Redacción Animal Político · 22 de enero de 2025
Paul Watson, activista estadounidense-canadiense, fue aprendido y encarcelado en Groenlandia (territorio de Dinamarca) el pasado 21 de julio, para ser extraditado a Japón donde se le preparaba un juicio que lo mantendría en prisión por 15 años (si los sobrevivía, porque ya tiene 74 años). No ha cometido ningún crimen, defiende ballenas. Tristemente, lo anterior sucede en diversas partes del mundo, donde los defensores ambientales son perseguidos, atacados o asesinados por defender el medio ambiente y los ecosistemas.
Watson es fundador de la organización Sea Shepherd y se le conoció internacionalmente por Guerra de ballenas (Whale wars), una serie semanal de Animal Planet que se estrenó en 2008 y tuvo vigencia hasta 2012. En dicha serie se muestra claramente la crueldad de la cacería de ballenas que realizaba Japón en la Antártida, bajo el rubro de “investigación científica”, utilizando esa figura como un “permiso especial” ante la Comisión Ballenera Internacional (CBI) y cuyos actos permanecieron por años lejos del escrutinio público.
Ante dicha visibilización, en 2010 el gobierno de Australia presentó una denuncia ante la Corte Internacional de Justicia y, tras muchos alegatos, en 2014, la Corte ordenó el cese de esta actividad ilegal, y la no emisión de ningún permiso más. La cacería disfrazada de “científica” era realmente comercial y se cazaron y comercializaron más de 14 mil ballenas. Japón intentó ante la CBI conseguir otros permisos para continuar con la caza comercial de ballenas, a pesar de que la moratoria de caza comercial está vigente. Al no conseguirlo, en 2019 abandonó dicha Comisión para no acatar sus mandatos y seguir cazando ballenas en sus mares territoriales, permitido por el Derecho del Mar, de la Organización de las Naciones Unidas.
Para principios del 2024 Japón culminó la fabricación del gran buque factoría “Kangei Maru” y justo cuando lo estaba lanzando para reanudar la caza ilegal de ballenas, el capitán Watson con su tripulación se dirigió por el Pacífico Norte a tratar de impedir la nueva cacería ilegal. Fue entonces cuando al detenerse para cargar combustible en el puerto de Nuuk, en Groenlandia, se hizo efectiva la orden de detención, a solicitud del gobierno de Japón. La policía federal danesa ingresó sorpresivamente dentro de su barco donde se le aprehendió y esposó, y fue trasladado a la prisión de Anstalten.
Una vez preso Watson, Japón emprendió abiertamente la cacería desafiando la moratoria impuesta por la CBI (vigente desde 1986), así como el derecho internacional. Por primera vez en 48 años, cazó una ballena de aleta, la segunda más grande del mundo, después de la azul, que aún se encuentra en estatus de amenazada y, además, lo mostró al mundo como un triunfo y anunció la intención de cazar 59 de estas grandes ballenas en esta temporada.
Durante cinco meses se retuvo al capitán Watson en prisión, con un procedimiento judicial claramente irregular y violatorio de los derechos humanos. Las protestas en diversos países no se hicieron esperar. Un pequeño grupo de organizaciones latinoamericanas fuimos especialmente activas en solicitar la libertad de Watson, tanto ante las embajadas de Dinamarca en nuestros países, como ante la sede de la CBI en su 69.a reunión plenaria celebrada en Perú en septiembre de 2024. Defender ballenas no es un crimen fue nuestro lema.
La embajada de Dinamarca en México nos informó vía electrónica que la solicitud de detener a Watson se debió a dos incidentes ocurridos en el Océano Antártico en 2010, cuando Paul Watson y Sea Shepherd se confrontaron contra un barco ballenero para evitar que éste arponeara a las ballenas y las matara. Sin embargo, durante el juicio en Groenlandia no se permitió al equipo de abogados de Watson exhibir los videos de tales acciones citadas por Japón, con lo que se demostraría la inocencia del capitán. La decisión se iba aplazando, dejando a Watson en prisión, sin definir su situación jurídica y sin admitir las pruebas de descargo; es decir, se le negó su derecho fundamental a defenderse y a presentar sus pruebas. La tardanza sin justificación es, en sí misma, una violación al debido proceso.
Y es que Dinamarca ha sido calificado como el mejor país en aplicación de la justicia, en especial de derechos humanos y libertad de expresión, por lo que no se entendía su retraso en el procedimiento contra un defensor de ballenas que no había violado ninguna ley. La embajada de Dinamarca señaló que “el Ministerio de Justicia no ha encontrado ningún motivo para rechazar prima facie la solicitud de extradición”.
Existía preocupación por el futuro e integridad de Watson si es extraditado a Japón. Se espera uno de los peores procedimientos judiciales para un ambientalista, ya que un informe de Human Rights Watch, de apenas 2023, dio a conocer que el sistema de justicia que se aplica a rehenes en Japón es violatoria de los derechos humanos, pues se les niega un debido proceso y el derecho a guardar silencio, en su interrogatorio no cuentan con un abogado presente, se realizan confesiones obligatorias y hay vigilancia permanente.
Mientras todo esto sucedía en Groenlandia, en espera de la extradición de Watson, el 15 de noviembre de 2024 Japón volvió a desafiar el derecho internacional y la moratoria impuesta por la CBI, ya que realizó un buffet de carne de ballena de varias especies de grandes cetáceos como la ballena de aleta, la Bryde y la ballena sei, en la prefectura de Wakayama, en Taiji, sitio donde anualmente se masacran cientos de pequeños cetáceos, como delfines y ballenas piloto. Esta vez anunciaron que ya no buscarán la aceptación internacional, sino ampliar el beneficio económico y lograr mayor eficiencia en la cacería de ballenas.
Tras cinco meses en prisión, una semana antes de Navidad, el 17 de diciembre el gobierno de Dinamarca anunció que rechazó la extradición de Paul Watson a Japón y ordenó su libertad inmediata tras una valoración integral de los argumentos expuestos. Japón lamentó la decisión.
Finalmente se hizo justicia. Defender la vida de las ballenas en el océano, haciendo frente a los arpones reales de los barcos balleneros y la política desafiante e ilegal de Japón no es un delito. La masacre de ballenas no podrá sostenerse bajo ningún argumento. Celebramos la libertad de Paul Watson.
* Yolanda Alaniz Pasini es médica cirujana. Cursó las maestrías en Salud Pública y en Antropología Social, así como los posgrados en Bioética y en Desarrollo Sustentable. Fue profesora de las asignaturas de Epidemiología y Antropología Médica en la UNAM, y de Bioética y Ética Ambiental en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeñó como secretaria Técnica de las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados, y ha sido observadora o parte de la delegación mexicana ante la Comisión Ballenera Internacional y en CITES. Actualmente es consultora para Conservación de Mamíferos Marinos de México.
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