La democracia y el futbol: el caso de Colombia

Joel Aguirre · 25 de junio de 2026

La democracia y el futbol: el caso de Colombia

Por Erick Daniel Cruz Ocampo*

Como segundo país favorito del Grupo K, Colombia debutó el 17 de junio en el Mundial 2026 en contra de Uzbekistán con una gran actuación. Daniel Muñoz, Luis Díaz y Jáminton Campaz fueron los autores de los goles que le otorgaron la victoria a esta selección.

Sin embargo, cinco días después de ese triunfo el país andino se enfrentó en otra cancha a una prueba superior a la del 11 contra 11 en 90 minutos: elegir en las urnas su modelo político, económico y social para los siguientes cuatro años. La decisión era sobre dos modelos políticos antagónicos.

El primero, Defensores de la Patria, movimiento liderado por Abelardo de la Espriella. La trayectoria del aspirante de la ultraderecha se forjó en el litigio de casos controvertidos, consolidando su perfil tanto en los estrados judiciales como en la escena mediática. Su propuesta de gobierno aboga por la militarización, la construcción de centros penitenciarios de gran escala (al estilo Bukele) y el desmantelamiento de la estrategia de conciliación impulsada por la actual administración de Gustavo Petro.

En el ámbito financiero, plantea un incremento del PIB del 7 %, incentivos fiscales para el gremio corporativo y permitir el fracking. Impulsado por una retórica de mano dura que pretende resolver la inseguridad y quebrar el orden institucional establecido, su plataforma también se posiciona firmemente en contra de la interrupción voluntaria del embarazo y de la adopción igualitaria. El diario El País lo llama el abogado del diablo.

El otro movimiento es Pacto Histórico en Marcha, con Iván Cepeda al frente. Sostenía que, “al igual que en México, por el bien del país primero los pobres”. Bajo la bandera de la Seguridad Humana Integral, este modelo redefine el éxito no mediante el conteo de bajas, sino a través de la mitigación de las violencias. El pilar fundamental reside en el cumplimiento cabal del Acuerdo de Paz de 2016 y la apertura de mesas de diálogo que sean eficaces.

En el terreno económico, aboga por un crecimiento bajo la batuta del Estado, donde la prioridad absoluta sea el trabajo digno con salarios vitales. Finalmente, propone una transición energética soberana con una retirada paulatina de los combustibles fósiles sin detener abruptamente la explotación, centrando esfuerzos en energías renovables y comunidades energéticas. Su plataforma es tajante al prohibir el fracking, buscando un giro en el modelo minero que garantice una transición justa para la sociedad.

Crónicas de unos comicios influenciados

La vigilancia o presión estadounidense en estas elecciones fue evidente. Previo al inicio de los comicios, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, manifestó de forma contundente que Washington mantiene una supervisión rigurosa sobre la jornada con el fin de asegurar la transparencia y legitimidad del ejercicio democrático.

Semanas antes de la segunda vuelta de las elecciones en Colombia, Christopher Landau, subsecretario de Estado de Estados Unidos, autoproclamado como el Quitavisas, subrayó que desde Washington se realiza una vigilancia exhaustiva de la jornada electoral y de los reportes sobre anomalías en el proceso. El alto mando ratificó el apoyo de la Casa Blanca a la institucionalidad democrática de Colombia, evocando la postura de Marco Rubio respecto a la necesidad imperativa de asegurar la claridad y transparencia en el ejercicio del voto. Y amenazando con revocar las visas de todos aquellos que manipularan el proceso democrático.

Con el mismo modus operandi empleado previamente en Honduras, Argentina y Brasil, Donald Trump difundió un apoyo explícito hacia Abelardo de la Espriella, mediante su plataforma Truth Social, apenas 48 horas tras la ronda inicial. El republicano aseguró que el desenlace de estos comicios resulta vital para el porvenir colombiano y su vínculo con la Casa Blanca. Esta validación directa constituye una pieza clave en la estrategia de Washington por consolidar su hegemonía en el hemisferio.

¿Qué significa el apoyo e injerencia de Trump en el país y en la región? El mensaje es claro, el triunfo de la izquierda de Petro hace cuatro años fue un error del sistema, un error que se corrige, se repara y se hace lo necesario para que no vuelva a suceder, aunque de por medio se lastime a la democracia.

¿El problema es la democracia?

De acuerdo con la Registraduría Nacional del Estado Cívico de Colombia, el conteo preliminar de votos le da la victoria al candidato ultraderechista De la Espriella, con una ventaja de menos del 1 %. La diferencia entre ambos proyectos políticos en esta segunda vuelta es de 250,830 votos. Es decir, cuatro veces el público que le cabe al estadio de futbol Palmaseca puede definir el triunfo de algo tan importante como las elecciones presidenciales y el futuro de esa nación.

La peculiaridad, un tercio de la población no ejerció su derecho al voto. La violencia estructural y la desigualdad social son parte de las razones de este hecho. A decir: las filas de los grupos armados experimentaron un crecimiento alarmante, pues pasaron de 22,000 efectivos en 2024 a cerca de 27,000 al cierre de 2025. Esta expansión ha traído consigo la dolorosa realidad del reclutamiento forzoso de menores, una problemática que no deja de escalar.

De acuerdo con reportes del International Crisis Group (ICG), delitos como el secuestro y la extorsión se han duplicado en dicho periodo, mientras las tasas de homicidio en las zonas de mayor conflicto muestran un repunte crítico que fractura la paz territorial.

Ante este panorama, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha lanzado una contundente advertencia: Colombia atraviesa hoy la crisis humanitaria más aguda de los últimos diez años. Este deterioro es el resultado directo de la intensificación de los enfrentamientos y de la vulneración sistemática del derecho internacional humanitario por parte de los actores armados que operan en el país.

La pregunta es entonces: ¿cómo se puede gobernar un país en el que solo un tercio de la población votante eligió el proyecto político ganador?

En el último mes este escenario se ha repetido dos veces, primero en Perú y, ahora, en Colombia. El margen de victoria para la facción de ultraderecha resulta tan estrecho que la definición definitiva de los comicios queda supeditada a la resolución de las impugnaciones interpuestas.

Nos quedamos con más preguntas que respuestas

En el momento en el que se escribe este texto, el conteo de los votos y las impugnaciones por irregularidades aún están en revisión. Si la tendencia política y mediática se mantiene, el resultado no cambiará. Sin embargo, sea quien resulte el ganador, lo ocurrido en Colombia nos deja más preguntas que respuestas y temas por analizar.

En primer lugar, el avance de la ultraderecha en América Latina, que per se es de preocupar.

En segundo lugar, ejercicios políticos con resultados como este nos invitan a un análisis y debate más profundo: ¿sigue siendo la democracia el modelo idóneo aun cuando la diferencia entre ganador y perdedor es tan cercana? ¿Será que en la democracia se gana a costa de lo que sea —como si fueran penales en un partido de futbol—? ¿O es que solo interesa ganar las elecciones sin importar la diferencia, haiga sido como haiga sido? ¿La democracia es posible siempre y cuando esté fuera del alcance de Estados Unidos o solo cuando es a favor?

El escrutinio de los votos de la segunda vuelta no se puede entender como el tiempo de los penaltis a muerte súbita, sino como el papeleo que necesita el equipo favorito que ganó los partidos previos. Lo que busca el equipo de Iván Cepeda con el escrutinio es dejar un cúmulo de evidencias que, aunque no revire el marcador, ponga en evidencia la imperfección del sistema electoral. 

No se le puede ganar en penales a un sistema diseñado para que solo un equipo gane. Cuatro empresas privadas controlan las elecciones presidenciales. Parte del conglomerado del software electoral que hace el escrutinio de los votos es vulnerable a ataques, modificaciones o alteración y deja lo público en manos de lo privado, con las consecuencias que eso implica.

La primera ronda del Mundial dejó un sabor dulce y esperanzador para el sur global, Congo, Cabo Verde, Marruecos, Egipto, Senegal y Colombia incluidos; ojalá que en lo político también el sur global se vea beneficiado para poder frenar al renovado fantasma que recorre y gana presencia en el mundo: el fantasma de la ultraderecha.

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*Erick Daniel Cruz Ocampo es licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM y maestro en Seguridad Internacional por el Instituto de Ciencias de la Seguridad de la Academia Nacional de Policía de Ankara, Turquía. Especialista en migración por el Departamento de Gestión de Crisis de la Academia de Policía de República Checa, laboró en la embajada de Egipto en México, la de México en Turquía, y desde 2020 es asesor político en México. Redes: @EDCruzOcam