Desde el terreno: Chad, por Rubén Flores

msfmexico · 31 de mayo de 2012

Desde el terreno: Chad, por Rubén Flores

Rubén Flores, originario del Estado de México, licenciado en Administración de Sistemas de Salud en Emergencias, paramédico egresado de la Cruz Roja Mexicana , es el Coordinador de Logística-Adjunto de Médicos Sin Fronteras en la República de Chad.

Una cucharada de prevención vale más que dos de remedio

Logista mexicano, Rubén Flores en Chad

No diría que vacunar a 100,000 personas  en diez días contra la meningitis en Chad es difícil.  Difícil, no.  Re-difícil.

Recién llegado de México a Chad, durante los siguientes doce meses trabajaría como coordinador de la logística del programa de respuesta a urgencias de Médicos Sin Fronteras. Ese fue el primer desafío planteado por el Jefe de Misión: en diez días, vacunar el 100% de la población entre los 12 meses y los 30 años del distrito de Mandelia, justo al sur de la capital del país centroafricano, uno de los más pobres del mundo con una historia llena de guerras, golpes de estado, y crisis humanitarias, un pueblo orgulloso y  fuerte que no se da nunca por vencido.

La meningitis es una infección que afecta las membranas que recubren el cerebro; sin tratamiento, puede ser fatal hasta en el 50% de los casos.  En África, año tras año, esta epidemia ha dejado miles muertos y a muchos más con secuelas neurológicas por el resto de sus vidas. Utilizando una nueva vacuna que durante diez años protege contra las epidemias, nuestro equipo sería el primero en comenzar lo que podría ser el comienzo del final de una de las enfermedades más devastadoras en Chad.

Del reto no cabía duda, ni de lo que se esperaba de nosotros: nada menos al combate de la meningitis en Mandelia este año. Para Médicos Sin Fronteras, organización dedicada  a brindar asistencia médica a poblaciones afectadas por conflicto y desastres naturales, hecha experta en la materia a base de más de cuarenta años trabajando en más de 80 países- desde  las guerras de Afganistán, Bosnia, Congo,  Colombia, y Rwanda,  hasta los terremotos de Pakistán, Haití, y el tsunami del 2005- emprender una campaña de vacunación preventiva en Chad significaría pisar territorio nuevo.  Es que podríamos trabajar en un contexto más parecido al “desarrollo” de la misma manera que lo hacemos respondiendo a  urgencias?  Es que demostraríamos la capacidad no solo de responder a las grandes epidemias, sino de prevenirlas completamente? Estaba por verse.

Margen de error: Cero

En cuestión de semanas tendríamos que contratar a más de 300 profesionales- médicos, enfermeros, socorristas, choferes, mecánicos, electricistas, y logistas- y entrenarlos a trabajar como un equipo.  Para asistir a la tarea, llegaron cinco colegas extranjeros para asistir al equipo de urgencias en Chad, encabezado por un servidor y mi colega de urgencias, el Coordinador Médico-Adjunto, un enfermero congolés.  En cuestión de dos días, el equipo MSF, compuesto de profesionales de Alemania, Bélgica, Congo, Canadá, los Estados Unidos, Holanda y, claro, de México, arrancaba motores.  Los médicos comenzaban a contratar y entrenar al personal del lugar que haría la gran parte del trabajo, mientras que el equipo de logistas se ocupaba de. . . todo lo demás.

Y arrancaban los problemas.  El hospital regional de Mandelia, en el que estaríamos basados, tenía dos fuentes eléctricas que apenas funcionaban y una instalación eléctrica que amenazaba quemar los refrigeradores y congeladores el minuto que los enchufáramos.  Para retener su efectividad, las vacunas tienen que mantenerse entre 2 y 8 grados centígrados desde el punto de manufactura hasta el minuto justo antes de ser inyectadas. Y eso, en un país desértico donde amanecer a 34 grados en la sombra no es raro, significa un reto enorme que requiere cantidades de hielo  y refrigeración continua. Sin refrigeración, sin electricidad, correríamos el riesgo de inyectar vacuna dañada por la temperatura: la meningitis regresaría a Mandelia, y todo habría sido en vano.

Mientras que parte de mi equipo diseñaba un nuevo sistema eléctrico, el otro calculaba cuánto hielo podríamos congelar en 24 horas, cuántas jeringas y cuánto material médico se necesitaría cada día, cuántas plumas, lápices, hojas de papel deberíamos comprar.  A la vez se construían pozos para deshacerse de todas las agujas de forma higiénica, se instalaba sistemas de radio y telecomunicación, se alquilaba vehículos y se preparaba mapas de la región. En fin, los logistas intentaban imaginarse todas las formas en las que nuestros elegantes planes podrían venirse abajo frente a las realidades del terreno. Esas realidades no tardaban en hacerse evidentes.  La idea original era que cada día los equipos saldrían del hospital hacia las diferentes aldeas, algunas con tan solo 100 habitantes; armados con cajas isotérmicas capaces de mantener la temperatura ideal a base de acumuladores de hielo, tendrían que vacunar alrededor de 1,000 personas cada día, y regresar a la noche para reabastecerse.  Pero lo que el mapa no mostraba era que el 25% de la zona estaba inundada y no sería accesible ni por nuestras camionetas 4×4.

Inmediatamente nos dirigimos a esa zona en canoa  para ver que tan difícil sería acceder a esos lugares.  ¿Difícil? Casi imposible.  Los equipos que vacunarían esa zona no tendrían oportunidad de regresar al hospital para reabastecerse, tendrían que dormir en las aldeas, y de alguna forma tendríamos nosotros que asegurar que, por lancha, les llegaran vacunas, hielo, y claro, comida.

En el corazón del Sahel, mujeres buscan agua

Los días pasaban y el sistema eléctrico seguía sin terminar.  Nos llegó la noticia que las vacunas vendrían desde Europa una semana antes de lo anticipado.  Trabajando sin parar, por fin arrancaron los generadores y las luces del hospital iluminaban la noche, los refrigeradores comenzaban a enfriar, y justo a la una de la mañana- para evitar el calor de día- llegó una pickup desde el aeropuerto con nuestras vacunas.  Esa noche los logistas dormimos al lado de los refrigeradores, cuidando de las vacunas como si fueran recién nacidos, alertas a la primera señal de que algún refrigerador se descompusiera.  Y aún faltaba tanto por hacer. Nos había faltado tiempo, no habíamos previsto todos los problemas, comenzábamos a preocuparnos, y mientras la hora cero se acercaba, la coordinación con el Ministerio de Salud se dificultaba.  Ellos tienen su forma de trabajar, nosotros la nuestra, y a pesar de compartir la misma entrega y entusiasmo hacia el trabajo, los días pasaban y aún no resolvíamos ni por dónde empezaríamos la campaña. A todos nos faltaba sueño.  Nos quedaban menos de 24 horas.  Y en eso el Presidente de la República de Chad decidió atrasar el arranque de la campaña un día más.

Sin admitirlo, todos sentimos el alivió que nos dio tener otro día para finalizar detalles.  Las últimas piezas claves cayeron en su lugar.  A la última hora, se logró acordar un plan en colaboración con el Ministerio de Salud del que ambas partes estábamos orgullosos  Y el siguiente día, a las 7 de la mañana, como si fuera el arranque de una carrera fórmula uno, salieron la veintena de vehículos, las canoas, las lanchas.

Al final fueron once días que comenzaban a las cinco de la mañana y terminaban a las once de noche.  Los equipos iban de aldea a aldea, de casa a casa, escuela por escuela, incansables en su búsqueda por hasta el último niño sin vacunar, hasta ya no encontrar a nadie.  Nuestra población meta había sido vacunada. El doceavo día desmontamos todo lo que tardó semanas instalar para prepararnos para la siguiente urgencia.   Al siguiente día regresamos a la capital para celebrar Navidad.  Y dormir. Y disfrutar de la compañía de colegas con los que se comparte el sentimiento único e irremplazable  de haber hecho hasta lo imposible para cumplir el objetivo.

Satisfacción enorme

La gasolinera.

No es lo mismo realizar una campaña preventiva que salvar la vida de alguien que se está muriendo después de un terremoto, en una zona de guerra, en medio de una epidemia devastadora.  Requiere un poco de imaginación.  Pero cuando viajo por este país fascinante, me imagino lo que será cuando algún día, en unos años, terminada la tarea de vacunar a todo el país, ninguna madre tenga que enterrar a su hijo por culpa de la meningitis, que ningún hijo tenga que ver morir a su padre.  En fin, que no sea necesario el que estemos aquí porque atacamos las cosas desde su raíz y eliminamos la causa de tanto sufrimiento. Es un sueño digno de la lucha que puede ser a veces este trabajo.

Postdata: Las urgencias que no se pudieron prevenir

La semana pasada visité un hospital en una zona del país que no fue vacunada en Chad, y en donde la meningitis continúa cobrando vidas.  En las salas de aislamiento para los pacientes con meningitis, niños y adolescentes yacían en cama y sus madres preocupadas buscaban respuestas de mí con su mirada.

En las siguientes semanas, a lo largo de Chad, MSF lanzará campañas para vacunar esas zonas.  Al mismo tiempo, la mala temporada de lluvias y la pésima cosecha amenazan con una crisis nutricional como pocas veces se ha visto, y nuestro equipo de urgencias se prepara para comenzar un programa nutricional en una de las regiones más afectadas.   En el horizonte, prevenimos que habrá epidemia de cólera con la temporada de lluvias que se viene.

¿Difícil? Casi imposible.  Pero algo he aprendido en mi tiempo con MSF: lo imposible es nuestra especialidad.

Personal sobre el terreno  773
MSF trabaja en Chad desde 1981
Actualmente, hay cuatro profesionales mexicanos de MSF trabajando para revertir la crisis en Chad.