El desencuentro entre The Three Amigos en solo 4 actos

Redacción Animal Político · 7 de enero de 2025

El desencuentro entre The Three Amigos en solo 4 actos

En una entrega anterior en este mismo espacio, me referí a la histórica ceguera de México vis à vis Canadá, socio comercial miembro del TMEC e integrante estratégico de la plataforma o bloque regional que incluso sus detractores identifican ya sin resquemores como “Norteamérica”.

En estos días que tiene lugar la Reunión de Embajadores y Cónsules (REC) en la Secretaría de Relaciones Exteriores, no me puedo imaginar la explicación que el embajador mexicano no precisamente más presentable o informado en Ottawa, ni en consecuencia la ambigua disquisición que podría ofrecer al canciller De La Fuente el único funcionario de ínfimo nivel en esa secretaría de Estado, dada la relevancia que tiene Canadá no solo en términos políticos y económicos, sino ―y una vez más― hemisféricos para México en las partidas simultáneas de ajedrez que tiene por fuerza que jugar y para las cuales está ahora menos preparado que nunca antes.

Y ni hablar del jefe de la Unidad del malafortunado burócrata que atiende los asuntos canadienses desde la soledad de su escritorio en algún rincón oscuro y poco ventilado del piso 18 del edificio Juárez, sea con una bella vista al Palacio de Bellas Artes, sea a las infames calles donde se vende y se cocina de todo en cada esquina.

Que otros confíen en las palabras y mil muletillas de soporífera prosa oficiosa, abultadas sin ton ni son en un dizque informe de esos tres personajes. Mal harían en escucharlos el canciller de México y su jefa. Mejor aún, que ni cuenten con ellos, con suerte les va a ir mejor si no lo hacen.

Sucede que lo que está ocurriendo en Canadá impacta, en serio y de manera inmediata, a México. Explico los porqués.

La dimisión de Justin Trudeau ―más o menos esperada, más o menos anunciada― como primer ministro y líder del partido Liberal, activa no solo una bomba de tiempo en la política canadiense y las próximas elecciones en ese país, sino también en la relación con Estados Unidos y México.

De hecho, la salida de Trudeau ―precipitada y obligada por ministros y miembros disidentes de su propio gobierno, como es normal en las democracias parlamentarias― de la oficina del Primer Ministro, ubicada frente a Parliament Hill en el número 80 de Wellington Street, fue producto y resultado directo ―aquí no hay rollo mañanero y los hechos hablan por sí mismos― de la interacción entre Trudeau y Trump desde que este último anunciara el incremento de aranceles a los socios del TMEC en un 25 por ciento a partir del próximo 20 de enero.

Primer acto: Chrystia Freeland, la segunda mujer más poderosa dentro del gobierno, viceprimera ministra, exministra de Finanzas, exministra de Asuntos Exteriores que se las tuvo que ver no solo con el implacable Robert Lighthizer para sacar adelante la renegociación del Tratado de Libre Comercio, rebautizado como TMEC, sino además con Jesús Seade, el patriota que volaba a Las Vegas y Hong Kong a cuenta del erario mientras fungía como el negociador en jefe por la parte mexicana, rompió lanzas en serio con Justin Trudeau debido a sus “costosas marrullerías políticas” (costly political gimmicks), con lo cual renunció tanto a su cargo como a la merecida candidatura de sucesión en el partido Liberal. Quien fuera una política conocedora de México como pocos en Canadá, hoy desaparece de la escena. No menos importante resulta señalar que Freeland no solo es una de las mujeres políticas más respetadas del mundo, sino también una decidida defensora de Ucrania, ella misma hija de una inmigrante ucraniana, reportera y activista en Moscú durante sus años de juventud, por lo cual hasta la fecha es considerada persona non grata por el régimen de Vladimir Putin.

Segundo acto: las amenazas arancelarias de Trump clausuran de facto la larga y cuidadosamente preparada sucesión de Chrystia Freeland como primera ministra de Canadá, cargo para el cual no solo estaba más que preparada, overqualified, sino que además es un golpe directo a la política exterior solidaria con Ucrania desde el primer minuto de la invasión rusa. No ha anunciado sus planes futuros, nada le impide listarse como candidata, pero la bajísima popularidad del ahora exprimer ministro Justin Trudeau resulta un vínculo tóxico, la mejor manera de apoyarla para que pierda hasta su escaño en el Parlamento.

Tercer acto: que me sea perdonada la expresión, pero esta es la hora, el momentum del Trumpito canadiense, Pierre Marcel Poilievre, líder del Partido Conservador, un político de cuarenta y cinco años pero quien cuenta con experiencia ministerial relevante en el anterior y largo invierno del gobierno conservador. Es la imagen polar en el espejo de Donald Trump. Ambicioso como pocos, destruyó al Partido Conservador tal como Trump desbarató a los Republicanos. No es un estadista como Brian Mulroney y otros conservadores no menos ilustres: John Diefenbaker, Joe Clark, entre otros. Es un populista capaz de decir cualquier cosa. Es aislacionista en política exterior y proteccionista en comercio y relaciones económicas. Será, junto con Trump, la pesadilla de México a la hora de cobrarse las facturas de las empresas canadienses de energías renovables duramente castigadas durante el sexenio pasado y, desde luego, hacer mancuerna ideológica y política perfecta en contra de los negociadores mexicanos que saben mucho de grilla y no entienden nada de comercio internacional, estructuras arancelarias, normas de origen, salvaguardas, las MPP y las MSF…**  Espero, por el bien de los recursos que nos son propios del pueblo de México, que el director de PEMEX haya tomado nota del repunte inmediato en bolsa de las compañías canadienses de petróleo y gas, la mayor parte de ellas ubicadas en la provincia de Alberta.

Acto final: las izquierdas mexicanas (incluso algunos malinformados provenientes de la derecha wannabe) y latinoamericanas lo ignoran, o peor: simulan ignorarlo. Cada vez que peroran acerca de Cuba, sacan a relucir su ignorancia al declarar, el pecho inflado a reventar y la voz agitada por tanta emoción, que México fue el único país, el único sí, señores, ningún otro más en el continente, en negarse a romper relaciones con la isla capturada por Castro. Desde hace seis años, con casos como el de Perú y Ecuador, a eso se le llama “timbre de honor” (sic). La verdad histórica dice otra cosa: Canadá nunca rompió relaciones con Cuba, mantiene una embajada en forma, cada año miles de canadienses buscan deshielarse y exponer la panza al sol de la isla caribeña. O sea que su “timbre de honor” es mera y absoluta ignorancia, o bien ganas de decir lo que mejor convenga. Al nuevo dúo dinámico del populismo de Norteamérica ―no es que aquí, en territorio nacional, seamos menos populistas, pero por órdenes de arriba somos hermanos latinoamericanos―, se sumará, desde el 20 enero en Washington, D. C., la tercera rueda, la menor, del triciclo demente: Javier Milei.

Acto final Bis: México ya se puede ir olvidando de los fondos de Estados Unidos para que en la patria se siembre futuro, se siembre vida, se siembre otro maíz que no sea el transgénico. Guste o no guste, toda esa pasta, ché, toda esa guita, mirá que se va directo al campo argentino, a las inversiones en tecnología, en apoyo a las exportaciones ―mismas que irán a parar a Estados Unidos, en ponerle un dique geoeconómico a China en el cono Sur. Al fin la frasecita tan gustada y gastada por los diplomáticos mexicanos de fina alcurnia, se hará realidad: “la hermandad latinoamericana”, así sea a puros trompazos.

* Bruno H. Piche (@BrunoPiche) es ensayista y narrador. Ha sido editor, diplomático, promotor cultural y de negocios internacionales. Es autor de los libros Robinson ante el abismo, Noviembre, El taller de no ficción, Los hechos y más recientemente, La mala costumbre de la esperanza (Literatura Random House). En 2025 aparecerá su libro de ensayos biográficos del primer premio Nobel mexicano, Alfonso García Robles, por El Colegio Nacional, del cual García Robles fue un destacado miembro.

 

** Nota del autor: MPP es el método de producción y procesamiento. Se utiliza en casos en que la aplicación de políticas comerciales de un país cumplen el objetivo de garantizar que los productos importados (de México a EUA) hayan sido producidos en observancia con las normas nacionales o internacionales de producción o procesamiento. En términos del TMEC, EUA  (y Canadá) nos va a rebotar a granel leguminosas, soya, frijol, en una de esas hasta aguacate después del Super Bowl (es en serio), por razones fitosanitarias y para proteger a sus productores. MSF son las medidas sanitarias y fitosanitarias que integran todo el catálogo de requisitos técnicos especificando los criterios que garantizan la seguridad de los alimentos y la salud animal y vegetal. Las MSF son determinadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), no por la WTO (World Trade Organization), así que, de nuevo, EUA y Canadá se brincarán las trancas con tal solo hacer un “recall” de producto mexicano considerado dañino.