¿Despreciamos la curiosidad? (II)

blogeditor · 20 de diciembre de 2013

¿Despreciamos la curiosidad? (II)

Por: Manuel Bravo (@manubravo26)

 

“La gente vive años y años pero, en realidad, únicamente durante un tiempo

vive de verdad y es cuando consigue hacer aquello para lo que nació”.

Alessandro Baricco

 

¿Cuántos niños en su paso por este mundo solamente han sobrevivido, pero no vivido? ¿De cuántas personas nos hemos privado -como sociedad- la maravilla de encontrarnos con la mejor versión de sí mismos? Es altamente probable que la respuesta sea devastadora.

La educación y con ella la escuela, uno de sus brazos más importantes, nos pueden empoderar. Posibilitan o aplastan el encuentro de uno con su mejor versión. No me refiero a la nefasta idea de algunos maestros que nos decían: “estudia para que seas alguien en la vida”. Pero ¡si ya somos alguien en la vida! pensaba en mis adentros.

Me refiero a los encuentros imaginarios: quiero lograr eso, porque quiero ser aquello. Es rascar, explorar y curiosear con la posibilidad de ser una nueva versión de uno mismo; de reinventarnos. La curiosidad más importante del ser humano es la de explorarse a sí mismo: ¿quién soy?

[contextly_sidebar id=”f061e417697a4705e0df5df940b9caa0″]Pero esa búsqueda se logra cuando otros aspectos básicos se han satisfecho. Una breve historia. Estuve con Joseph Kim hace unas semanas. Fue un regalo para mí haberlo conocido. Es tímido, curioso y sonriente. A los cuatro años, Joseph vivió la hambruna de 1994 en Corea del Norte. Aún recuerda comenzar su día a las cinco de la mañana y terminar a las doce de la noche buscando comida. El hambre, dice Kim, es desesperanza y humillación. Más de un millón de coreanos murieron de hambre; su padre fue uno de ellos. Joseph presenció el momento en que su padre se desvaneció. En el mismo año, su madre desapareció y su única hermana decidió cruzar a China para encontrar dinero y comida para los dos. Se quedó solo ante el mundo.

Desde entonces Joseph relata que su vida fue difícil pero muy sencilla. Su objetivo era encontrar comida en la basura. Sus amigos eran niños como él, de la calle. Afirma que son las personas más alegres que ha conocido. Comenzó robando comida de los carritos del mercado y luego trabajando a cambio de ella. Vivió con la esperanza de que su hermana lo despertara un día en la calle con su platillo favorito. Esa esperanza lo mantuvo vivo.

Solamente con la esperanza decidió cruzar la frontera. Una frontera en la que, si te descubren los coreanos te tiran a matar; si te atrapan los chinos te regresan a tu país con severos castigos físicos. Joseph la cruzó de día porque aún era niño y le asustaba la oscuridad. Llegó a China en 2006 a los 16 años. Vivió como refugiado en China, hasta que un activista lo llevó a Estados Unidos con una familia. Comer tres veces al día con su familia adoptiva era asombroso.

Kim narra que incluso en Corea del Norte la escuela le resultaba un asunto difícil. Su padre le insistía que estudiara con ahínco, pero a Joseph no le gustaba, lo cual desilusionaba a su padre. Para honrar a su padre biológico, tomó en serio la escuela. Y por primera vez en su vida, recibió un premio académico por excelencia.

Pero la esperanza, por sí sola, no basta, dice Kim. Explica que mucha gente lo ayudó para estar en el lugar actual. Hoy, Joseph Kim está contando su historia en el mundo para lograr dos objetivos. Encontrar a su hermana y generar conciencia en las personas para ayudar a los Joseph’s que, como él, sobreviven con la esperanza de vivir. Su combustión interna es asombrosa.

 

 

Lo mismo sucede con la curiosidad. Es buena, pero no basta por sí misma En el artículo previo sostuve que la curiosidad está francamente olvidada en México. Considero que cultivar la curiosidad siempre es importante. Porque platica con la imaginación, la creatividad y el pensamiento complejo. Se vuelve trascendente cuando construye. Porque  concreta la curiosidad en algo: un invento, un hallazgo, una forma de pensar, un descubrimiento. Pero la curiosidad realmente adquiere su cénit cuando se orienta a la ayuda. Exploré, lo concreté en algo y ayudé a alguien. Son esas personas que cambiaron la vida de otros: encontraron la cura a una enfermedad o una nueva solución a un problema para ayudar a otros. Aterrizaron en acciones sus reflexiones (como el activista que rescató a Joseph o sus padres adoptivos que tenían la curiosidad de ser padres). En fin, curiosearon en algo que benefició a otras personas. Conectaron su curiosidad con la empatía y actuaron.

¿Cuántos Joseph’s existen en nuestro país? No lo sabemos. Pero ¿cuántos sobreviven en México como Joseph Kim y cuántos más permitiremos que sigan sobreviviendo,en lugar de explorar la mejor versión de sí mismos, viviendo?

Hace unos días se presentó el Ranking Nacional de Nutrición Infantil (RANNI) que mide la desnutrición crónica, la anemia y la lactancia materna exclusiva. Según el RANNI, la prevalencia de anemia en México es peor que la de África. En Chiapas tres de cada diez niños padecen desnutrición crónica (14% promedio nacional) y en Campeche tres de cada diez niños tienen anemia (23% promedio nacional). Recientemente UNICEF y CONEVAL nos informaron que la incidencia de pobreza infantil en México se presenta en uno de cada dos niños (53.8%). Con extremos como Chiapas en 84% y Nuevo León en 26%. Con indignantes cifras como las de Oaxaca en donde la pobreza infantil “extrema” carcome a tres de cada diez niños.

Entinto esto con la esperanza de que quien lo lea cambie algo internamente, se sacuda de los pretextos. No involucrarnos con los otros y sus vidas es hacernos aliados de la inercia, es cooperar para que las cosas se mantengan igual.

¿A cuántos más observaremos como un dato? Cada número duele; tiene un rostro y una historia, como la de Joseph Kim. Tenemos que compartir la convicción que Amartya Sen expone en su libro La Idea de Justicia (2009): “…claramente existen injusticias remediables en nuestro entorno que queremos eliminar”.

El RANNI defiende que cuando un niño se nutre, México se desarrolla. ¿Puede la escuela ser un espacio para nutrir una curiosidad que construya y ayude a los demás? Por supuesto que sí.

 

* Manuel Bravo es investigador de Mexicanos Primero (@Mexicanos1o)