blogeditor · 19 de febrero de 2021
Estamos acostumbrados y acostumbradas a que nos cuenten la Historia a través de los grandes eventos retratados en libros, relatos, películas e instrumentos que la presentan desde una dimensión macro, usando estadísticas y números que hacen que la sensibilidad se pierda con datos impactantes y fechas imposibles de aprender. Contar la historia mediante una macroescala implica olvidar de alguna forma a sus protagonistas, a esas personas que fueron partícipes de los eventos, ya sea de forma directa o indirecta.
Eso es lo que comúnmente pasa cuando hablamos del asesinato de periodistas. Al tratar el tema, muchas veces se viene a la mente, casi de forma automática, el prejuicio de que “seguro estaban metidos en algo” o “solo escribieron de política y narcotráfico”. En Defensores de la Democracia, por medio de la recopilación de las obras de periodistas asesinados y asesinadas, rechazamos este estigma y cuestionamos esta generalización, que solamente fortalecen la impunidad.
Desde el nacimiento de la Escuela de los Annales, la Microhistoria ha tenido un papel relevante en la historia social. La Microhistoria es una forma de contar los sucesos más cercanos a la realidad, rompiendo algunas veces con el gran relato de la macrohistoria, pues pone en tela de juicio las miradas dominantes que escriben la Historia. Por medio de relatos de gente cotidiana, en sitios cotidianos, con vidas cotidianas, logramos entender un pasado que se vuelve mucho más personal, aún cuando nunca se hayan vivido los hechos en primera persona1.
Precisamente, muchos y muchas de los y las periodistas asesinados, en realidad eran la pluma de la Microhistoria en México. Se encargaban de escribir esos relatos y noticias cotidianas que sucedían en la esquina del municipio en el que habitaban. En este artículo se pretende ilustrar cómo es que algunos y algunas periodistas que han sido asesinados y asesinadas en México fueron partícipes de la creación de la Microhistoria en torno a la violencia de género en el país. Cómo dieron nombre, cara e historia a las millones de mujeres que han sufrido algún tipo de violencia de género.
“Los hechos sucedieron en marzo de 2014, cuando la afectada se presentó ante el agente de Ministerio Público a denunciar que un sujeto que se encontraba en estado de ebriedad, ingresó hasta su recámara y abusó sexualmente de ella” (Esqueda, 2016)2. Esta es una de las muchas noticias que Edgar Daniel Esqueda Castro publicó sobre violencia de género en el estado de San Luis Potosí. Mediante pequeñas notas con un estilo muy coloquial, él daba a conocer sobre casos de detenciones por violencia familiar, violaciones sexuales, feminicidios, acoso sexual, entre otras formas de violencia de género.
Los reportajes publicados por Edgar Daniel nos cuentan la microhistoria de violencia de género en San Luis Potosí, pero que bien es una realidad que se reproduce en todo México. Le dan cara al 66.1% de mujeres mayores de 15 años (30.7 millones), que han declarado enfrentar cualquier tipo de violencia y de cualquier agresor a lo largo de sus vidas, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (INEGI, 2019). La violencia de género está tan estructurada e institucionalizada que afecta a la gran mayoría de las mujeres en México. No es un fenómeno aislado, no se da sólo en la ciudad o en el campo, afecta a mujeres y niñas, y no es único de una clase social.
La expresión más grave de la violencia de género es el feminicidio. Según datos del INEGI: “en 2018 se registraron 3,752 defunciones por homicidio de mujeres, el más alto registrado en los últimos 29 años (1990-2018), lo que en promedio significa que fallecieron 10 mujeres diariamente por agresiones intencionales” (INEGI, 2019)3. José Armando Rodríguez Carreón fue periodista especializado en fuentes policiacas en Ciudad Juárez, Chihuahua. Mediante sus reportes sobre feminicidios, se hace mucho más palpable la situación en el país. “Esposo culpable del reciente feminicidio”, “Capturan a presunto feminicida”, “Sospechan que mujer conocía a su asesino”, “Hallan a mujer muerta en hotel”, “Por celos asesinaron a mujer”, “Identifican cadáver de mujer”, “Sin pistas en el crimen de mujer”, entre muchos otros son títulos de reportajes realizados por José Armando.
Simplemente con los títulos de los reportajes podemos concluir algunas cosas en torno a los feminicidios en México: 1) En algunas ocasiones el feminicida es alguien cercano a la víctima, por ejemplo, la pareja sentimental, y que llevaban un largo proceso de violencia de género que no fue evitado u/o detenido y 2) la mayoría de los feminicidios permanecen impunes por la institucionalización de la violencia y la falta de recursos a instituciones gubernamentales que se encargan de asistir a las mujeres violentadas, brindarles servicios y darles justicia.
En México, la violencia de género se reproduce porque no hay un Estado de derecho que la castigue. La estructura la avala, la respeta y la fortalece. La violencia de género, al estar institucionalizada, genera que las víctimas pocas veces llegan a conseguir justicia; es más, en muchas ocasiones denunciar y llevar un proceso penal las acaba revictimizando. Existe una impunidad en todos los niveles de violencia de género, desde mujeres que denuncian por acoso u hostigamiento sexual, hasta en casos de feminicidio en los que las víctimas directas nunca reciben ni siquiera respuesta.
Miroslava Breach Velducea fue una periodista que dedicó gran parte de su trabajo a la investigación de violaciones a derechos humanos en Chihuahua. En 2015 escribió un artículo con el título “Declaran culpables a cinco acusados de trata y feminicidio en Chihuahua”. Esta detención de los feminicidas lo describe como “justicia a medias”, ya que como es bien sabido, Ciudad Juárez ha sido sede de miles de feminicidios desde la década de los 90 con los asesinatos de mujeres que trabajan en las maquiladoras (Las Muertas de Juárez) y en contadas ocasiones las víctimas han recibido justicia y los culpables castigo4.
Mediante sus artículos, Miroslava plantea el problema de impunidad en la violencia de género y la poca importancia que le da el Gobierno Federal y el Gobierno de Chihuahua a este. Por ejemplo, en 2011 Miroslava escribió que Luz Estela Castro, la entonces directora de la ONG “Centro de Derechos de la Mujer, A.C.”, denunció que el gobernador del estado de Chihuahua Cesar Duarte Jáquez, dejó sin recursos al Centro de Justicia para las Mujeres lo que ocasionó que no se le diera importancia a la ola de violencia de género en el estado. Por esta razón tuvieron que ser las ONGs y la sociedad civil los que exigieran la declaración de alerta de género en el estado.
Esto refleja la importancia de las ONGs y la sociedad civil en el movimiento contra la violencia de género y la promoción de la igualdad de género. En México es una realidad que ante la falta de políticas públicas y procesos penales con perspectiva de género, el poco apoyo económico a los refugios para mujeres, la deficiencia de programas para la promoción de la igualdad de género que rompen con estereotipos de género y el fallido sistema de justicia, el trabajo en esta materia se ha tenido que realizar desde la sociedad civil.
“Unas 300 personas de Tampico y Altamira, Tamaulipas, así como estudiantes de la secundaria técnica 53 Gral. Francisco Mújica, de la segunda ciudad, marcharon en la zona costa para crear conciencia sobre la violencia de género y el acoso contra las mujeres en esa entidad” (Valdez, 2017)5. En este artículo el periodista Javier Arturo Valdez Cárdenas, quien fue corresponsal de La Jornada en Culiacán, Sinaloa, justamente refleja cómo es que en México la forma de que llamar la atención de los gobiernos estatales y el Gobierno Federal con la intención de recibir respuestas ante la violencia de género ha sido por medio de protestas, marchas feministas, paros, plantones, entre otros, organizadas por la gente que comparte un sentimiento de hartazgo con la situación actual.
En la Historia, México será uno de los protagonistas en el tema de la violencia de género. Será tomado como ejemplo en las clases de Historia para ver las consecuencias de lo que pasa cuando un país no tiene perspectiva de género. La pluma de Edgar Daniel Esqueda Castro, José Armando Rodríguez Carreón, Miroslava Breach Velducea, Javier Arturo Valdez Cárdenas, y muchos otros y otras periodistas que han sido asesinados y asesinadas en México, sirve y servirá para visibilizar la violencia de género en nuestro país. Sus palabras aterrizan los diez feminicidios al día en México en casos concretos; sus reportajes nos muestran la cotidianeidad del abuso sexual, acoso y hostigamiento sexual; su mirada nos enseña lo que muchos y muchas mexicanos y mexicanas vemos todos los días. Su legado construye la Microhistoria de la violencia de género y forma parte de la historia en México que volará por muchos años más, aunque ellos y ellas ya no estén.
*Andrea Ceballos Jaime (@andreaa_cebj) colabora con Defensores de la Democracia. Es estudiante de Relaciones Internacionales en el ITAM, es editora de la sección Nacional de El Supuesto, periodico estudiantil de la institución, y forma parte de la Clínica vs la Trata de Personas del ITAM. Es apasionada del periodismo, los Derechos Humanos y la lucha por la igualdad de género.
1 González Mezquita, María Luz. “¿Microhistoria o Macrohistoria? Carlo Ginzburg entre I Benadanti y la Historia Nocturna”, 2000
2 Esqueda, Edgar Daniel. “Detienen a Hombre por abuso sexual”. San Luis Potosí: Temanzuchale. Informante Potosino.
3 INEGI. “Estadísticas a propósito del día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer”.
4 Brach Miroslava y Rubén Villapando. “Declaran culpables a cinco acusados de trata y feminicidio en Chihuahua.
5 Catellanos David, Javier Valdez, Irene Sánchez. “Ordez Coppel exige a Gobernación declarar alerta de género en la entidad”. La Jornada (2017),