Dejar de ser un monstruillo solitario

blogeditor · 10 de junio de 2011

Dejar de ser un monstruillo solitario

Do return my heart to me

No, don´t insist, I´m already hurt

Él teclea en la computadora con violencia.  Le cuenta la historia del “coche bomba”, es decir, la mujer que lo hizo pedazos hace no tanto tiempo. Le apodó “coche bomba” porque esa chica le calcinó hasta los huesos: “Cuando pasó aquella onda expansiva de la coche bomba sobre mí, me levanté atascado de esquirlas y me fijé que me hacían falta algunas partes. Sentí un dolor profundo”. Angel threw me like a rubber band aiming for the ground.

Este hombre sigue en reconstrucción después de esa mujer. Este hombre está en la reestructura de sí mismo, está levantando muros. A través de sus palabras ella percibe que los muros tal vez se estén extendiendo demasiado alto.

Justo como a ella le sucedió, aunque en realidad ahora esté buscando derribar esos muros que se empeñó en construir desde hace un par de años. Elephant girl, it was an accident unfortunate. Probablemente decir que se empeñó es incorrecto. Tal vez esos muros surgieron de manera natural, como un simple (sí, claro…) mecanismo de defensa y, por supuesto, de supervivencia, resultado de una de las situaciones más dolorosas que le ha tocado vivir: el abandono.

¿Y cuáles son las consecuencias del abandono? Ella debe aclarar que aquí se referirá al abandono amoroso, cuando “eso” se extingue de manera unilateral. Más simple: cuando la otra persona se atreve a decir el aterrorizante adiós, no te amo, vete a la mierda, etcétera, y tú te quedas con la pesada losa del amor todavía sobre los hombros, hundiéndote unos cuantos metros bajo tierra. Lay me down on the ground softly softly, don´t remove my head hurts much too much.

El abandono amoroso puede hacer de ti un pequeño monstruillo temeroso, desconfiado, agresivo. Un ente que ve con ojos entrecerrados cualquier muestra de afecto o de interés con el objetivo de asegurarse que no le están tomando el pelo. Un monstruito que pretende anticipar cada pensamiento del otro y siempre considerar la posibilidad de que todo saldrá mal para aniquilar, de raíz, cualquier especie de ilusión que se vaya gestando dentro de sí, porque un monstruillo no puede darse el lujo de calcinarse con el fuego de un coche bomba de nuevo. Mejor pecar de calculador que pecar de pendejo.

Suena exagerado, pero el abandono amoroso crea criaturas disfuncionales y peligrosas, no para la sociedad, sino para sí mismos. Elephant woman.

El abandono amoroso te desgarra, así de “sencillo”. Volver a unir tus piezas no es cosa fácil. Ella aún cree que es imposible, pero lo que sí cree es que se aprende a convivir con las grietas que permanecen. My inside and outside are matching.

El abandono amoroso crea monstruitos –como él y ella- que construyen paredes para que ningún ser ose volver a desgarrarlos como aquella primera vez, fatal. Es, en verdad, como vivir dentro de cuatro paredes por un tiempo. El monstruo no tiene que preocuparse por evaluar los sentimientos de los demás –y mucho menos los propios-, por fin puede tener los ojos descansados porque no hay nadie lo suficientemente cerca que pueda traspasarle la carne.

Pero…¿qué sucede cuando de pronto alguien se acerca al monstruo e intenta cruzar los muros? Al principio cree que no tiene de qué preocuparse porque seguramente el nuevo ente saldrá corriendo en cuanto vea la clase de monstruo que tiene enfrente. No es un monstruo peligroso, ciertamente, sólo está “indispuesto”. No, don´t insist, I´m already hurt.

Pasan los días y el nuevo ente no se va y, por el contrario, sigue trepando el muro hasta que de pronto se encuentra cara a cara con el monstruo y no le huye. No, don´t insist, I´m already hurt.

El monstruo toma al ente nuevo por los hombros, lo huele delicada y detenidamente; lo examina con lupa, abre más y más los ojos porque sabe que en cualquier momento un grave defecto brotará de aquel cuerpo. Pinche monstruo ya caíste, tenía que suceder. Él se lo dijo: “Gran parte de mí tiene esas ganas de volverse a perder en unos ojos, de besar con miel…”

Basta. Basta de examinar de manera tan quisquillosa. El monstruo es en realidad un hombre o una mujer que puede perderse de vivir y sentir sólo por los malos hábitos de autosobreprotección que el abandono amoroso le dejó.

Gracias al hombre que compartió su historia conmigo. Estas letras van para él.