La experiencia de una médica mexicana de MSF

Médicos sin Fronteras · 29 de agosto de 2013

La experiencia de una médica mexicana de MSF

Ximena Campos Médica mexicana de MSF

“Cada paciente de VIH es un desafío distinto”

La Dra. Ximena Campos, nació en el Estado de México, tiene 28 años y es médica general egresada de la UNAM. Su primera misión con Médicos Sin Fronteras fue en Haití, asistiendo a los enfermos por la epidemia de cólera que se desató en octubre del 2010 en ese país, después de haber sufrido el peor terremoto en su historia. Su segunda misión junto a MSF fue en Mozambique, en la ciudad capital de Maputo, trabajando durante cinco meses en un proyecto con pacientes con VIH.

En 2012 y durante 15 meses Ximena aceptó cumplir su misión humanitaria en Camerún, trabajando con proyectos de VIH/Sida (especialmente con pacientes con resistencia al tratamiento) y coordinando el traspaso del proyecto de MSF al Ministerio de Salud del país africano.

La experiencia en Camerún

“Comencé como entrenadora y médica de VIH en el hospital de Duala, en Camerún, sin embargo en abril de 2012 también acudí a la emergencia por sarampión en el norte del país. En Duala, trabajaba en el Hospital de distrito de Nylon y en dos centros de salud de la ciudad. Era un proyecto piloto para dar apoyo a las estructuras locales del Ministerio de Salud de la Nación. A finales de mayo, me convertí en la responsable de las actividades médicas del proyecto de VIH y lo fui hasta el traspaso completo del proyecto a las autoridades sanitarias locales. Estos proyectos de VIH de MSF son, además de necesarios para las comunidades, muy interesantes para el médico: el paciente con VIH nunca es simple, más bien es un libro de medicina caminante, cada uno tiene cosas distintas y cada persona se vuelve un desafío para el médico. Hacíamos apoyo al ministerio de salud local, apoyo logístico, de consejería al paciente, algo de apoyo sicológico, educación terapéutica para que siga el tratamiento de manera más independiente. Nuestra organización también se hacía cargo de la base de datos que en muchos de estos lugares por ahí se cree que es un tema menor pero que a la hora de la organización del trabajo, es fundamental.

También realizábamos todos los exámenes de laboratorio, como la carga viral. MSF donaba tratamientos antirretrovirales en caso de ruptura de stock (cuando la subvención de Global Found no llega, las rupturas de stock en los hospitales públicos se vuelven frecuentes). Y también capacitábamos al personal local para que alcancen los niveles estándares de atención médica. El programa de asistencia a indigentes también era apoyado por MSF. Este proyecto se traspasó al Ministerio de Salud de Camerún, en marzo de este año.

Hay otro proyecto de MSF en la región especialmente dedicado al tratamiento de la úlcera de Buruli, en la provincia del centro, a media hora de Yaundé, zona endémica de este tipo de úlcera, pero no tuve oportunidad de conocerlo. Dentro de mis tareas más complicadas estuvo elaborar el reporte final del proyecto fue muy difícil porque debía reunir mucha información de cuatro años (desde Septiembre de 2009 hasta marzo de 2013), y no había tanta información como esperaba… Sin embargo, lo logré y me sentí muy bien al terminarlo. La cohorte total fue de 11,600 pacientes, al cierre del proyecto con 5,070 pacientes recibiendo tratamiento antirretroviral. Fueron pequeños desafíos que como médico no esperaba y que tuve que asumir.

Dos mexicanos en Garroua

En abril fui dos semanas a la urgencia de sarampión, en el norte, queríamos vacunar pero no se pudo, excepto en el extremo norte donde además hicimos evaluación por malnutrición y luego, el tratamiento de casos de sarampión. Revisamos el estado nutricional de los niños y los referíamos al centro de salud más cercano para hospitalizarlos o para darles seguimiento ambulatorio. Estuve dos semanas en el Hospital Regional de Garoua en apoyo justamente con otro médico mexicano de MSF, Franking Frías, que trabajaba de las seis de la mañana a las diez de la noche y necesitaba a alguien que le echara una mínima mano.

La vida diaria

Viví en una ciudad de costa, con el puerto más importante del África central, en la que hace mucho calor y hay mucha humedad. La comida local era carne guisada con cacahuate, mucho plátano macho, mandioca (la fruta y las hojas). Los platilos usuales eran macabó con hojas de mandioca, ndole un guisado de carne de res con hoja de ndole y llegué a probar el matangó que es un vino de palma, con un sabor parecido al pulque pero es una bebida que proviene de la palma”.

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