Joel Aguirre · 16 de octubre de 2026
El panorama político de nuestro país atraviesa un momento crítico. Diversos informes de organizaciones internacionales (Latinobarómetro, V-Dem e IDEA Internacional) han documentado un escenario de deterioro en las condiciones necesarias para que el sistema mexicano funcione, evidenciando el debilitamiento de los contrapesos al Poder Ejecutivo, la pérdida de independencia judicial y los retrocesos en la libertad de expresión.
Los análisis señalan que el país enfrenta una crisis de representación sin precedentes en la que el Poder Legislativo se ha convertido en una Oficialía de partes del Ejecutivo, quedando reducido a un trámite autocrático, perdiendo su capacidad de frenar los abusos del poder presidencial. Como consecuencia directa de este declive institucional, se ha registrado una disminución en el respaldo ciudadano a la democracia como forma de gobierno; sin embargo, las y los mexicanos siguen confiando en una de las instituciones fundamentales para la democracia mexicana: el Instituto Nacional Electoral (INE).
De acuerdo con el “Informe sobre la democracia” de V-Dem 2026, México ha transitado hacia una autocracia electoral desde el año 2019. El documento evidencia que dicho deterioro se produjo durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y ha continuado bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, destacando que reformas como la del Poder Judicial han debilitado fuertemente la calidad democrática del país.
Según el documento, México aparece entre los diez países que registraron un mayor deterioro democrático en procesos de autocratización independientes. En la clasificación presentada por el informe, el país ocupa el quinto lugar por la magnitud de la caída en su Índice de Democracia Liberal, con una variación de −0.207 desde el inicio de su episodio de autocratización en 2019. Esta posición coloca a México junto a países como Hungría, Serbia, India y Estados Unidos, aunque cada uno presenta trayectorias y contextos políticos distintos.
En los indicadores correspondientes a 2025, México obtuvo 0.22 en el Índice de Democracia Liberal, con lo que se ubicó en el lugar 110 de 179 países. En el Índice de Democracia Electoral registró 0.47; en el Índice de Componente Liberal, 0.36; en el Índice de Componente Igualitario, 0.47; en el Índice de Componente Participativo, 0.65, y en el Índice de Componente Deliberativo, 0.43. De acuerdo con el documento, estos resultados reflejan una situación en la que la participación presenta una puntuación relativamente mayor, mientras que las dimensiones vinculadas con los límites al poder, el Estado de derecho, las libertades civiles y la independencia de las instituciones muestran mayores debilidades.
Por su parte, en su informe “The Global State of Democracy 2026”, IDEA Internacional señala que México se mantiene en un nivel de desempeño intermedio en la categoría de Representación, ubicándose en el puesto 83 a nivel mundial con un puntaje de 0,550. Respecto a la Participación ciudadana, el país se sitúa en el lugar 120 global con una calificación de 0,451. Mientras que en el rubro de Derechos, ocupa la posición 111 (0,407), además, en la categoría de Estado de Derecho, es donde el país cae a la franja de bajo desempeño al registrar una puntuación de 0,370, situándose en el lugar 112 entre 173 naciones evaluadas.
La desilusión ciudadana frente a este contexto parece palpable y medible. El informe Latinobarómetro 2026 muestra que el apoyo a la democracia en México ha disminuido, pasando de un 49 % en 2024 a un 45 % en la medición de 2025-2026.
Esta convicción nos sitúa por debajo del promedio regional latinoamericano, que es del 65 %. Asimismo, el 73 % de los mexicanos afirma no sentirse políticamente representado en el Congreso, situación que refleja que el Poder Legislativo no está atendiendo las causas y preocupaciones de la ciudadanía, absorbiendo en su mayoría la agenda dictada desde el Ejecutivo.
Sin embargo, en medio de estos alarmantes hallazgos, emerge un contraste profundamente esperanzador. A pesar de que la ciudadanía siente que su sistema político se deteriora, mantiene una sólida convicción en quienes organizan las elecciones. El mismo documento del Latinobarómetro revela que el 53 % de los ciudadanos en nuestro país manifiesta tener “mucha” o “algo” de confianza en el Instituto Nacional Electoral (INE).
Este dato es sorpresivo frente al contexto ya descrito. Con ese 53 % México se sitúa 19 puntos porcentuales por encima del promedio regional latinoamericano. Esto nos convierte en el segundo país con mayor confianza en su autoridad electoral en toda América Latina, estando únicamente por detrás de Chile y superando a naciones como Uruguay y Costa Rica.
En ese sentido, en medio de este panorama que vislumbra el desgaste democrático de nuestro país, esta confianza representa un activo que no debería darse por sentado. Sin embargo, también obliga a preguntarnos qué estamos haciendo con ella y si las autoridades electorales están a la altura de las expectativas ciudadanas.♦