No podemos tener juguetes bonitos

Redacción Animal Político · 19 de noviembre de 2024

No podemos tener juguetes bonitos

Lo que hoy tenemos de planeación urbana de la Ciudad de México se ha construido a golpes, poco a poco, pero existen cosas muy rescatables. El marco legal de la planeación del territorio, si bien está incompleto, tiene elementos sorprendentes.

Por ejemplo, tenemos herramientas que permiten canalizar los recursos del desarrollo inmobiliario para rescatar zonas abandonadas. También contamos con otra herramienta que reúne a la población, al gobierno y a la iniciativa privada para mejorar la infraestructura de una zona. Existe una herramienta que reduce la presión inmobiliaria en zonas patrimoniales mientras las protege. Incluso hay una más que permite crear parques y equipamiento donde no había nada, a partir del desarrollo inmobiliario.

Si, en la ley mexicana. No en la ley danesa o japonesa. En la ley de la Ciudad de México.

Pareciera que sólo los urbanistas sabemos que existen, y los pocos ciudadanos que las conocen las asocian con malas prácticas y corrupción. Ni siquiera entraría en ese debate porque sé que lo tendría perdido. Estas herramientas se han usado mal y con malos fines. La práctica de usar las cosas sin leer las instrucciones porque “somos bien machos”, no ha funcionado bien para nuestra ciudad.

Pero las herramientas urbanas son sólo eso: herramientas. No son ni malas ni buenas, pero en manos equivocadas pueden causar más daño que beneficio. Si le damos un martillo a un niño de dos años y lo soltamos en una tienda de cristalería, el resultado es predecible. No por eso vamos a prohibir los martillos.

Sería un error prohibir o borrar estas herramientas de la ley sólo porque ya asumimos cínicamente que somos incapaces de usarlas: “así somos los mexicanos” y ni modo. Mejor creemos mejores reglas (más claras), mejores formas de seguimiento (más transparencia) y mejores castigos (que sí se apliquen). En resumen, debemos fortalecer las instituciones.

Hasta ahora, quienes intentaron implementar estos instrumentos para crear infraestructura desaparecieron los recursos o los utilizaron de formas diferentes a las prometidas. La herramienta para regenerar y revitalizar fue usada como caballo de Troya para (intentar) hacer un segundo piso peatonal en Chapultepec. Los polígonos que permitirían crear parques financiados por el desarrollo se han usado para crear una ciudad que crece sin rumbo, y los cambios de uso de suelo son trámites que sólo los ricos y poderosos pueden acceder, cuyos requisitos se convierten en alquimia oscura al pasar por el poder legislativo.

Esa herramienta para financiar la infraestructura se llama Sistema de Actuación por Cooperación (SAC). El SAC fue, en su momento, una muy buena idea. Si la hubieran dejado sola, la ciudad gozaría de más y mejor infraestructura; se hubieran mejorado zonas muy deterioradas de la Ciudad de México e idealmente tendríamos una ciudad más verde y vertical. Pero no. Desafortunadamente, esta herramienta implicaba la circulación de mucho, mucho dinero; negociaciones por parte de actores desinteresados y en general, falta de visión. El dinero se esfumó (junto con algunos personajes), se utilizó en cosas que no eran parte de los compromisos iniciales, y las promesas que se hicieron, sencillamente no ocurrieron. Tacubaya seguirá siendo un pueblo donde venderemos la pobreza como “pintoresca”; Granadas le seguirá echando la culpa del desorden a las industrias que ya ni existen. El punto es que se tuvo la respuesta, se tuvo el dinero… y se desperdició.

Otras herramientas, como los “polígonos de actuación”, han permitido crear el corredor de Reforma, que con sus rascacielos característicos ha formado la identidad moderna de la Ciudad de México. Pero toda esa altura se supone que viene de algún lado, y su origen se ha perdido en las cajas húmedas y llenas de hongos del Registro Público de la Propiedad. Es en esos predios perdidos donde se debían haber creado parques y equipamientos que ya no fueron. Pensaríamos muy distinto sobre los edificios altos si cada vez que se levantara uno, surgiera un parque nuevo.

La última vez que vimos un Área de Gestión Estratégica (otra herramienta), originalmente diseñada para regenerar zonas “desaprovechadas”, terminó siendo adornada con un marketing excesivo y que rayaba en lo grotesco. Ahí fue cuando muchos chilangos aprendimos la diferencia entre regenerar la ciudad y convertirla en mercancía.

Es difícil defender las herramientas que fueron parte de un fiasco. Para que existan, alguien debe mostrar su beneficio. Por eso tenemos coches, aunque mueran un millón de personas al año por accidentes viales; por eso tenemos un desarmador y tijeras en casa, aunque son objetos punzocortantes. Lo contrario es igual de dañino, porque es paralizarse y decir: “que se quede todo como está”.

Tenemos herramientas para arreglar lo que no sirve o se descompuso. Yo creo que hay mucho que arreglarle a la Ciudad de México y no se va a arreglar sólo. Si no son estas las herramientas correctas, busquemos otras, pero no nos paralicemos. Las herramientas son sólo herramientas, pero esta ciudad no es sólo una ciudad, es nuestra Ciudad.

* Bernardo Farill (@bernardofarill) es arquitecto urbanista. Recientemente fue director de Planeación y Desarrollo Urbano de la alcaldía Miguel Hidalgo.