La democracia es más que un basurero de esperanzas

Jorge Avila · 24 de marzo de 2026

La democracia es más que un basurero de esperanzas

El politólogo estadunidense Robert Dahl nos legó una frase emblemática para definir la democracia en su libro Los dilemas del pluralismo democrático: “Actualmente, el término democracia es como un antiguo basurero de cocina, lleno con las distintas sobras de dos mil quinientos años de uso casi continuo”. La frase era lapidaria en 1983 y lo es el día de hoy, cuando, a nivel nacional e internacional, esta forma de gobierno enfrenta una de sus crisis más agudas en más de un siglo. Ya sea por las amenazas autoritarias o por los intentos reformistas de regresar a un estado de cosas que ya no existe, lo cierto es que la democracia no pasa por un buen momento.

La situación en nuestro país está encarnada por varios motivos. Además de la reforma electoral propuesta por la presidenta, ahora llamada Plan B, están situaciones como las protestas de la CNTE para exigir la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, o el llamado encuentro de periodistas independientes convocado por Jesús Ramírez Cuevas el pasado fin de semana. Cada uno de estos eventos sirve como ejemplo y referente de la situación actual que vive nuestra democracia mexicana: asediada por la consolidación del poder del partido oficial, mientras busca delimitar una idea de periodismo afín a su proyecto y renuncia, a su vez, a la atención de causas que hizo suyas antes en su camino hacia el poder. La idea de democracia que perfilan pareciera alejar del poder a la voluntad popular más que acercarla.

Nuestra vida política democrática alberga distintos anhelos y esperanzas, ya sean los de sindicatos, luchas estudiantiles, indígenas o urbano-populares que nos antecedieron, o los de nuevas reivindicaciones que demandan un lugar en nuestra mesa política: las luchas feministas, de la diversidad sexual y de las madres buscadoras, por ejemplo. La propuesta de reforma electoral, en ambas versiones, renuncia a ese legado y a los reclamos actuales al reducir el financiamiento y la estructura de las autoridades electorales, y al restringir la presencia de otras expresiones políticas fuera de los partidos políticos. Al convocar a un encuentro de periodismo independiente apoyado y financiado por el poder político, se renuncia de hecho a la independencia que presume para favorecer la agenda del gobierno en turno.

Cuando la presidenta se niega a atender las demandas de la CNTE, vinculadas con su derecho a una pensión digna y a un replanteamiento del modelo educativo, también merma la democracia. No solo por negarse a escuchar a un sector organizado con una demanda popular, sino también porque es un ejemplo de la actitud con la que se ha respondido a quienes plantean demandas fuera del partido y su estructura. La democracia no es simplemente un gobierno de mayorías: la voluntad general no es solo voluntad de la mayoría, sino del pueblo en conjunto, con sus diferencias.

Más que fortalecer la democracia, o abonar a su mejora, acciones como la reforma electoral, un encuentro de periodismo financiado por el poder o la negativa a atender a la CNTE merman la vida democrática. El hecho de que Morena y la presidenta ostenten el poder gracias al voto de la mayoría electoral no significa que puedan ignorar a las asumidas minorías políticas que esto deja. Si no queremos que la democracia se convierta en un basurero de esperanzas, es momento de que la presidenta y su partido reconozcan que su voluntad no es voluntad general, sino un compromiso con la voluntad popular diversa que conforma nuestra vida política nacional.