La democracia existe, pero tiene que encontrarte trabajando

Redacción Animal Político · 12 de diciembre de 2024

La democracia existe, pero tiene que encontrarte trabajando

La semana pasada tuvimos la posibilidad de representar a Mexicanos Primero junto a nuestra presidenta ejecutiva, Patricia Vázquez, en la presentación del libro Designing Democratic Schools and Learning Environments: A Global Perspective, en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Como editor y autora de un capítulo, respectivamente, presentamos las ideas fundamentales de un libro que busca, ante todo, abrir conversaciones respecto a lo que significa educar de una forma que cuide y fortalezca la democracia en el mundo. Con casi 40 experiencias de más de 15 países, el libro ofrece una perspectiva práctica para quien se interese en esta temática.

Como creadores del libro, consideramos que se trata de un tema fundamental. Cuando la polarización reina y la definición ideal de democracia es desafiada por versiones de corte alternativo que cuentan con un alto respaldo popular, la discusión -por cierto, nada nueva- sobre la relación entre escuelas y democracia cobra un valor especial. Los sistemas educativos son uno de los principales espacios de construcción de tejido social, y en las escuelas se entrecruzan aspectos puramente educativos (la relación entre estudiantes, docentes y currículum) con aspectos laborales, de convivencia humana y también de interacción política.

Más allá de establecer una posición definitiva al respecto desde lo teórico, la complejidad del momento actual, en México, en Norteamérica y en el mundo, llama a la apertura de un debate de ideas capaces de sustentarse también en lo práctico. En otras palabras, se trata de pensar qué pueden hacer las escuelas para proteger la democracia, con las manos, los pies, el cerebro y el corazón puesto en la realidad de las aulas. Esto implica partir por reconocer que existen posibilidades desde las prácticas educativas que muchas veces se ignoran y se pasan por alto desde las cúpulas de poder. Y también, reconocer que las escuelas viven siempre en la paradoja de impulsar la construcción de una mejor sociedad, padeciendo como barreras las limitaciones de la sociedad actual que reflejan.

Para llegar a establecer cursos de acción respecto a cómo trabajar para construir una escuela capaz de ofrecer más oportunidades para una convivencia democrática, hace falta diálogo, comunicación, trabajo conjunto. Y también, la capacidad de saber moverse en las múltiples capas de gris que existen entre el blanco y el negro. Se trata de capturar lo que emerge en la discusión respecto a qué es democrático, dependiendo de cada contexto y circunstancia.

El título de este artículo parafrasea una cita usualmente atribuida a Pablo Picasso. En vez de hablar de democracia, la oración original alude a la inspiración. Pero el mecanismo detrás de la idea sirve para decir que, tanto en la misión de producir arte como en la de construir una democracia, hay la necesidad de habitar tanto el mundo del logos como el de la praxis. La democracia existe, pero tiene que encontrarte trabajando. Tanto el arte como la democracia son en partes iguales una abstracción y un reflejo de la realidad material que las sustenta. No se puede hacer arte con materiales que no se conocen. No se puede desanclar la democracia de una determinada realidad humana, social, cultural. Ambas, poseen un significado siempre en construcción y emergente.

Muchas veces cambiamos nuestra percepción respecto al significado y el valor de una obra de arte al leer o escuchar las ideas de otros sobre ella. De la misma manera, la definición de qué es una práctica democrática en sí, o el juicio sobre si una acción fortalece realmente la convivencia democrática al interior de una organización, dependerá de la deliberación de las personas involucradas y el balance que hagan dentro de un determinado contexto y circunstancias. Acción y diálogo.

Más que predicar recetas, manuales y taxonomías, la determinación respecto a qué pueden hacer las escuelas por la democracia y viceversa sólo podrá surgir de una conversación libre y plural. Aunque a veces suele pensarse en la idea de escuelas democráticas como escuelas sin reglas en las que reina la anarquía, la realidad es que es precisamente la existencia de reglas -entendidas como principios a los cuales alinearnos voluntariamente- lo que permitirá sostener esa conversación de manera permanente. Necesitamos romper la impulsividad instintiva de nuestra parte animal para construir un espacio en el cual convivir democráticamente con otros. Por varias razones, las escuelas son un espacio privilegiado para practicar esto último.

En primer lugar, la vida al interior de una escuela se centra siempre en interacciones entre personas. En cada una de ellas, hay tanto una expectativa formativa, como una posibilidad de expresión. Formar, educar, cuidar, son algunas de las funciones fundamentales de la escuela. En la transmisión de contenidos del currículum se abre la puerta a la identificación y pertenencia a una sociedad y cultura común. Y también, se desarrolla el repertorio de diferenciación que nos permite sentirnos siempre una cosa individual única e irrepetible, conectada de manera fundamental con otros que gozan de esa misma dualidad.

En segunda instancia, las escuelas son espacios de decisión. Desde las decisiones administrativas más básicas tomadas por directivos, hasta las decisiones más domésticas que toman madres y padres de familia, pasando por las múltiples decisiones pedagógicas tomadas por docentes en sus aulas. En cada una de ellas, surge la posibilidad de ejercer un pequeño gran grado de poder que impacta la vida de otros. Este poder conlleva una responsabilidad moral enorme, lo que ofrece una ventana para cultivar un sentido de responsabilidad cívica fundamental: hacerse cargo de las consecuencias y efectos de dichas decisiones.

Y por último, las escuelas ofrecen un espacio de pliegue entre la sociedad que somos y la que quisiéramos ser. Son tanto una realidad como una posibilidad. Y en esa dualidad, tienen la posibilidad de incorporar a su práctica cotidiana y a su reflexión aquellos problemas que más directamente impactan su vida cotidiana.

Quien se anime a leer el libro, cuya versión digital se encuentra disponible de forma gratuita en el siguiente enlace, podrá ver historias de educadores que han vivido en primera persona la caótica aventura de construir educación democrática en distintos contextos. Cada capítulo ofrece una perspectiva íntima de los desafíos cotidianos asociados a aprovechar oportunidades para que, como comunidades, las escuelas sean espacios capaces de ofrecer una convivencia más democrática y que contribuyan a proteger lo que en ese lugar específico se considera democrático. A través de esos testimonios, seguramente surgirán ideas sobre la propia práctica para quienes son educadores o estudiantes. Y ojalá, amanezcan ideas nobles respecto a cómo trabajar diariamente por proteger nuestras frágiles democracias.

* Gustavo Rojas Ayala (@Gurarojas) es director de Investigación de Mexicanos Primero (@Mexicanos1o).