“Descubrir” América

blogeditor · 15 de octubre de 2020

“Descubrir” América

El sábado 10 de octubre, la Secretaría de Gobierno de Ciudad de México removió la estatua de Cristóbal Colón que se encontraba en la avenida Reforma bajo la explicación oficial de una “restauración profunda”. Más allá de la condición física de la estatua, la decisión parece ajustarse convenientemente a la conmemoración de la llegada de este personaje tan histórico como polémico a nuestro continente hace más de 500 años. El 12 de octubre es un día reconocido por la mayoría de los países de habla hispana en el continente, al igual que por Estados Unidos y España. Lo que antes se declaraba “descubrimiento” y se celebraba con ahínco es ahora una conversación transnacional sobre la(s) historia(s) de nuestra América y las narrativas, divergentes y a veces contradictorias, sobre lo que significa, nuestras raíces y nuestra identidad.

Un tema central de esta discusión se cierne alrededor de un aspecto que frecuentemente damos por sentado: las palabras. Los humanos somos la especie animal con el sistema de comunicación verbal más complejo y desarrollado. Nos hace lograr cosas que parecen inimaginables para otras especies, pero también nos impone la responsabilidad de ser conscientes de su uso e importancia. Si existen miles de palabras diferentes no es por redundancias de la lengua ni por formalismos de los académicos: es porque las palabras, cada una de ellas, tiene un significado diferente. Reconocerlo es el primer paso para usarlas mejor y, en el proceso, habitar mejor este mundo en el que como seres sociales somos interdependientes los unos de los otros. La sociedad es una realidad que habla y que se construye con lenguaje.

Para ilustrar esto no hace falta ir más allá de una revisión de los diferentes nombres que se le da a este día en cada país: se le llama el “Día de la Raza” en Colombia y México, el “Día de la Hispanidad” en España y El Salvador, el “Día de la Resistencia Indígena” en Venezuela y Nicaragua, y el “Día de Colón” en Estados Unidos, por mencionar algunos de ellos. Las palabras elegidas por cada país son una decisión de la narrativa a la que pretenden adherirse y que quieren contar sobre el devenir de nuestro continente y nosotros como ciudadanos de este.

Todo esto para resaltar lo pesadas que unas simples palabras pueden llegar a ser. Al usarlas no sólo nos identificamos con algo y con alguien, sino que también cargamos con el peso de miles de personas y años a los que inevitablemente, contingente al contexto, les asignamos una u otra interpretación. Porque no es lo mismo el significado que el sentido, lo primero siendo fijo y muchas veces rígido, lo segundo contextualizado y maleable— por lo tanto, muchas veces más importante. Es posible que la decisión de la Secretaría de Gobierno no tenga un significado puntual, pero en la coyuntura histórica en la que nos encontramos es, sin duda, una acción con mucho sentido y poca coincidencia.

En la misma dirección apunta el gobierno de López Obrador, quien ha comenzado una campaña política para que España y la Iglesia Católica pidan perdón por lo hecho en su nombre hace medio milenio, incluyendo la conquista de Tenochtitlan, suceso que supuestamente ocurrió hace 500 años. Esas palabras de disculpa se convertirían entonces en la restitución de los pueblos pasados, la dignificación de la otra historia, esa de los vencidos con la que tan orgullosamente busca identificarse México como país.

Otro ejemplo urgente y relevante de la importancia del lenguaje y su uso lo recibimos como un balde de agua fría representado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Hace casi cuatro años se convirtió en el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos, contra todo pronóstico, bajo el lema Que América vuelva ser grande (Make America Great Again). En esas cinco palabras (cuatro en inglés) se cifra de manera concisa un mensaje tan poderoso como polémico. Él también se remonta al pasado de una America (en este caso sin acento y anglosajona, pero también diversa y muy latina) cuya grandeza depende, según sus políticas, de la exclusión irónica del resto de nosotros: los mexicanos, los latinos, el resto del continente que no cabe en su significado de la palabra. Es America sin América. Es el uso de una palabra que toma un sentido agresivo: uno que cierra puertas, que destruye sueños, que quita vidas. Hoy nos encontramos a tres vertiginosas semanas de una elección caótica y determinante, nos guste o no, para el futuro rumbo de nuestro continente. Y de esta manera se convierte en un imperativo ser conscientes de las palabras. No solo las que usa él, ellos, los otros, sino también nosotros mismos en nuestra vida diaria.

Parar, profundizar y reflexionar. Esto es, hasta cierto punto, lo que buscamos hacer en LEXIA pues es justamente en estos procesos en los que se descubren los insights: ideas, principios, actitudes y comportamientos clave que definen como actuamos e incluso quienes somos (o quienes queremos ser). Y esta es, en parte, mi invitación para ustedes: no se trata de tenerle miedo a las palabras sino de apropiarse de esa gran herramienta que es nuestro lenguaje para bien, para ser más y mejores humanos capaces de crear un mundo mejor —más consciente de nosotros mismos y de lo que hay detrás de toda palabra.