blogeditor · 21 de enero de 2021
Imagine la cantidad de discursos públicos que ha escuchado de partidos políticos y de personas que compiten por algún puesto de elección popular. Cada narrativa, cada conjunto de ideas y palabras que se utilizan para contar una historia, contiene experiencias y valores a partir de los cuales se construyen expectativas y percepciones sobre lo que se transmite. En el intercambio de narrativas identificamos patrones y conexiones, evaluamos capacidades, identificamos símbolos y emociones, y discernimos si nos sentimos esperanzados o temerosos de lo que escuchamos y percibimos del otro.
Con el tiempo, las narrativas se agotan. En el caso de personas en espacios de toma de decisión, cada cierto tiempo tendemos a reevaluar las expectativas y percepciones sobre lo dicho y lo hecho. Los resultados y la evidencia toman su lugar. A partir de ello sostengo que:
En el primer caso, la narrativa pública puede ser efectiva para transmitir una necesidad de cambio y provocar esperanza, pero no conecta con la estrategia para ejecutar acciones y procesos alineados a metas y objetivos. En pocas palabras, se logra compartir el gran por qué, pero no aterrizan en los cómos. Pongo un ejemplo: “la corrupción se barre como las escaleras: de arriba hacia abajo”. La narrativa logra conectar un mensaje claro que se comparte cientos de veces con la población y con el que la mayoría simpatiza, sin embargo esta idea no se materializa en las acciones observadas ni con los objetivos planteados. El gobierno federal no ejecuta políticas públicas que fortalezcan los procesos de identificación, investigación y sanción de casos de corrupción, ni de arriba hacia abajo ni viceversa.
Envía mensajes disonantes a la población al mantener a actores corruptos en la parte más alta de la escalera como Manuel Bartlett o al entregar dinero al hermano del presidente para remodelar un estadio de béisbol. El mensaje también resulta confuso cuando se entiende que la corrupción no funciona en escalafones sino en redes de grupos de interés y de personas que se benefician de los actos de corrupción. De esta forma, en la medida que los resultados no llegan, las personas que sintieron afinidad, empatía o esperanza con el mensaje pierden confianza y provoca decepción o enojo.
Por otro lado, en la medida en que las narrativas públicas logran combinar los porqués y los cómos, la ejecución de acciones concretas lleva a lograr las metas y los objetivos planteados con resultados medibles y comprobables. Pongo un ejemplo también relacionado con el combate a la corrupción: “la corrupción se combate con instituciones efectivas”. El mensaje obliga a identificar qué instituciones son responsables de los procesos para prevenir, identificar, investigar y sancionar casos de corrupción. Si éstas no existen, se deben construir o diseñar un entramado institucional de reglas formales e informales que permitan cumplir con la expectativa. Este fue el caso de la construcción del Sistema Nacional Anticorrupción la década previa.
Para lograr narrativas públicas efectivas es necesario no sólo transmitir un mensaje de manera adecuada, sino que a través de ese mensaje seamos capaces de sumar a más personas a una causa que nos importa; que logremos convencer a más y más que la acción es urgente y que es colectiva. De esa forma, las personas se hacen partícipes en ejecutar acciones y logran metas colectivas que socialmente permiten construir una política de causas, una política que trasciende procesos electorales y que concentra toda su atención en los problemas públicos que nos importan como comunidad.
Las narrativas públicas nos permiten comunicar los valores que motivan las decisiones que tomamos como seres humanos. A través de las experiencias compartidas nos relacionamos con los demás y nos motivamos unos a otros a actuar y a asumir riesgos en colectivo para los desafíos que queremos enfrentar. Si eres candidato o candidata en este periodo electoral pregúntate ¿cómo aterrizar las narrativas políticas en una agenda de trabajo? ¿Cómo traducir las ideas y propuestas en acciones concretas para lograr el cambio esperado? ¿Cómo lograr que las agendas y las causas que defiendo pueden lograrse en colectivo después del proceso electoral? Recuerda siempre que los cómos importan tanto como los por qués.