible.
Si durante tu maternidad (embarazo, lactancia o crianza) consumiste SPA, tu experiencia será invaluable: te invitamos a que participes en esta encuesta anónima, que permanecerá abierta del 09 al 25 de mayo de este 2025. Buscamos transformar la desinformación en autocuidado. En los próximos días publicaremos la investigación completa, para que más mujeres cuenten con herramientas esenciales para gestionar sus consumos.
* Julia Anguiano Rosas es investigadora y analista de políticas públicas. Es licenciada por el Centro de Investigación y Docencias Económicas (CIDE) y responsable de investigación en el Instituto RIA. Lidera proyectos de investigación sobre usos de sustancias psicoactivas y políticas de drogas. Está interesada en impulsar políticas públicas sobre drogas centradas en la salud pública y en la producción de información local sobre su consumo.