Las desigualdades comienzan desde la niñez: invertir en la primera infancia para combatir la pobreza

Opinión y Análisis · 26 de octubre de 2026

Las desigualdades comienzan desde la niñez: invertir en la primera infancia para combatir la pobreza

Por Ixchel Beltrán*

En México, el lugar donde nace una niña o un niño, los ingresos de su familia y los servicios disponibles para su familia y de su comunidad influyen en sus posibilidades de crecer con salud, aprender y desarrollar sus capacidades. La pobreza no significa solamente que en el hogar falte dinero, también puede significar no contar con alimentos nutritivos, atención médica oportuna, seguridad social, una vivienda segura, servicios de la vivienda como agua potable o servicios de educación.

En 2024, 4 de cada 10 niñas y niños menores de cinco años (41.9 %) se encontraban en situación de pobreza, siendo la primera infancia el grupo de edad con mayor posibilidad de encontrarse en esta situación en el país. Detrás de este porcentaje hay casi 5.2 millones de historias en las que las oportunidades comienzan a reducirse incluso antes de aprender a hablar.

La primera infancia es una etapa decisiva para el desarrollo físico, cognitivo, emocional y social, crecer en condiciones de pobreza aumenta el riesgo de que las desventajas se prolonguen a lo largo de la vida. Una alimentación insuficiente puede afectar el crecimiento y el desarrollo cognitivo. La falta de atención médica puede convertir un padecimiento prevenible en una dificultad permanente. La ausencia de servicios de cuidado puede obligar a muchas familias, especialmente a las mujeres, a reducir sus jornadas laborales o abandonar sus empleos.

En el caso de la pobreza extrema, una misma niña o niño puede enfrentar dificultades de acceso a la salud, la alimentación, la seguridad social, la vivienda y la educación, además de presentar ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades alimentarias. Garantizar condiciones adecuadas para crecer es una responsabilidad que debe encabezar el Estado: cuando hablamos de pobreza no se trata de una falla individual, sino de barreras estructurales: económicas, territoriales e institucionales.

El presupuesto público muestra qué temas se consideran prioritarios, a qué poblaciones se destinan recursos y qué servicios se fortalecen. Cuando la inversión en primera infancia es insuficiente, las consecuencias aparecen en centros de salud sin medicamentos o personal, comunidades sin acceso a educación preescolar y programas con cobertura limitada.

Actualmente, la inversión pública destinada a la primera infancia representa el 0.61 % del Producto Interno Bruto. Además, la participación del gasto dirigido a la infancia y la adolescencia dentro del gasto social disminuyó de 26.3 % en 2018 a 17.7 % en 2025; en el mismo periodo en primera infancia se ha mantenido alrededor de 3.6 %. Esto muestra que todavía se percibe como un gasto, no como una inversión estratégica. Reconocer la importancia de la primera infancia no basta: esa prioridad debe reflejarse en la asignación y el ejercicio de los recursos públicos.

¿Por qué es tan importante invertir en la primera infancia?

Invertir en los primeros años no solo debe justificarse por sus beneficios futuros, las niñas y niños tienen derecho a vivir bien ahora, aunque atender oportunamente su salud, nutrición, educación, cuidado y protección reduce costos posteriores, fortalece los aprendizajes y ayuda a romper la transmisión intergeneracional de la pobreza.

Convertir la primera infancia en una prioridad presupuestaria exige aumentar de forma sostenida los recursos destinados a las niñas y niños menores de seis años y proteger los programas esenciales. Implica combinar servicios públicos suficientes y de calidad con apoyos económicos, las transferencias pueden mejorar los ingresos familiares, pero no sustituyen una clínica cercana, vacunas, agua potable, alimentos saludables o educación inicial.

México necesita avanzar hacia un sistema de cuidados con enfoque de infancias. En 2024, la cobertura de estos servicios alcanzó apenas 13.2 %, ampliarla favorecería el desarrollo infantil, permitiría conciliar el trabajo con la crianza y contribuiría a reducir las desigualdades que enfrentan las infancias y sus familias.

El presupuesto debe asignarse con criterios de equidad: los territorios rurales, indígenas y con mayor marginación requieren más recursos, personal suficiente y estrategias pertinentes. Además de aprobar recursos, deben ejercerse a tiempo, llegar a las comunidades para las que fueron destinados y traducirse en bienes, servicios y resultados verificables.

Combatir la pobreza desde la primera infancia es actuar antes de que las desigualdades se acumulen y resulten más difíciles de superar; invertir desde los primeros años es construir un país más justo desde el comienzo, significa reconocer que cada decisión presupuestaria tiene efecto en la vida de millones de niñas y niños.

El desafío de financiar adecuadamente la primera infancia no es exclusivo de México. En América Latina y el Caribe avanzar, hacia sociedades más justas también requiere que los compromisos con las niñas y los niños se traduzcan en decisiones presupuestarias concretas, sostenibles y orientadas a resultados.

En este contexto, del 10 al 12 de noviembre México será sede de la 1a. Cumbre Latinoamericana de Inversión en Primera Infancia, cuyo propósito será impulsar una agenda regional que garantice recursos suficientes y sostenibles para las niñas y los niños menores de seis años.

Invertir desde los primeros años es construir un país más justo desde el comienzo. Significa reconocer que cada decisión presupuestaria tiene consecuencias en la vida de millones de niñas y niños y que garantizar sus derechos no puede depender del lugar donde nacen ni de los recursos económicos de sus familias.♦ 

*Ixchel Beltrán es investigadora cuantitativa del Pacto por la Primera Infancia.

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