Redacción Animal Político · 30 de enero de 2023
Hace unos días, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) publicó las cifras preliminares de defunciones ocurridas en nuestro país durante el primer semestre de 2022, mismas que revelan información interesante que es oportuno analizar para entender el comportamiento de las razones más comunes que provocan la muerte de los y las mexicanas.
Sin lugar a dudas, estas cifras han cobrado mayor interés porque han sido el termómetro para medir la gravedad de la pandemia por covid-19. En total, por todas las causas, para el primer semestre del año pasado se registraron más de 439 mil muertes. Una reducción significativa frente a las más de 580 mil que ocurrieron en el mismo periodo de 2021 y mucho más cercanas a las cifras del primer semestre de 2020, cuando la pandemia apenas comenzaba.
Las principales causas de muerte en los primeros seis meses del 2022 fueron provocadas por las enfermedades del corazón (105 mil 864), seguido de la diabetes (59 mil 996), los tumores (44 mil 533), la covid-19 (30 mil 680) y las enfermedades del hígado (20 mil 608). En lo dicho, se confirma que el coronavirus ha cedido en su letalidad gracias a la vacunación, al pasar de ser la primera causa de muerte durante todo 2021 (con más de 238 mil), a la cuarta en la primera mitad del 2022.
Sin embargo, también es evidente el efecto que tuvo la emergencia sanitaria sobre otras enfermedades que fueron claramente más mortíferas en los primeros semestres de años anteriores. Por ejemplo, en comparación con dicho periodo de 2021, en los primeros seis meses de 2022 los fallecimientos por influenza y neumonía disminuyeron en 51 %, por diabetes en 18.5 % y en 6 % en las relacionadas con las afecciones del corazón.
Los datos revelados por el Inegi también confirman el tamaño de la tragedia que significó la pandemia en México. Tomando en cuenta el exceso de mortalidad (fallecimientos que sobrepasan lo esperado con base en las tendencias históricas) calculado mediante las cifras preliminares, se observa que de enero de 2020 a junio de 2022 ocurrieron 771 mil 206 fallecimientos. De ese tamaño el impacto de la pandemia. La buena noticia, si cabe alguna en este recuento, es que desde marzo de 2022 el exceso de mortalidad se ha normalizado y ha vuelto a niveles prepandemia.
La información preliminar de defunciones para el primer semestre de 2022 muestra claramente que lo peor de la pandemia, al menos desde el punto de vista sanitario, ya ha pasado. Pero también significa una fotografía clara que debería ayudar en la toma de decisiones para prevenir, diagnosticar y tratar las enfermedades que, con mayor probabilidad, pueden provocar la muerte en nuestro país.
Por ello es crucial no olvidar los efectos del covid-19 en el largo plazo y preguntarnos: ¿qué seguimiento se está dando a las personas recuperadas de covid-19? ¿Cómo se reducirán los riesgos para que una enfermedad crónica degenerativa en el futuro no se complique? ¿Contamos con los recursos necesarios para atender esta problemática? La disminución de la letalidad del coronavirus en el corto plazo es una buena noticia, sin duda, pero no pueden ignorarse las implicaciones que pueden sufrir las personas, contagiadas con este virus, en el mediano y largo plazo. Finalmente así es como se construye un buen sistema de salud, no sólo atendiendo sino también evitando posibles efectos nocivos para la salud; evidencia existe para poder construirlo.