blogeditor · 3 de febrero de 2015
Por: Esteban Manteca Melgarejo
Los candidatos independientes en México son una bocanada de aire fresco. Amplían las alternativas electorales y evidencian el hastío de una buena parte de la ciudadanía con la manera en la que está funcionando el sistema electoral.
Ese hartazgo genera que las propuestas ciudadanas partan de describir la bajísima credibilidad de los partidos. Incluso en varios casos el primer argumento a favor de las candidaturas independientes es, precisamente, “no ser de esos”. Posteriormente vienen las propuestas y las promesas de campaña. Los partidos son los malos de la película.
El descrédito de los partidos políticos no es un fenómeno exclusivo de México. Los ciudadanos de otros países democráticos también están hasta el copete de sus liderazgos políticos, en buena medida por la percepción de distancia entre las decisiones de los partidos y el resto de la población. No hay que sorprenderse: en México, los líderes partidistas siguen agandallándose mucho poder. Eso abona a la percepción de distancia: los partidos buscan votantes, no militantes. Es más barato, pues a los votantes se les convoca cada tres años, y a los militantes siempre. ¿Pa’ qué esforzarse de más?
Sin embargo, a pesar del descrédito de los partidos, hay que ser casi cínicos para reconocer que, debido a las reglas que los mismos partidos impusieron, los candidatos ciudadanos no serán los grandes ganadores de la jornada electoral. El final de la historia es que, el 7 de junio, tendremos los mismos partidos repartiéndose el poder, y a muy pocos (si es que alguno se cuela) ciudadanos independientes ejerciendo un cargo público.
[contextly_sidebar id=”lMxvzGGgrevGfLW2UM52j6263ag9QtWZ”]Tirar el esfuerzo que han hecho los candidatos ciudadanos por la borda sería imperdonable. Y está en los ciudadanos exigir que no nos den pan con lo mismo. Por tanto, es urgente pensar en qué hacer a partir del día siguiente de la elección para capitalizar dicho esfuerzo. Mi propuesta es ciudadanizar a los partidos: es decir, abrir los partidos políticos a que los ciudadanos participen directamente en su toma de decisiones, en particular, en la de elegir a sus candidatos.
Actualmente, los partidos (mediante sus reglas internas) eligen a quiénes pondrán en las boletas electorales. Eso genera, directamente, una élite que escoge primero las opciones que luego presentarán a los ciudadanos. Ellos son quienes definen el menú. En el mejor de los casos, los militantes del partido elegirían a esos candidatos (ellos participan en sus reuniones, pagan sus cuotas, discuten con sus colegas, etc.). En la práctica, el menú lo escoge un reducido número de líderes políticos, pero ¡todos comemos de ahí! ¿En serio que no podemos escoger?
Por eso, una buena alternativa para empezar a ciudadanizar los partidos es forzarlos a que se abran a los ciudadanos, precisamente porque, aunque haya candidaturas independientes, los partidos siguen siendo el trampolín más fuerte para llegar a los puestos de decisión política.
Ciudadanicemos a los partidos: empecemos con las candidaturas. Exijamos que todos los partidos abran la elección de candidatos a puestos de elección popular a la ciudadanía. El esfuerzo de los candidatos independientes de recolectar firmas, convencer vecinos, sumarlos a su proyecto, establece una relación directa entre los que firmaron y el candidato que les solicitó el apoyo. Hay un pacto: la firma por la lucha por una candidatura que los candidatos independientes deberán cumplir si quieren continuar con su carrera política, o si quieren seguir caminando por la calle sin vergüenza. ¿Por qué no hacerlo así en todas las elecciones de candidatos?
Incluso se podría ir más allá: proponer reformas a la legislación electoral, a fin de que los ciudadanos en grupo puedan presentar una candidatura ante el partido de su preferencia. Y que el partido esté obligado a incluirlos en su elección interna. Y que la ciudadanía (militantes y no militantes) escoja a quién quiere ver en la boleta.
Las candidaturas independientes han emocionado a muchos. Sería una pena desperdiciar este capital político. Mejor pensemos en cómo aprovecharlo y juntemos propuestas para ciudadanizar a los partidos: empecemos con las candidaturas.
* Esteban Manteca Melgarejo estudió ciencia política en el CIDE y en Notre Dame. Es un apasionado de las causas perdidas (por tanto, fanático de los Pumas y de la democracia interna de los partidos). Es socio de GEA. Grupo de Economistas y Asociados.