¿Por qué la extracción de hidrocarburos en aguas profundas en el Golfo de México no es buena idea?

Jorge Avila · 23 de abril de 2026

Por Nancy Gocher, directora de Política Pública e Incidencia

El 20 de abril de 2010, la plataforma Deepwater Horizon explotó en el Golfo de México. Once trabajadores murieron. Durante 87 días, 134 millones de galones de petróleo se derramaron en el mar, contaminando playas y humedales, matando decenas de miles de aves, tortugas marinas y delfines. Las consecuencias viajaron con la corriente hasta las costas mexicanas, donde las comunidades pesqueras y los ecosistemas pagaron una cuenta que nunca fue suya.

Dieciséis años después, las afectaciones no se han terminado de medir. Más de 32,000 personas que participaron en las labores de limpieza fueron expuestas a petróleo crudo y dispersantes químicos, lo que derivó en un aumento de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y alteraciones endocrinas de largo plazo. 

Las pesquerías de camarón, ostión y lacha fueron cerradas en el Golfo de México. Para 2020, la industria pesquera había perdido más de 25,000 empleos y 2,300 millones de dólares en producción económica regional. En Louisiana, los residuos tóxicos siguen apareciendo en el sedimento marino. Las poblaciones de cachalotes se redujeron hasta un 31% y las de delfines pequeños, hasta un 43%. 

Estos no son datos del pasado. Son el retrato del futuro que le espera al Golfo de México si nuestro país decide avanzar hacia la extracción de hidrocarburos en aguas profundas. Las afectaciones por derrames son graves, y en aguas profundas se incrementan significativamente los riesgos de accidentes por la infraestructura que tiene que operar a más de 500 metros de profundidad, donde controlar un vertido de hidrocarburos es más difícil y a más de 1,500 metros, prácticamente imposible. Deepwater Horizon lo demostró. Y lo que tardó 87 días en contenerse en aguas estadounidenses, con todos los recursos disponibles, podría tardar mucho más en aguas mexicanas, donde la capacidad de respuesta ha demostrado ser lenta, opaca y evasiva.

No hay que ir tan lejos para comprobarlo. Hace apenas unas semanas, un derrame en aguas someras del Golfo de México afectó cientos de kilómetros de costas en Veracruz y Tabasco. El gobierno tardó casi un mes en reconocerlo públicamente. Fueron las comunidades — no las autoridades — quienes salieron a denunciar, a limpiar sus playas y a documentar el desastre. Si así se respondió ante un derrame en aguas poco profundas, ¿qué podemos esperar ante uno en aguas profundas?

Las comunidades del Golfo de México llevan décadas absorbiendo los costos de un modelo de desarrollo que nunca las puso en el centro. Han sido desplazadas de sus actividades económicas, han visto contaminadas sus playas, sus lagos y sus ríos, y conviven cotidianamente con los riesgos para la salud que implica vivir junto a la industria petrolera. El Golfo de México se convirtió en una zona de sacrificio que no generó desarrollo sino vulnerabilidad.

Los 15 millones de personas que habitan las costas mexicanas del Golfo de México merecen una visión diferente. Una que reconozca que el modelo extractivista está fracasando y que apueste por la pesca, los ecosistemas y las comunidades como base de un desarrollo real y sustetable.

Por eso, desde Oceana hacemos un llamado urgente a la presidenta Claudia Sheinbaum para que establezca una zona de salvaguarda en aguas profundas del Golfo de México que detenga la expansión de los hidrocarburos y construya, en diálogo real con las comunidades costeras, un modelo de desarrollo que ponga a las personas y los ecosistemas en el centro.

Lo que ocurrió hace 16 años fue una advertencia. Lo que ocurre hoy en nuestras costas es una confirmación. No podemos esperar a que el siguiente desastre nos obligue a reaccionar. Tú también puedes firmar y evitar que un derrame como el de Deepwater Horizon suceda en México. Firma la petición y protege el Golfo de México.

Fuente: 

*Información de US Oceana reaport 2025.