Redacción Animal Político · 19 de mayo de 2024
La maternidad está constituida por el complejo de fenómenos biológicos, sociales y culturales que acompañan a la gestación, parto y lactancia; así como a la crianza, cuidado y socialización de hijos e hijas.
Se espera que las mujeres por arte de magia tengan un conocimiento innato sobre las mejores opciones para ella y su bebé desde el vientre. ¿Qué alimentos debe consumir o evitar? ¿Debería de hablarle al bebé o mantener el silencio? ¿Conlleva algún beneficio cantarle? Y una vez que nace, ¿Debería optar por la lactancia materna exclusiva? ¿Crianza amorosa? ¿Es necesario seguir un esquema de vacunación completo? ¿Qué significa realmente todo esto? Se espera que como mujeres tengamos respuestas a estas preguntas y muchas otras, únicamente basadas en lo que se conoce como “instinto materno”.
Sin embargo, la situación se vuelve aún más compleja en el contexto rural mexicano. A lo largo de los años, se ha experimentado una transformación que exige no solo tener conocimientos sobre crianza, sino también implica la necesidad de salir a trabajar para sobrevivir en el día a día.
De acuerdo con la Encuesta Intercensal del INEGI 2015 la tasa de fecundidad en México (número de nacimientos por cada mil mujeres) es de 2.3 hijos a nivel nacional, 2.4 para mujeres afrodescendientes y 3.1 para mujeres indígenas. Con esta información en particular podemos analizar la diferencia clave en el ámbito comunitario.¹
En las comunidades rurales de México, las mujeres desempeñan roles multifacéticos, combinando responsabilidades domésticas, agrícolas y familiares. La maternidad se entrelaza con estas responsabilidades, creando un equilibrio delicado entre el cuidado de hijos e hijas, el trabajo en el hogar y las demandas del campo. Frecuentemente, las madres rurales se enfrentan a la falta de acceso a servicios de salud materna, educación y oportunidades económicas, lo que complica aún más su experiencia y vivencia en su proceso de maternidad.
En numerosas ocasiones, la forma en que se maneja la maternidad en entornos rurales también afecta el desarrollo infantil. La falta de servicios de cuidado infantil de calidad obliga a muchas madres a dejar a sus hijos al cuidado de familiares o a llevarlos consigo durante sus jornadas y labores en el campo. Esto puede afectar negativamente el desarrollo cognitivo, emocional y social de niños y niñas, así como aumentar el riesgo de enfermedades y lesiones.
Estas circunstancias se intensifican cuando se suman con el aumento de embarazos adolescentes en nuestro país, datos de la Encuesta Intercensal del INEGI 2015, el porcentaje de niños y niñas nacidos de madres adolescentes creció de 15.6% en 2003 a 18.7% en 2012. Esto significa que 1 de cada 5 nacimientos son de madres adolescentes. ¹ Dejando a este grupo de edad, en mayor vulnerabilidad ante todos los retos que implica como, interrupción en su educación, lo que puede limitar oportunidades futuras de empleo y desarrollo profesional.
En esas condiciones resulta más constante que se siga perpetuando el ciclo de pobreza y desigualdad, ya que las jóvenes madres pueden enfrentar dificultades para acceder a empleos bien remunerados y estables.
Desde Un Kilo de Ayuda trabajamos con más de 20,000 familias anualmente, la mayoría de ellas lideradas por madres que enfrentan duros desafíos diariamente. Somos testigos del poder dentro de las comunidades rurales de México, al trabajar constantemente con ellas, podemos observar que en comunidad ofrecen una red de apoyo sólida para madres y familias.

Vecinos, familiares y líderes comunitarios se unen para ayudarse mutuamente en tiempos de necesidad, proporcionando cuidado infantil, asistencia en el parto y apoyo emocional. Esta red de apoyo es invaluable para las madres rurales, brindándoles el apoyo necesario para sobrellevar los desafíos de la maternidad en entornos rurales. Pero no es suficiente.
Hago un llamado a la acción para reconocer y abordar los desafíos de la maternidad rural en México. Es fundamental garantizar la salud y el bienestar de las madres y sus hijos. Se necesita una mayor inversión en servicios de salud materna, educación y oportunidades económicas en las zonas rurales, así como leyes que reconozcan y valoren el papel crucial de las madres rurales en el tejido social y económico del país. Solo a través de un enfoque integral y colaborativo podemos garantizar que todas las madres, independientemente de su ubicación geográfica, tengan las herramientas y el apoyo necesarios para criar a sus hijos de manera saludable y segura.
Es hora de que la maternidad rural reciba la atención y el apoyo que merece en nuestra agenda política y social.
*Thanya Sofia Labrada es directora de Programas de Un Kilo de Ayuda (@unkilodeayuda), organización mexicana con más de 37 años de experiencia; su causa es el desarrollo de la primera infancia. Buscando el crecimiento óptimo de niñas y niños menores de 5 años, mejorando su desarrollo cognitivo y socioemocional. Visita nuestra página y nuestras redes sociales: Facebook, Twitter e Instagram.
¹ INEGI, Encuesta Intercensal 2015