Derechos humanos en México: las alertas internacionales están encendidas

blogeditor · 14 de octubre de 2015

Derechos humanos en México: las alertas internacionales están encendidas

Apenas llegaron y en un respiro ya se habían ido. Vaya sacudida. Acaso el corto plazo de las visitas ni de lejos representa la larga lista de acontecimientos sucedidos durante la estancia en México por parte de las más altas autoridades de los sistemas interamericano y universal de los derechos humanos. Necesitaremos tiempo para descifrar todos los significados e impactos objetivos y subjetivos. En un plazo menor a dos semanas se sucedió el andar por nuestro país del pleno de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) de la OEA y del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU. No hay precedentes de una doble visita sucesiva inmediata de tal jerarquía. Tal vez por ahí deberíamos comenzar a entender el tamaño del acontecimiento. Algo ha sucedido en nuestro país de tal magnitud que merece nada menos que la atención política indelegable y sumada por parte de las más altas autoridades de esos sistemas.

Quienes aducen que los organismos internacionales traen un diagnóstico errado incurren precisamente en el yerro que critican. Están evaluando mal los escenarios nacional e internacional en torno a los derechos humanos. Y desde luego no conocen el modo de operación de los sistemas referidos o bien lo conocen y prefieren negar el hecho de que estas visitas de alto nivel fueron consecuencia precisamente de la acumulación de un amplísimo diagnóstico que ha terminado por encender todas las alertas posibles.

Son políticos profesionales los primeros que han desvalorado el aviso de las alertas internacionales encendidas. Ellos y todos los demás deberíamos leer y releer varias veces las palabras del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein: “hay un amplio consenso nacional, regional e internacional sobre la gravedad de la situación actual de los derechos humanos en México”. Pero también habría que hacer la siguiente pregunta: ¿qué es más escandalosa, la crisis misma de los derechos humanos o su nueva negación? Un agudo colega me aclaró la mente cuando me dijo que la negación en realidad es parte de la crisis misma.

La otra negación de la crisis vino desde la gran mayoría de los medios de comunicación, algunos de los cuales, en verdadera orgía de indolencia y fieles a su propia historia, mejor fueron caja de resonancia del mensaje oficial que visibilizó los esfuerzos de reformas legales en curso, antes que informar que el representante de la ONU declaró que “para un país que no se encuentra en medio de un conflicto, las cifras calculadas son, simplemente, impactantes”. Estoy seguro que la tendencia mediática dominante permitió a algunos calcular que el capítulo de las visitas y sus consecuencias está cerrado. Tal vez justo para provocar tal efecto funcionaron así esos medios. En realidad, aún no pasada por la mayoría de los medios de comunicación en México, la alerta que nos vinieron a traer incluye el aviso de que la comunidad internacional ha tomado nota de que la violencia aquí es igual o peor a la que viven países en conflictos bélicos. Habrá quien tomó nota, habrá quien no.

Mención aparte merece una tercera negación y es la que viene desde la propia sociedad. Una expresión de la misma ha corrido a cuenta de algunos líderes de la sociedad civil organizada, quienes han decidido desacreditar a los organismos internacionales y al movimiento independiente de los derechos humanos extranjero y mexicano. Quieren llevar la discusión a una disputa entre élites cuando el problema reside en el ámbito de la experiencia de las víctimas y sólo ahí.

Otros líderes han preferido sumarse a las voces oficiales que definen el conflicto con los derechos humanos en México como un asunto limitado en sus alcances. “No es tan grave y no está en todos lados”, les oigo decir. Esta trinchera de la negación ha revelado, entre otras cosas, profundas confusiones en torno a los derechos humanos. Voces que se levantan para condenar la impunidad crónica y masiva en el sistema de justicia penal –justo como lo hizo el Alto Comisionado, por cierto- al mismo tiempo reducen la crisis de los derechos humanos, sin reparar que esa misma impunidad, en tanto niega el acceso a la justicia, hace parte principalísima en el abultamiento de la crisis referida.

A mi parecer, el más importante mensaje de Zeid Ra’ad Al Hussein en su conferencia de prensa fue el siguiente: “No soy yo, ni mi Oficina, ni la ONU ni los representantes del Estado quienes podamos declarar que lo que se está haciendo o se ha hecho, sea suficiente. Sólo la gente puede hacer esto, especialmente aquellas personas en mayor desventaja, las víctimas del delito o las familias de éstas son quienes tienen la credibilidad para emitir este juicio”. Vaya postulado: quienes son violentados en sus derechos fundamentales son los autorizados para evaluar las políticas, las normas y la infraestructura destinada a promoverlos y defenderlos. En la experiencia de las víctimas está el núcleo de la rendición de cuentas.

Si bien es cierto que necesitamos tiempo para descifrar los significados e impactos objetivos y subjetivos de las visitas de la OEA y la ONU, también es verdad que el Estado mexicano no puede perder un minuto más en estrategias evasivas; por el contrario, debe insertar estas alertas internacionales en el apalancamiento precisamente de una política de Estado que defina el problema de los derechos humanos como una crisis cuyos alcances han rebasado nuestra propias fronteras. La fórmula política correcta sería, en tal sentido, articular una inversión de recursos nacionales e internacionales no sólo en el saneamiento de los sistemas de seguridad y justicia para abatir la impunidad, sino en la reconstrucción de las instituciones que la han hecho parte de su manera de hacer las cosas. La decisión política a la altura del problema sería mirar por encima de la propia crisis y construir una perspectiva de abordaje y transformación estructural e irreversible de las normas y prácticas que reproducen los abusos, cueste lo que cueste y lleve el tiempo que lleve.

Nos trajeron la alerta internacional. El pleno de la CIDH y el Alto Comisionado de los Derechos Humanos ven una condición escandalosa en torno a los derechos humanos en México. La nueva negación es a mi parecer más escandalosa aún. ¿Usted la ve o la niega?

 

@ErnestoLPV