Después de la revocación de mandato qué sigue…

blogeditor · 12 de abril de 2022

Después de la revocación de mandato qué sigue…

Escribo estas líneas desde el clamor ciudadano de lo que significa la participación política en un país preso de gobiernos autoritarios, corruptos y poco sensibles ante las demandas ciudadanas, que de a poco y cuesta arriban han ganado breves espacios de visibilidad, escucha y dignificación. Quizá es una crónica de una “muerte anunciada”, del día después del ejercicio de la revocación de mandato del pasado domingo 10 de abril. Fenómeno electoral y de participación que resultó ser ambiguo y contradictorio desde sus inicios, desarrollo, gestión y resultados. Con el contrasentido de una demanda ciudadana dictada desde los rincones del palacio y no a partir de las necesidades de los mexicanos de a pie.

No sé realmente si estamos conscientes de que el voto, el derecho de asociación política y la participación son nuestro único derecho político-electoral, que consiste en votar y ser votado. Importante enfatizar al electorado que a través de estas herramientas se pueden hacer posibles nuestras demandas y exigirles responsabilidades a los gobernantes. Además de tener claro esto, quizá es momento de seguir reflexionando, reconocer y asumir que el sufragio universal no es el fin último de un proceso democrático, por el contrario, debería ser el inicio de nuestro compromiso ciudadano con el país, la sociedad, la soberanía y con nosotros mismos.

El ejercicio de revocación de mandato, al menos en un corto plazo, nos vuelve a mostrar los rostros de la polarización; las visiones encontradas, emociones descarriadas, que confunden filias y fobias con los conceptos de derecha e izquierda. Los sí y los no, los blanco y negro de un país que es multicolor, de matices y problemas profundos.

Al no llegar al 40 por ciento de participación para el efecto vinculatorio, ¿qué pasará entonces con mi voto y el de millones de mexicanos? ¿De qué forma nuestros políticos canalizarán esta experiencia para encaminarnos a un México más maduro y fortalecido en su democracia? ¿Tuvo sentido participar? ¿O se volverá parodia un tema en esencia sensible y prioritario?

Se politizó un tema ciudadano desde el poder, en un franco sinsentido. El dialogo político, gobernador-gobernado, se transformó en propaganda, a favor o en contra de una figura de poder que es el ejecutivo. Un ejercicio de avanzada se pervirtió en un experimento de culto personal, en donde la legalidad se transformó en la ley del oeste y del más fuerte, y el ciudadano quedó como actor de reparto cuando debió de ser el protagonista.

El resultado que surja puede ser lo de menos.  La gran tragedia será que cualquier opción que se haya decidido el domingo de abril resulte en la “nada” ciudadana y en el “todo” poderoso.

En este punto ese “tanto para nada” puedes ser una realidad.  Por otra parte, el llamado a no votar sienta un precedente que anula futuras prácticas participativas. Presiento que muchos de nosotros han perdido la fe en procesos de este tipo, porque en pasadas ocasiones se han realizado a mano alzada y con el menor rigor funcional y metodológico, sobre todo desdeñando las opiniones del pueblo y con la última palabra desde el poder.

¿Cómo devolver el poder que tiene el sufragio en sí mismo? ¿Qué hacer con los jóvenes cuando cada vez se percibe que se alejan de sus derechos? ¿Cómo explicarles que la participación va más allá del debate digital? Definir que un voto no es un like, y que existe una vida allá fuera.

Lamentablemente, en este caso la discusión se centró en acudir a votar o no votar; sin embargo, lo importante se quedó en un segundo plano y tiene que ver con la importancia de crear e implementar ejercicios y mecanismos de participación democrática para los gobernados. El saber que se cuentan con valiosas herramientas para elegir posturas y apuntalar nuestras demandas. Urgente ampliar la discusión del sentido del voto y su ejercicio.

A pesar de lo que surja de esta consulta, inmersa en el caos de nuestros días, del daño de la interminable pandemia y de la amenaza de una guerra mundial, es prioritario afirmar que el principio de nuestra libertad empieza con nuestro derecho a elegir.  A elegir de verdad.

* Ana Lara (@analaral3) es Doctora en comunicación y pensamiento estratégico, además de asesora en proyectos electorales y políticos.