Redacción Animal Político · 2 de febrero de 2023
A invitación del Programa de Seguridad Ciudadana (PSC) de la Universidad Iberoamericana CDMX, el 31 de enero pasado la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) presentó su nuevo informe denominado La Guerra Interiorizada, portentoso ejercicio de sistematización de la evidencia oficial sobre el conflicto entre las Fuerzas Armadas y los derechos humanos en el periodo 2006-2021. En la presentación decidí hacer una reflexión, no sobre el reporte, sino respecto a la construcción de su significado. Lo siguiente recoge parte de mis comentarios.
Cuando leía el texto me sentí muy afectado emocionalmente. Tuve que parar varias veces y en múltiples momentos me repetía la palabra “abrumador”. Hice conciencia de que estaba viviendo una experiencia mucho más emotiva que racional y justo por eso decidí mirar la investigación desde otro ángulo, preguntándome cuál era el significado que yo le daba a la lectura y por qué me afectaba así.
Traté entonces de imaginar el sentir y pensar de quienes trabajaron centenas de horas para producir el estudio, contrastándolo con la experiencia que vivirán quienes estarán ante el reporte y no le dedicarán ni un minuto o quienes se detendrán a mirarlo por algunos minutos, una hora o varias horas. Reparé así en el significado, es decir, en la representación mental que cualquier persona elaborará una vez enterándose de la nueva publicación.
Recordé que, al menos según mi experiencia, el limitado alcance de los reportes asociados a los derechos humanos entre auditorios masivos es uno de los lamentos más comunes entre quienes dedican su vida a promoverlos y defenderlos. Formulé entonces una pregunta que organizó mi reflexión: ¿a quién le importará este reporte?
Desde ahí, propuse un enfoque de auto observación para este sector que promueve y defiende los derechos humanos que discuta la relación entre lo se quiere lograr y lo que en verdad se logra, buscando el aprendizaje a partir de la experiencia. Una discusión ciertamente difícil, enfaticé, dado que la evidencia oficial e independiente confirma que, a más de tres décadas de la multiplicación de reformas legales e institucionales, presupuestos etiquetados a nombre de los derechos humanos, la evidencia que el propio Estado produce confirma un conflicto masivo, tal como da cuenta el reporte citado.
Insistí: la evidencia está ahí, lo que no está es la construcción de un significado común que le dé la relevancia suficiente para construir los cambios de gran calado que harían falta para frenar la crisis.
Relaté además en el evento que, justo antes de recibir al equipo de la CMDPDH para presentar el nuevo estudio, visité a la Coordinadora de la Especialidad en Educación Socioemocional de la Ibero CDMX, a quien recurrí solicitando apoyo para explorar e incorporar nuevas herramientas a la estrategia de incidencia que el PSC desarrolla promoviendo la acción colectiva a favor de la seguridad con derechos humanos. Su respuesta fue extraordinaria, abriendo de inmediato una ventana hacia otros saberes, otras pedagogías, otros métodos para construir aprendizaje significativo. Vamos pues por nuevos recursos discursivos, entendí, y afectivos, ella afirmó.
En el lanzamiento de esta importantísima investigación terminé recordando que, si bien creíamos que construir y sistematizar la evidencia era suficiente, ahora en el PSC entendemos que esa importante labor debe acompañarse de otro esfuerzo fundamental: la reformulación colectiva de las representaciones mentales asociadas a los derechos humanos. Allá vamos.