blogeditor · 14 de septiembre de 2017
Por: Eduardo Reyes (@eduardoreyesc)
No toda la publicidad oficial tendría que ser inútil para la sociedad. Dicho eso, no tengo duda que una parte significativa de la que vemos en distintos medios lo es. Sea producto del Ejecutivo Federal, de los estatales o cualquier otra dependencia pública, en la mayoría de los casos no se trata de rendición de cuentas, sino de ejercicios de difusión selectiva de resultados (en el mejor de los casos), autoelogio, culto a la persona y/o posicionamiento electoral de un grupo. No hay mejor ejemplo de ello que los anuncios de informe de gobierno.
El problema no es menor si consideramos que tan sólo el gobierno del presidente Peña Nieto gastó más de 36 mil millones de pesos en los primeros cuatro años de su administración y que, por ejemplo, los estados en su conjunto dedicaron casi 12 mil millones tan sólo en 2015. Fundar ha hecho un extraordinario trabajo recopilando estos datos y presentando ejemplos del costo de oportunidad de estos recursos en este reporte.
Cierto, es un despropósito que nuestros gobernantes dediquen tal cantidad de recursos públicos (o sea dinero de nosotros, de todos) en tan egoísta e improductivo fin (es improductivo incluso para sus propósitos, como puede verse en las piezas de autosabotaje que el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, ha difundido como parte de su quinto informe de gobierno). Sin embargo, esto no quiere decir que no se pueda hacer publicidad oficial con un enfoque diferente, que sea útil a la sociedad.
Algunos criterios que me parece necesario la publicidad oficial atienda para que sirva de algo (a la sociedad) son los siguientes:
Bajo estos criterios seguramente varias dependencias se quedarían incluso sin justificación alguna para gastar en publicidad oficial. Si nos quedáramos sólo con los casos que cumplen estas características estaríamos ahorrando recursos que podrían ser destinados a mejores fines que ver a nuestros gobernantes mostrando su mal desempeño (ahora como actores/actrices). Uno de esos mejores fines sí podrían ser más campañas, pero que sí sirvan a la sociedad. Si le pensamos no es que falten áreas de oportunidad para empoderarnos respecto a los servicios públicos que recibimos o para adoptar comportamientos más civilizados o mejor informados. La publicidad oficial podría ser un buen uso de recursos públicos entonces.
* Eduardo Reyes es consultor en comunicación estratégica y asuntos públicos.