blogeditor · 3 de marzo de 2021
“Si tus fotos no son suficientemente buenas es porque no te has acercado lo suficiente”.
La frase del fotógrafo Robert Capa podría usarse para describir la forma en que, en la actualidad, se analiza la violencia en México y América Central.
En los últimos quince años, tal como la(s) violencia(s), se han multiplicado los análisis que intentan explicarlas. Aunque reconocemos el valor de estos trabajos, consideramos que muchos parten de perspectivas distantes, tanto física como analíticamente.
Esta distancia, reforzada con posturas sobre la llamada “violencia criminal” o los “conflictos armados”, entre otras, ha perjudicado el entendimiento analítico e influenciado las representaciones populares acerca de las dinámicas locales de seguridad, gobernanza y (des)orden en la región. Así, se aceptan narrativas cada vez más generales y auto-reafirmantes en las cuales la violencia es un fenómeno a-histórico y a-social, que pertenece a un mundo oscuro, y que trastoca a una sociedad sana y funcional.
Nuestro trabajo y enfoque
La premisa política es clásica: el Estado sería el garante del monopolio de la violencia legítima. Sin embargo, la realidad social en la región – y en gran parte del mundo – es otra. De hecho, el proceso histórico de formación de los Estados y democracias de la región se ha desarrollado a lo largo de décadas de violencia pública y privada, tanto legítima como ilegítima. Dan cuenta de ello enésimos ejemplos de tortura, detenciones ilegales, ejecuciones, desapariciones y desplazamientos forzados para la consolidación del poder.
En este largo e inacabado proceso, el Estado nunca reivindicó, en la práctica, el famoso monopolio de la violencia legítima. Siempre lo ha compartido con y/o delegado a actores no estatales, legales e ilegales, que participan de la construcción del orden político y social.
Para entender las dinámicas sociales de la violencia que agitan los países de la región debemos tomar cierta distancia respecto a la teoría clásica del Estado. Si queremos describir y entender lo que sucede en la realidad tenemos que observarla tal y como es, y no como teóricamente esperamos que sea.
Ahora bien, cuando la violencia se atribuye a una “guerra” entre cárteles o pandillas, perpetradores y víctimas son imposibles de distinguir. Ambos caen en la categoría de “gente violenta” que mata o muere porque sí, porque es parte de su razón de ser, porque persiguen un proyecto criminal racional, y porque eso implica formar parte del mundo del crimen, sea “el narco” o “las maras”.
Este tipo de análisis desatiende los factores estructurales que alimentan las prácticas violentas, crea una distancia moral entre los lectores y las víctimas o perpetradores de la violencia, e invisibiliza todas las dinámicas sociales que no se quieren, o no se pueden “medir”.
El resultado son estudios que producen conclusiones relacionadas con “la violencia” a partir de sus manifestaciones más obvias – el homicidio o el delito – alimentado así posturas reactivas y poco estimulantes.
Nuestra agenda
El Programa Noria para México y América Central busca romper con estos paradigmas gracias a la producción y difusión de un conocimiento que descanse en la investigación independiente e inédita. Nos interesa diseñar, apoyar y conducir proyectos sustentados en trabajo de campo y de archivo, producido en condiciones rigurosas y éticas. Buscamos describir y analizar las dinámicas de violencia desde su complejidad.
Se trata de tomar distancia del “festín interpretativo” -diría Carlos Monsiváis— de la violencia, a pesar de lo seductor y emocionante que pueda resultar. Desde esta convicción, argüimos que el análisis detallado de los contextos locales debe ser el punto de partida de este esfuerzo colectivo. Esto no implica negar o pasar por alto la magnitud e importancia de las crisis, u olvidarse de las articulaciones que existen entre las escalas locales, nacionales, e internacionales, sino apreciarla a partir de sus múltiples componentes.
Nuestros objetivos
Entonces, nuestra iniciativa está orientada por los siguientes ejes:
El desafío
En la región se observan múltiples y simultáneas crisis; algunas muy ostensibles, la mayoría casi invisibles o invisibilizadas, siendo más precisos. Seguimos sin saber lo que sucede en muchos rincones de la región y este es el principal desafío que reconocemos.
Fundamos el Programa Noria para México y América Central para analizar estas dinámicas a través de un compromiso metodológico común: el conocimiento empírico, principalmente basado en la presencia prolongada en el campo y que incorpore fuentes inéditas.
Esto supone un trabajo minucioso y demandante, pero renunciar a las narrativas simplistas también significa cuestionar la prisa por decir y concluir, antes que por comprender. Como nos lo enseñaron investigadores, periodistas, activistas y fotógraf(o)as de cuyo legado seguimos aprendiendo, merece la pena hacerlo en aras de acercarse mejor a estos fenómenos. Sólo así seremos capaces de “fotografiarlos” mejor.
* María Teresa Martínez Trujillo es Editora del Blog de Noria MXAC, Programa Noria para México y América Central (@Noria_mxac).