Redacción Animal Político · 31 de octubre de 2025
Hoy parece obvio decir que todas las personas deberíamos tener garantizado el acceso a alimentos suficientes, nutritivos y culturalmente adecuados. Pero lo cierto es que ese derecho, aunque reconocido en tratados internacionales y en la Constitución mexicana, sigue siendo una promesa incumplida.
Las causas son múltiples: desigualdad de ingresos, concentración de mercados, abandono del campo, políticas públicas fragmentadas y una crisis climática agravada por un sistema alimentario insostenible. Gran parte de esta presión la ejerce la ganadería industrial, que consume enormes cantidades de recursos naturales, impulsa la deforestación, la pérdida de biodiversidad y genera cerca de un tercio de las emisiones globales. Impactos que amenazan nuestra supervivencia y la salud de los ecosistemas.
Paradójicamente, mientras producimos alimentos suficientes para más del doble de la población mundial, millones padecen hambre o malnutrición. Un tercio de la comida del planeta se pierde o desperdicia, y buena parte de lo que cultivamos se destina a alimentar animales de consumo, como vacas, cerdos y pollos. En medio de esta contradicción, nuestro modelo de alimentación actual nos enferma, degrada el ambiente y profundiza las desigualdades.
Sin embargo, esta dura realidad nos revela algo poderoso: el sistema alimentario es parte del problema, pero también puede ser la solución.
Organismos internacionales como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático coinciden en la urgencia de transitar hacia un nuevo modelo de alimentación. Esto no es una opción, sino una necesidad para asegurar nuestro futuro común. La Comisión EAT-Lancet ha trazado una ruta clara: duplicar el consumo mundial de alimentos de origen vegetal, reducir el desperdicio y garantizar el acceso universal a alimentos saludables y sostenibles.
Para lograrlo, la alimentación sostenible es la clave. Este modelo no solo busca alimentar a más personas, sino hacerlo garantizando su nutrición, protegiendo el medioambiente y asegurando comida para las generaciones futuras. Esto implica transformar desde la producción hasta el consumo:
En México, la Ley General de Alimentación Adecuada y Sostenible (LEGAAS) representa una oportunidad histórica para cerrar la brecha entre el derecho y la realidad. Su éxito dependerá de convertir sus principios en acciones: reglamentarla, asignarle presupuesto, fortalecer capacidades institucionales y asegurar la participación ciudadana.
Garantizar el derecho a la alimentación no significa simplemente “dar más comida”; implica replantear qué comemos, cómo lo producimos y con qué consecuencias para el planeta y las generaciones futuras. Desde Alianza Alimentaria y Acción Climática trabajamos con determinación para impulsar esta transición hacia un modelo alimentario justo y sostenible, que garantice la salud humana y planetaria.
La invitación es sencilla, pero profunda: no basta con hablar de hambre como cifra o de alimentación como oferta; es momento de asumir que comer es un derecho humano, y que ese derecho solo se hará real con un pacto de transformación colectiva. Porque garantizarlo en el papel es apenas el comienzo: el verdadero reto es hacerlo efectivo, sustentable y equitativo.
Porque lo que ponemos en el plato puede alimentar la desigualdad o construir justicia. Puede deteriorar el planeta o regenerarlo. La elección, literalmente, está en nuestros platos.
* Sofía Ruiz Oldenbourg es Ingeniera Ambiental por el Instituto Tecnológico de Colima, con más de 10 años de experiencia en el ámbito ambiental y de sostenibilidad en el sector privado y de organizaciones de la sociedad civil. Gerente de Políticas Alimentarias en Alianza Alimentaria y Acción Climática (@AlianzaAliment), organización mexicana sin fines de lucro que está transformando el sistema alimentario hacia prácticas más éticas y sostenibles. En 2024 fue pieza clave para el diseño de la Ley General de Alimentación Adecuada y Sostenible. También trabajamos con el sector público y privado implementando menús sostenibles en los comedores de las organizaciones para reducir impactos ambientales y riesgos a la salud asociados a patrones alimentarios.