blogeditor · 24 de octubre de 2016
Robar es un arte
Ya me cansé. La corrupción es cultural. Superen lo que pasó en Ayotzinapa. No fue plagio, sino error tipográfico.
Capítulos telegráficos de un sexenio en bancarrota. Con aportes adicionales, que provienen de los rincones menos recónditos del territorio nacional.
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Our Walking Dead. Zombis autóctonos. El mirrey filósofo Peña y su cohorte de malandarines (sic): algunos de los cuales, como ‘el vice’ Videgaray, cayeron -para beneficio de la tribuna- en aparente desgracia provisional.

En el testimonio videístico de marras, un jefe de sector policiaco en el antiguo DF dicta cátedra: ratear uniformado, o –por extensión, diría más de uno- tras el escritorio (retando a que arrojemos la primera piedra aquellos que estemos libres del estigma de la corrupción) es parte de la corriente estética de un Peñanietato en franca caída libre.


Las frases que utiliza al llamarle la atención a su audiencia son un destilado: una síntesis pura, del know–how gendarmeril.
No soy menso. Yo tengo más experiencia que tú y también sé robar. Bueno, no es robar… Esto vendría siendo un arte, es un arte porque debes de parar, debes de trabajar a la gente para que la gente agarre y se vaya contenta y se vaya a gusto y no te reclame nada.
Como en las elecciones donde normalmente se impone, casi de inmediato, el remordimiento del comprador. Con una ciudadanía transformada en Stradivarius colectivo en manos de expertos ejecutantes, que de ribete retoma, profundamente agradecida con sus verdugos, actividades diarias después de realizada la crucial transacción.


La coima y el voto. Los sufragios que perpetúan un régimen donde La Mordida es legión.
La mafiosa cofradía de la cual depende este representante del gremio de los polizones estetas ya mandó al exilio, tanto al erudito involuntario como a sus dóciles subordinados/educandos. Sus alumnos, en Limbo laboral, podrían aprovechar las enseñanzas de su Maestro en encomiendas diversas. Posgrados en campo; circuitos motivacionales. Videos corporativos para aquietar conciencias de empresas saqueadoras, aunque presuman ‘responsabilidades sociales’ de utilería.
Las ideas breves y concisas de este tránsito, Fernando López Silva (identificado por como ex Jefe de Operaciones en la Zona Vial 4, Sur) aportan enormidades al conocimiento anecdótico mexicano. Por puro accidente, recuperan la doctrina de nuestra zarandeada identidad nacional.


Robar es un arte.
Bienaventurados son y serán los que se conserven hampones e institucionales, así sea entre las sombras o desde la clandestinidad, manteniendo en la práctica el sabio consejo con destreza y determinación.


Y nosotros seremos testigos casuales del Credo de los hampones con uniforme y de cuello blanco e híbridos como el duce republicano Drumpf en los Estados Unidos, y –en el flanco democrático- los causantes del colapso financiero mundial en 2008 (hoy entusiastas apoyadores de la campaña de Hill, Bill y Chel Clinton para la presidencia, quienes se han esmerado desde ese tiempo para pagar sus lujos y vacuas ‘conferencias’ a favor de la desregulación, el fracking, etc.)
Hagamos Patria y Arte de México, robando. Y al mazo (o en el Estado de México, Del Mazo) dando.


Revisando aleatoriamente la red, nos encontramos con la Estética como concepto filosófico que determina lo siguiente: ‘Es una disciplina que trata de lo bello (entendido en el sentido amplio que abarca lo artístico, las diferentes categorías estéticas –sublime, gracioso, lindo, ridículo, trágico, etc.- lo bello natural, moral y cultural) y los diferentes modos de aprehensión y creación de las realidades bellas’.


Requiere la Estética Mexicana tesis adicionales, para así entender mejor a nuestra propia cleptocracia y la asignación obligada de escuelas históricas (barroca, rococó, costumbro-expresionista, surreal) con exponentes arquetípicos: Rodrigo Medina, los Murat / Duarte / Moreira. El clan Hank, del Patriarca indispensable, compartiendo influencia desde la base hasta la cúspide.


Escuela lagunera de Humberto, Rubén (y de Álvaro, el hermano cómodo que quizá llegue a ocupar sus puestos de responsabilidad). La jarocha, de Fidel Herrera y su avezado pupilo hoy en fuga. Quintana Roo pintoresco, con Borge como Maese reciente. La oaxaqueña de Ulises Ruiz y el consorcio inmobiliario de Murat y compañía, cuya cabeza visible es el casi gobernador Alejandro: fiel hijo de su padre y actual protector e inversionista principal, de las fortunas familiares.
Piezas dispuestas a formar parte de galerías o museos del imaginario colectivo, en lugar de las cárceles que serían sus destinos seguros (de haberse manifestado una fracción de sus corruptelas en –casi- otro lugar cualquiera).
Hay que ver que estamos, simplemente, en México; que nuestra tolerancia a sufrir –casi con admiración- la tranza inconcebible y el asombroso trinquete, no conoce límite comparable. Que éste tal vez se agote, pero hasta las elecciones federales del año 2084.
Es una forma, o estilo de vida.
Y los saqueos, obras maestras con merecimientos para ser subastadas por pesos pesados: Sotheby’s o Christie’s.
Las Empresas Fantasma de Javier Duarte; el Banco personal/Caja de Ahorro de su epónimo César. Las Naturalezas Muertas consumadas por el ecocida Roberto Borge Angulo, o la presa privada en tiempos de sequía del sonorense fugitivo Padrés.
Las piezas surgen de la corrupta y corruptura ‘civilización’ de la barbarie continuista, y sus antecesoras multinivel. Herencia podrida que remacha, en la totalidad del mapa del país -y bajo la mirada incrédula de la opinión internacional- atavismos históricos que deberíamos desterrar.
Cualquier otra salida tenderá a clausurar –vía actos de autoridad, que sancionan despojos cada vez más gigantescos- cualquier discusión que anule la dicotomía existente entre Ética y Estética, tal y como define esta última nuestro flamante pensador policiaco, corrido por la Secretaría de Seguridad Pública (a menos que se aparezca, como Tomás Zerón, en puestos estratégicos con mayores responsabilidades laborales …)
¿Contemplaremos estos logros, con el mismo @rrobamiento que producen las Grandes Obras del Arte Universal?
¿Serán objeto de sesudas disquisiciones de algún Platón o Aristóteles posmoderno?
Por lo pronto, nos quedamos rumiando -desde el fondo del sótano al que no acceden los ‘artistas’ que nos desgobiernan- las sentencias del orgulloso filosofete policial.
La corrupción como cultura/destino, y el encomiable arte de robar.
Dos frases lapidarias: insultantes, que dibujan de un jalón a la Nomenklatura mexicana y lo mucho que debemos avanzar para que sea viable nuestra supervivencia colectiva frente a peores barbaries venideras.
Mientras tanto, y en serio: ¿de veras vamos a aceptar que robar seguirá, por los siglos de los siglos, siendo El Arte por excelencia?