Derecho a caminar y a no gastar en mantener un coche

Redacción Animal Político · 30 de octubre de 2024

Derecho a caminar y a no gastar en mantener un coche

Hace más de diez años, los activistas peatonales comenzamos pintando pasos cebra de forma clandestina. Hoy, nuestros derechos están reconocidos en el artículo cuarto de la Constitución Mexicana. Los peatones hemos llegado a la cima de la pirámide de Kelsen.

Lo curioso es pensar por qué algo tan natural como caminar necesita ser declarado un derecho. ¿Cómo es que un acto tan simple como poner un pie delante del otro se ha convertido en un gesto de desobediencia civil? La respuesta está en la civilización moderna.

Una civilización que nos llevó a la luna, pero que nos hizo imposible cruzar una calle. Una civilización que se enamoró del automóvil, mientras las grandes corporaciones capitalistas aprovecharon esa obsesión para llenar nuestras ciudades de autopistas y ejes viales, financiados con nuestros impuestos, aunque muchos nunca posean un coche. Y para quienes pueden permitirse uno, estamos atrapados en un sistema que nos empuja a comprarlo, llenarlo de gasolina y mantenerlo. En México, el coche se ha vuelto el mayor gasto de la clase media, porque usar el transporte público es una odisea donde las probabilidades de sufrir un robo o violencia superan las de conseguir un asiento en hora pico.

Hoy, regulamos un darwinismo urbano que da más derechos a una camioneta SUV -con un punto ciego del tamaño de diez niños- que a esos mismos niños. La supervivencia del más fuerte favorece al vehículo, dejando en desventaja a los papás y mamás con carriolas o a la abuelita en silla de ruedas.

A pesar de todo, hemos logrado mucho en México, gracias a los activistas: a los que ahora son funcionarios, a quienes siguen pintando cruces de manera ilegal y a grupos como Salvando Vidas en Oaxaca, que reparan banquetas y quitan obstáculos de manera guerrillera. Gracias a ellos tenemos más calles peatonales y cruces seguros que han salvado vidas.

¿Qué sigue? Aunque hay una lista interminable de acciones por hacer; quiero enfocarme en un sueño y en dos cosas esenciales para mejorar nuestras ciudades. Para lo demás, aquí les dejo algunas recomendaciones de literatura:

El sueño guajiro

Si pudiera pedir un deseo, sería que todos los vehículos motorizados estuvieran equipados con un regulador de velocidad controlado por GPS, que limite la velocidad a 30 millas por hora dentro de las ciudades. Y si ya me pongo ambicioso, que además tuvieran sensores que detecten peatones y frenen automáticamente para evitar accidentes. Este es un sueño a largo plazo, pero mientras tanto, hablemos de las dos cosas que podemos mejorar ahora mismo.

Transporte público de calidad

El transporte público debe ser la columna vertebral de la ciudad, un verdadero igualador social. Debe permitir que los barrios más marginados accedan de manera eficiente y digna a oportunidades de empleo y recreación. Necesitamos frecuencias altas, asientos cómodos, carriles exclusivos y, sobre todo, trenes, trenes, trenes de alta calidad.

Primer y último tramo

La segunda prioridad es una política masiva de primer y último tramo hacia las paradas de transporte público. Esto significa banquetas amplias y libres de obstáculos, con rampas accesibles para sillas de ruedas, carriolas y maletas. Árboles en todas partes para dar sombra, oxígeno y alegría. Cruces seguros, con orejas y reductores de velocidad, como esos topes trapezoidales que igualan la altura de la banqueta y priorizan al peatón.

Además, necesitamos promover un uso de suelo mixto, donde el caminar sea una experiencia agradable. Imagínate pasar por tienditas y cafés, saludar a tus amiguis, y tener espacios para descansar en pequeños parques de bolsillo. Señalización clara y elementos de navegación peatonal para que nunca te pierdas.

Ah, ¡y un baño público limpio y con papel! Para que nadie tenga que preocuparse por dónde hacer pipí mientras promueves la hidratación en la ciudad.

Así, caminando de forma segura, relajada y feliz, llegas a tu parada de bus o tren, con una parada que te da toda la información de tu ruta, con sombra y arte que celebra la historia del barrio. Y desde ahí, el peatón tiene todo un mundo por circunavegar, listo para descubrir que la vida es fascinante, todo gracias a un simple derecho: caminar, un pie tras otro pie, sin correr paso a paso.

* Peatónito (@peatonito) es el enmascarado que declara la revolución peatonal a favor de ciudades para las personas y no para los coches. ¡Lucha libre por tu derecho a caminar!