La desinformación en salud se ha convertido en una lucha ética y social

Redacción Animal Político · 3 de diciembre de 2025

La desinformación en salud se ha convertido en una lucha ética y social

En nuestros tiempos, la desinformación en temas de salud se ha convertido en una lucha ética, social y, sobre todo, política de proporciones desbordantes. Este fenómeno se debe a que la información, de dudosa procedencia, circula de manera rápida por medio de plataformas digitales, cuestionando en todo momento la veracidad y la confianza en las ciencias. Autores como Naief Yeyah y el italiano Giovanni Sartori ofrecen mucho material con perspectiva filosófica para comprender de manera critica este fenómeno.

El mexicano Naief Yehya aborda de manera hábil los cambios sociales de nuestros tiempos, provocados por la tecnología y los medios de comunicación (entre ellos Instagram, TikTok, Youtube y X, que las nuevas generaciones consideran medios legítimos de comunicación). Para Yehya nos encontramos en un entorno mediático, dominado por los medios que alimentan la paranoia y la sumisión, donde la desinformación funciona como una estrategia deliberada para influir en las decisiones y comportamientos de la población.

La saturación de la información y la creciente cultura de la inmediatez están desgastando el pensamiento crítico, lo cual tiene como resultado la difusión de mensajes manipulados y de confusión.

El italiano Giovanni Sartori en su libro Homo videns: sociedad teledirigida ofrece una interesante reflexión sobre la influencia de las imágenes y los medios audiovisuales, de los que podríamos decir que cuadran o se insertan perfectamente con las redes sociales actuales, en las que se produce, en todo momento, una superficialidad cognitiva que debilita el pensamiento crítico. El aumento de la información falsa ha limitado la habilidad de la población para tener procesos racionales y fundamentados.

A partir de la postura de ambos, podemos considerar que es necesario replantear las prácticas al compartir información, fortalecer la divulgación científica y favorecer la reflexión profunda.

Un referente cercano a nosotros sigue siendo la pandemia por COVID-19, en la que la desinformación propició la desconfianza hacia las vacunas, a los desarrollos tecnológicos en materia de salud, y a la ciencia misma. De lo anterior, debido a la fuerza mediática de las redes sociales, circularon tratamientos no comprobados o los clásicos remedios de la abuela para paliar (según la población que los usó) el virus. Lo anterior significó un retraso en los esfuerzos internacionales para la inmunización internacional, lo que provocó que la pandemia durara más y que aumentaran las muertes que pudieron evitarse.

Los vecinos y amigos lanzaban recomendaciones en sus redes sociales propiciando la toma de decisiones de los demás. En este punto se debe tener claro que es ético y responsable socialmente que las plataformas digitales y el aparato mediático verifiquen la información antes de difundirla.

Retomando las reflexiones de Yehya y Sartori sobre la saturación de información y el dominio de lo visual, los elementos que causan el debilitamiento del pensamiento crítico o su proceso racional se convierten en una herramienta que puede perpetuar estigmas sociales. Un caso particular es el de temas como el vih / sida, en torno al cual circula en medios de comunicación contenido científico sin sustento, lo que produce contenido de gran viralidad, pero sin ser veraz.

Esta es otra cara de la moneda, ya que muestra que la desinformación impacta en la percepción sobre las enfermedades y, aunado a ello, profundiza la desigualdad estructural en las poblaciones vulnerables. Lo anterior genera narrativas reduccionistas con etiquetas debido al miedo, el rechazo y la exclusión. Nace un estigma social a partir de esta desinformación que levanta un muro e impide la empatía y la solidaridad.

La desinformación es un asunto ético

El compartir información falsa es un problema ético y epistemológico con efectos de gran impacto social; frente a esto, la divulgación científica debe dejar de ser un simple acto de informar por informar, y pasar a ser un acto de informar crítica y reflexivamente, que motive un pensamiento profundo en todo momento. Es decir, este debe ser el fin último al compartir información.

George Orwell, en una de sus obras más destacadas –1984- menciona que “quien controle el presente, controla el pasado, y quien controle el pasado controla el futuro”, con lo que destaca el poder de manipular la realidad y la verdad. Lo anterior resuena en nuestros días cuando la divulgación científica debe ser vista y defendida de manera pública ante toda la fuerza mediática actual.

De ahí que debemos replantear el papel de los medios de comunicación, ayudándolos a tener conciencia o una alfabetización de su labor en lo social, y sobre el impacto de la información, en la que la ciencia pueda enfrentar la desinformación desde una postura ética, un espacio mediático con rigor científico y, por ende, con una responsabilidad cultural y social.

Es importante pensar en una alfabetización mediática que promueva una sociedad capaz de diferenciar entre certeza o confusión, evidencia o manipulación. En cuanto tengamos una sociedad con la capacidad de diferenciar esto podremos esperar la transformación de la divulgación científica que buscará sembrar pensamiento crítico.

Adela Alba Leonel es doctora en Ciencias de la Salud, profesora de carrera titular “A” de la Facultad de Enfermería y Obstetricia, y profesora de asignatura “A” de la Facultad de Medicina; docente de pregrado y posgrado en ambas facultades. Ha realizado publicaciones nacionales e internacionales en revistas científicas y capítulos de libros. Su investigación se ha desarrollado en hipertensión arterial, diabetes mellitus, fármaco-epidemiología, automedicación, acupuntura, prescripción, COVID-19, enlace de turno, cuidado de la salud mental e inteligencia artificial en salud. Miguel Ángel Mejía Argueta es egresado de la Licenciatura en Informática de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM; cuenta con las maestrías en Administración de Organizaciones y en Prácticas Educativas Innovadoras, y el doctorado en Educación. Tiene 20 años de experiencia en actividades de alta especialización en diversas áreas de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, tales como acervos digitales, bases de datos y herramientas de Inteligencia Artificial. Felipe Antonio Popoca Soto es estudiante del doctorado en educación; es director de nivel medio superior y ha liderado la Fundación Don Bosco en Emiliano Zapata, Morelos, gestionando recursos y creando ambientes laborales saludables. Coordina proyectos de docencia en humanidades, incluyendo filosofía y ética; está certificado en educación para la paz y como tercera parte neutral.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad exclusiva de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

Referencias:

  • Yehya, Naief. La globalización y sus medios: comunicación, cultura y sociedad. Universidad Autónoma Metropolitana / Siglo XXI Editores, 2002.
  • Sartori, Giovanni. Homo videns: La sociedad teledirigida. Ediciones Laterza, 1997.
  • Orwell, George. 1984. Siglo XXI Editores, 1990.